«El estrés postraumático de la violencia de género no aparece en los manuales»

La Universidad de Vigo premió a una enfermera por su trabajo final de grado


ourense / la voz

Irea González Lago (Vigo, 1996) comenzó a profundizar en la violencia de género, y sus consecuencias para las víctimas, investigando para su trabajo final de grado. Y se tropezó con que el estrés postraumático es una de las consecuencias que sufren las mujeres que han padecido conductas violentas por parte de hombres, con unos patrones y síntomas que se repiten en todas, aunque de manera distinta en cada una de ellas. «Y a pesar de toda la evidencia científica que avala que esto es así, no aparece recogido en el manual de Psiquiatría más usado puesto que no está considerado que el maltrato ocasione este tipo de estrés», destaca la ahora graduada que recibió su premio en las segunda jornadas de investigación pregrado de enfermería gallega que se celebraron en el campus de Ourense.

No se considera que el maltrato genere estrés postraumático y hasta hace poco tampoco se consideraba que una violación pudiera ocasionarlo. «Poco a poco se van haciendo avances. Ahora la violación se ha conseguido introducir y algunas corrientes están promoviendo que los malos tratos se recojan con un síndrome propio», destaca tras haber indagado tutorizada por Victoria Lojo, directora de la Escuela de Enfermería de Vigo del hospital Meixoeiro.

Entre los síntomas más comunes de las pacientes se encuentran la reexperimentación del trauma -con flashbacks en los que recuerdan con intensidad las escenas violentas- y la evitación -escondiéndose o rehuyendo a personas o lugares que las devuelven a esas escenas-. La hiperactivación es el tercer signo que demuestra que la mujer sufre un trauma: después del daño que se le ha provocado hay estímulos que antes le resultaban neutros y ahora le generan problemas para dormir.

«Quedan muchas preguntas sin responder. En enfermería te encuentras con muchas mujeres que han sufrido violencia de género a lo largo de su vida, o que la están sufriendo ahora. Y los síntomas y las repercusiones continúan a largo plazo», ahonda sobre las dudas que todavía flotan en el aire desde el punto de vista de abordaje de la paciente.

El estudio que realizó fue hecho de un modo sistemático -en diferentes buscadores médicos- y descubrió que ni siquiera a día de hoy existe una terminología concreta para tratar el asunto. Unos artículos hacen referencia a la violencia doméstica; otros, a la violencia de pareja y solo contemplan que la violencia de género se produzca en ese núcleo, descartando todo lo externo como las violaciones o el acoso. «Hasta que no se unifiquen los términos no se puede dar una respuesta concreta al problema», profundiza.

«Comprobamos que la violencia de género tiene efectos perjudiciales en todas las esferas de la vida de una víctima. Incide negativamente en su salud física y mental o en su salud reproductiva y sexual. Los malos tratos están relacionados con el bajo peso del feto al nacer y con una mayor mortalidad materna y fetal. También les genera un aislamiento social que en ocasiones deriva en absentismo laboral, por querer ocultar marcas y golpes, y la pérdida de su empleo», resume la enfermera. Además, si el estrés postraumático no se trata adecuadamente puede cronificarse y tener un efecto acumulativo a lo largo de la vida de la paciente.

Pese a que es un problema al que se hace referencia continuamente desde el ámbito político, académico o en los medios de comunicación, González considera que es necesaria una mayor investigación y una formación específica y pormenorizada de los profesionales sanitarios. «Si no estamos familiarizados con la violencia de género, y entendemos los procesos por los que pasan las víctimas, el nivel de la asistencia que podemos ofrecerles es peor», concluye.

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