El jardín del Berbés

Necesitamos conservar nuestro patrimonio histórico y natural, y ambas cosas son compatibles. El jardín y la huerta del Berbés podrían servir como ejemplo


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Era la huerta del convento de San Francisco, allá por el año 1.158. Casi nueve siglos después estamos en el Barrio do Cura y aquel lugar, que en el tiempo transcurrido perdió buena parte de su tamaño original, se fue convirtiendo en una de estas islas de naturaleza en pleno centro histórico de Vigo, lo que se conoce desde la perspectiva urbanita como un sitio abandonado. Y en estas estábamos cuando hace unos años, de forma autogestionada, cooperativa y usando sus propios recursos, un grupo de ciudadanos desarrollaron un proyecto de huerta comunitaria participativa. En definitiva recuperar lo que fue aquella huerta monacal.

Sin seguramente pretenderlo ese proyecto terminó siendo un ejemplo de custodia del territorio y desarrollo sostenible. La cosa iba bien y el colectivo da Horta do Berbés cultivaba una creciente variedad de felices productos de la huerta de forma simbiótica con su entorno natural hasta que, tras tanto tiempo de anuncios, se decidió que ese lugar era perfecto para plantar, mejor que lechugas y tomates, unos cuantos edificios y de paso llevarse por delante el 70% de esa última zona verde digna de tal nombre del centro histórico.

Ya se estarán viendo venir que a los hortelanos y hortelanas la cosa no les hizo especial ilusión y empieza la batalla por salvar nuestro patrimonio natural, una más. El colectivo, bautizado como en defensa do xardín do Berbés, ha catalogado las diferentes especies de flora y fauna que ya solo puede vivir allí (una docena de especies de árboles distintas, por ejemplo) y a través de la plataforma ECOAR elaboraron un documentado proyecto alternativo que combinaría de forma armónica el desarrollo urbanístico con la protección integral de la zona verde.

Isla verde

Se trata, en definitiva, de conservar esos preciosos 10.000 metros en el centro histórico de la ciudad libres de cemento y asfalto, pero no solo eso. Quizás la ciudadanía debería saber, y manifestar su opinión, sobre otras pérdidas patrimoniales y equipamientos públicos que se incluyen en el proyecto de urbanización del barrio do cura, como denuncia el colectivo da Horta do Berbés. Perderemos la Escola Infantil Santa Marta o el patio de juegos de la Casa de Caridade-Fogar San Xosé. El antiguo lavadero de la calle Pobladores o la histórica fonte da Barroca. Añadan la pérdida paisajística del que actualmente es el mejor mirador sobre la ría que, con edificios de ocho alturas, va a alterar definitivamente el perfil urbano cerrando todavía más Vigo al mar.

Incluso algo que siempre consideramos intocable, el olivo del paseo de Alfonso, el símbolo vivo de la ciudad (con permiso de Dinoseto) pasaría a convertirse en una rotonda. ¿Necesitamos 56.000 metros de nuevas viviendas en una ciudad con 20.000 viviendas vacías? ¿No hemos aprendido nada de los datos demográficos y decidimos ignorarlos, otra vez, para plantear unas bases de crecimiento irreales y volver a inflar otra burbuja inmobiliaria? ¿Necesitamos nuevas construcciones en el casco vello cuando muchas de las viviendas originales (y sus huertas) siguen en ruinas? ¿Una ciudad que tiene un grave problema de contaminación atmosférica (superando con frecuencia los límites recomendados por la OMS) se puede permitir el lujo de perder en su centro urbano 10.000 metros de zona verde añadidos a la pérdida de masa forestal neta en sus calles y parques?

Todas estas preguntas deberían ser objeto de un debate ciudadano, de forma participativa, para que la ciudadanía pudiera tomar una decisión informada, es decir, todo lo contrario de lo que hacemos a pesar de que desde la FEMP, irónicamente (por ser presidida por el alcalde de Vigo) se recomienda a los demás en sus normas de buenas prácticas y buen gobierno que se haga justamente lo que no se hace aquí. Procesos participativos informados y consensuados con la ciudadanía para definir los modelos urbanísticos, la ciudad que queremos ¿Por qué el gobierno municipal tiene tanto miedo a horizontalizar la democracia abriendo la participación? ¿Miedo a que la ciudadanía decida que prefiere conservar esa zona verde?. Necesitamos conservar nuestro patrimonio histórico y natural, y ambas cosas son compatibles. El jardín y la huerta del Berbés podrían servir como ejemplo.

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