La educación de este siglo en InspiraTICs

El éxito de la docencia depende de las nuevas herramientas pedagógicas y de aulas más humanizadas

Las nuevas técnicas de paisajes de aprendizaje despertaron el interés entre los doscientos profesores de Galicia que participaron en el encuentro celebrado en esta ocasión en Vigo
Las nuevas técnicas de paisajes de aprendizaje despertaron el interés entre los doscientos profesores de Galicia que participaron en el encuentro celebrado en esta ocasión en Vigo

Captar la atención de los alumnos es cada vez más complicado, a no ser que sean ellos mismos los que se interesen por lo que tienen delante. Lograr este reto se ha convertido en uno de los principales objetivos del profesorado. La Fundación Amancio Ortega y la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre han recogido el guante y aportan su granito de arena con los encuentros InspiraTICs.

Es difícil imaginar para un profano en la materia que quien habla de paisajes de aprendizaje se refiera a otra cosa que no sea el entorno que rodea a un centro educativo. Por el contrario, se trata de un mapa de entrada a un mundo de contenidos que los alumnos visualizan y en el que se sumergen para encontrar aquello que más les interesa.

Los paisajes de aprendizaje se presentan como una herramienta pedagógica que permite crear nuevos escenarios educativos a la carta sin dejar de lado el trabajo en equipo, sino todo lo contrario. Esta alternativa se puso sobre la mesa en el decimocuarto espacio educativo InspiraTICs, organizado este año en Vigo por ambas fundaciones y representado por sus respectivos directores: Óscar Ortega y Paco Sánchez.

Doscientos profesores de Galicia tuvieron ocasión de acceder a un aprendizaje que nada tiene que ver con el que ellos recibieron en su día. Durante un tiempo, el que duró la primera parte del taller impartido por la experta Charo Fernández, pasaron a hacer el papel de alumnos y a saber lo que se siente al otro lado del aula. Con este innovador sistema son los propios estudiantes los que acceden a una serie de minipaisajes a través de los que pueden adquirir todo tipo de conocimientos. A diferencia de la enseñanza tradicional, eligen su propio camino y, lo que es muy importante, de una forma más lúdica, con la aportación de imágenes, como si fuese casi un juego, a veces incluso con sus correspondientes recompensas.

Los paisajes de aprendizaje no solo facilitan al alumno ganar en autonomía, al ser el que decide el camino a seguir, sino que contribuyen a fomentar el trabajo en equipo, al contar con la ayuda de los compañeros para avanzar en aquellas visualizaciones que ha elegido. Él mismo, y no la reprimenda de los profesores, es consciente de sus carencias y pone los medios para suplirlas. Se trata de adaptar la educación al siglo XXI.

«Los paisajes de aprendizaje son una herramienta de programación que nos ha ayudado a conseguir eso que tantas veces se comenta de que el alumno tiene que ser el protagonista de su aprendizaje», destacó Charo Fernández durante el encuentro. Reconoció que tanto ella como muchos docentes no sabían cómo hacerlo y volvían a lo mismo, pero con esta herramienta lograron alcanzar ese protagonismo. «Uno descubre que sus alumnos son diferentes y que la inteligencia no es inamovible, que se puede entrenar y trabajar», añadió.

EL ESPACIO

Pero si la adaptación del aprendizaje al siglo XXI es fundamental, no lo es menos la del espacio físico en el que los alumnos se forman. «El equilibrio en el aula es muy importante, la energía... Hay que generar esos espacios de equilibrio para facilitar la creación y hacerlos accesibles al niño», apuntó Siro López, el otro experto educativo participante en InspiraTICs. Achacó cantidad de agresiones que se producen en la escuela al hecho de no respetar los espacios vitales. «Tenemos que saber que la prioridad es el niño y que el espacio está en función del aprendizaje». Lo que hace gran parte de la escuela es, a su juicio, inmovilizar al alumno: que se siente bien, que no se mueva... Y apostó por «ir quitando rejas y dejar de enjaular a la infancia». Lo ideal serían aulas abiertas, sin puertas, y que cada una se pueda identificar por algo, por ejemplo, por el olor.

Otro aspecto fundamental es la introducción de naturaleza dentro de la escuela, en el aula y el patio, la mayoría, dijo, desiertos de hormigón. «Saben el logo del coche y no cómo se llama el árbol que tienen al lado», reprochó Siro López.

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