Miguel Fidalgo Iglesias: «Soy y seré del PP hasta la muerte»

Cree que los votantes tradicionales de su partido escapan cada vez más de Vox al conocer sus propuestas


redacción / la voz

La primera vez que salió da casa fue para participar con 12 años en un campamento para niños de Alianza Popular. Un hijo del concejal vigués Gonzalo Villar animó a Miguel Fidalgo (Vigo, 1971) a ir con él quince días a León a las actividades programadas por el partido de su padre. «Me impactó y desde ese momento entré en el club juvenil del partido, porque no tenía ni edad para formar parte de Nuevas Generaciones», dice. «Desde entonces soy y seré del PP hasta la muerte», recalca.

En cuanto cumplió 18 años, se ofreció voluntario para hacer de interventor en las elecciones autonómicas de 1989, las primeras que ganó en su vida Manuel Fraga. «Yo le admiraba, era mi ideal, una personalidad arrolladora, un ciclón», enumera, y abruptamente concluye: «pero no tengo nada que ver con él. Yo soy de un PP moderno y cuanto más centrado mejor», subraya.

Para el senador vigués y portavoz de Pesca de su grupo en la cámara alta, Ciudadanos «es de centro-izquierda, no es el centro. Vox, la derecha. Y nosotros el centro-derecha», tercia para negar que Pablo Casado haya alejado al PP de la centralidad, «más allá de lo que pueda parecer por el asunto de Cataluña y aspectos que algunos quieren resaltar para negar que el Partido Popular es el centro político en España».

¿Y los votantes tradicionales del PP que dicen que van a votar a Vox? «Volverán, porque cada vez que ese partido hace una propuesta, como lo de las pistolas o su visión de la mujer, esos votantes se identifican cada vez menos con sus ideas».

El viaje a León le sirvió para encarrilarse políticamente, y otro a Santiago de Chile, para iniciar su carrera profesional. «Me hubiera quedado allí. Es un país impresionante», rememora con ojos de nostalgia juvenil. Pero en aquel 1996 la distancia pesaba, y más habiendo dejado a su pareja, hoy su mujer, al otro lado del Atlántico. Un año como becario y asesor de comercio exterior en la embajada española en el país sudamericano sacaron a la superficie sus dores comerciales, que al año siguiente puso en práctica en Madrid como jefe de sector de moda y ocio del organismo de exportación e inversiones ICEX. «Con 24 años me reunía con empresas como Lladró, Majórica, Tous... llevaba el departamento de joyería, bisutería y regalos».

Lisboa fue su tercera etapa como analista de mercado en la embajada. «Me encanta Portugal», clama. Sus dotes para las transacciones hicieron historia al proponerle al entonces defensa portugués del Celta Bruno Caires que invirtiese en la compra de un céntrico piso que Fidalgo encontró en la capital lusa, que el político gallego reformó y decoró y que a cambio le sacó al futbolista un alquiler por dos años a un precio razonable. «Era el año de la Expo de Lisboa y los precios de alquiler se habían puesto por las nubes», explica para argumentar el negocio que hicieron las dos partes. «Soy un negociante, muy comercial», repite mientras le saluda casi todo el mundo que pasa por delante. «Soy de Vigo de toda la vida», añade.

Su primer horizonte fue la lonja y las Cíes, cuando vivía en la calle Torrecedeira. «Esto se quedó como al margen de la ciudad cuando fue aquí donde surgió Vigo», dice reivindicando el espacio que corre a lo largo de toda la lonja. La plaza de España fue su segundo emplazamiento familiar. «Mi mujer y mis dos hijas son mi prioridad», advierte con un deje de recriminación que se hace a sí mismo por el tiempo que le tiene que dedicar a la política.

Es el concejal más veterano del grupo popular en Vigo. Entró con Corina Porro y con ella fue también secretario general del PP local. A la exalcadesa y su plan de mejora del centro acude para decir que Abel Caballero «copió su modelo, pero con mil millones de euros que maneja por mandato, no se nota nada en la ciudad».

No se podía esperar otra postura más que la de máxima crítica hacia el regidor socialista. «No ha hecho nada, solo entretener a la gente para ocultar su falta de gestión en una ciudad que cada vez está más mermada: no hay inversiones en infraestructuras; el urbanismo está lastrado; se van las empresas y además ha polarizado a la ciudad. Veremos que dice en las urnas la gente que está callada pero no lo soporta más», concluye Fidalgo, no sin sentenciar que «el personaje se ha comido a la persona» en el caso de Abel Caballero «y el clientelismo y algunas cosas le pasarán factura», añade sin desvelar nada más.

¿Y Casado? «M encanta, y más porque siempre ha dicho que el PP gallego es su modelo y referente», dice negando las encuestas que dan la victoria al PSOE.

Asesor de comercio exterior en la embajada de España en Santiago de Chile.

Nunca jamás. El PP es útil y muy necesario para España, por su moderación y la estabilidad que le da al país.

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