La provincia está a la cabeza de multas y derribos por infracciones urbanísticas

En el concello pontevedrés hubo tantas demoliciones como en Vigo en el 2018


pontevedra / la voz

El «ti vai facendo», esa frase que tantos disgustos le trajo al paisaje y al urbanismo gallego, debe seguir mandando en la provincia de Pontevedra y, especialmente, en las Rías Baixas. Solo así se entiende que la provincia continúe a la cabeza de Galicia en cuanto a multas y derribos derivados de infracciones urbanísticas. Ayer, la Consellería de Medio Ambiente hizo balance de toda la actividad de la Axencia de Protección da Legalidade Urbanística (APLU). Y los datos no dejan lugar a dudas. En la provincia se ejecutaron un total de 109 derribos en el 2018, son más de la mitad de todos los llevados a cabo en Galicia. Igualmente, y en consonancia con las demoliciones, los municipios pontevedreses acapararon también el 49 % de las multas coercitivas impuestas por Costas y Urbanismo el año pasado.

No toda la provincia está en la misma situación. En cuanto a los derribos, se reparten en 34 de los 61 concellos. Casi todos los municipios afectados por demoliciones se ubican en las zonas costeras. De hecho, en el 2018, el concello que encabezó el ránking fue Cangas, con 11 demoliciones y, en la misma línea, también destacaron Pontevedra o Vigo, con ocho derribos cada una. En el extremo opuesto están las comarcas de Deza y Tabeirós donde, o los desmanes urbanísticos son muchos menos, o la APLU no puso la lupa sobre ellos. De la zona más interior de la provincia solo hubo dos demoliciones, en el municipio de Vila de Cruces.

La comparativa de Pontevedra con las otras tres provincias gallegas es llamativa. Así, mientras en el caso pontevedrés hubo 109 derribos, en A Coruña se registraron solo 75. Y en Lugo y Ourense, 16 y 10.

Desde caravanas a viviendas

Entre los inmuebles que son pasto de la piqueta por infracciones urbanísticas hay algo de todo. Desde caravanas que se plantan en un terreno rústico o de protección especial costera y se utilizan no como vehículo sino como casa a viviendas típicas para pasar el fin de semana en la playa. Yendo municipio a municipio y visualizando las demoliciones también queda claro que la cultura del galpón continúa imponiéndose Hay casos, como uno en Poio del noviembre, que tras el derribo de un inmueble con amplísima galería, el lugar quedó prácticamente irreconocible, convertido de nuevo en finca.

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