El Nautilus llega a la ría de Vigo en busca de 500 millones

Hace 151 años de la visita del Capitán Nemo en la obra de Verne


Vigo

Se cumplen 151 años de la llegada del Nautilus a la ría de Vigo. Porque el 18 de febrero de 1868, el sumergible del capitán Nemo superaba las islas Cíes para rescatar los tesoros de la batalla de Rande. Sabemos la fecha porque 20.000 leguas de viaje submarino es una novela escrita como un diario, en el que el profesor Aronnax va contando sus aventuras anotando las jornadas.

Aquel día era en Vigo un brumoso martes de invierno, en el que la entrada del Nautilus pasó desapercibida. De lo que hablaban los periódicos aquel 18 de febrero era de la orden recién dictada por el gobernador civil de Pontevedra en la que se prohibía la existencia de más de una sociedad de recreo por población. Y se obligaba al Casino a fusionarse con la Tertulia. El revuelo en la ciudad fue enorme y ambos círculos culturales optaron por la desobediencia, pese a las amenazas de disolución por la fuerza.

Mientras las dos sociedades de mayor abolengo discutían, nadie conoció la conversación que, en la biblioteca del Nautilus, tenía lugar entre Aronnax y el capitán Nemo, que le revela que están en Vigo para rescatar los tesoros de los galeones de la plata hundidos en 1702.

«-Sí, ahora lo comprendo, capitán. Permítame, sin embargo, decirle que al explotar precisamente esta bahía de Vigo no ha hecho usted más que anticiparse a los trabajos de una sociedad rival.

-¿Cuál?

-Una sociedad que ha obtenido del gobierno español el privilegio de buscar los galeones sumergidos. Los accionistas están excitados por el cebo de un enorme beneficio, pues se evalúa en quinientos millones el valor de esas riquezas naufragadas.

-Quinientos millones... Los había, pero ya no.

-En efecto -dije-. Y sería un acto de caridad prevenir a esos accionistas. Quién sabe, sin embargo, si el aviso sería bien recibido, pues a menudo lo que los jugadores lamentan por encima de todo es menos la pérdida de su dinero que la de sus locas esperanzas».

Durante la conversación, Aronnax contempla desde la claraboya del sumergible cómo los buzos del Nautilus, equipados con sistemas de respiración Rouquayrol y lámparas Ruhmkorff, desentierran cofres cargados de tesoros. Con ellos, financia sus misiones el Príncipe Dakkar, la identidad real de Nemo, que desvelará en La isla misteriosa.

Que Nemo incorpore esa tecnología responde a que Jules Verne, mientras escribía su novela, que salió a la luz entre 1869 y 1870, leía las noticias en los diarios franceses sobre las expediciones de Hyppolite Magen, que estrenó en Vigo ambos inventos, además de una campana submarina dotada de una gran claraboya como la que adorna la biblioteca del Nautilus y desde la que los protagonistas contemplan los fondos de Rande.

Al rescate de los galeones

Esta es la sociedad que aspira a rescatar los 500 millones de francos: la Société Anonyme D’Enterprese du Sauvetage des Gallions de Vigo. De 1868 a 1871, los más importantes diarios franceses publican frecuentes anuncios animando a los accionistas. «Emisión de 2.000 acciones de 500 francos de la Empresa Sociedad Anónima de Rescate de los Galeones de Vigo», leemos en Le Constitutionel aún en agosto de 1871: «Se ha fundado una empresa hace 18 meses para el rescate de los galeones hundidos en 1702 en la bahía de Vigo, y que contenían lingotes de plata de un valor de 450 millones de francos». Las últimas palabras aparecen en negrita, para azuzar la codicia de los inversores.

Jules Verne toma los argumentos de sus novelas de las noticias que lee en los medios de comunicación de la época. De hecho, el novelista acumula carpetas llenas de recortes. Y por eso hace que el capitán Nemo sugiera avisar a los inversores: el escritor de Nantes no se cree una palabra de los 500 millones en Vigo y quiere advertirles «de sus locas esperanzas».

Así que hace 151 años llegaba a Vigo el Nautilus del capitán Nemo. Y una de las más grandes aventuras de la historia de la literatura. Pero nadie aquel 18 de febrero reparó en ello. Aunque 10 años más tarde, en junio de 1878, Jules Verne haría la primera de sus dos visitas a la ciudad. Y curiosamente, aquellas dos sociedades entonces enfrentadas, el Casino y La Tertulia, lo invitaron a visitar sus salones y lo recibieron con honores.

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