Snapchat, la red de pesca de Papuchi

Víctimas desvelan en el juicio que el Papi los acosaba por esta red social de vídeos y fotos efímeros


vigo / la voz

Snapchat, la red social cuyas fotos y vídeos tienen una duración efímera, era la aplicación virtual en la que mejor se desenvolvía Papuchi, considerado el mayor depredador sexual de menores de Vigo. Él niega haberla usado pero varios menores confirmaron en el juicio que les enviaba fotos eróticas suyas y les pedía que le correspondiesen, a lo que, en general, los adolescentes se negaron. Ya no quedan pruebas físicas porque esas imágenes se volatilizaron a los pocos minutos de abrirlas. Sin embargo, la víctimas creen que Papuchi dejó un rastro que le desmiente: Snapchat premió con varias estrellas a su cuenta de usuario por ser muy activo en esta red.

El juicio contra el Papi entra en la ronda final con la declaración de los últimos cinco menores que le denunciaron y un profesor. Hasta ahora, 15 adolescentes han ratificado sus denuncias contra el hostelero vigués C.V.I., de 43 años, el cual se declara inocente. La tercera sesión del juicio también fue a puerta cerrada y se trataba de las víctimas que tenían mayor relación con el implicado y profundizaron en su experiencia. Hablaron protegidas detrás de un biombo para no tener contacto visual con el acusado. Uno de los testigos declaró mediante de videoconferencia.

La acusación particular va a pedir 123 años de cárcel contra el acusado de abusos sexuales y difusión de pornografía con menores. El representante de varios adolescentes cree que los delitos son más graves, de agresión sexual. Aunque la Fiscalía le implica en 18 abusos a menores, las acusaciones elevan a 20 e incluso a 25 las víctimas entre el 2015 y 2017.

En la vista de ayer, celebrada en la Audiencia, los menores desmontaron parte de la defensa del implicado. Este lo negó todo, incluso que usaba la aplicación Snapchat para enviar fotos y vídeos que se borran en minutos. Según la Fiscalía, Papuchi les enviaba fotos suyas eróticas o de mal gusto y pedía a las víctimas que, a su vez, le devolviesen imágenes de ellos en poses sugerentes. La mayoría se negó y él les recriminó por ser unos «rajados». El uso era tan intensivo que, según un testimonio, la aplicación le otorgó a Papuchi estrellas de oro en reconocimiento por ser un usuario muy activo.

Según algunos menores, Papuchi se comunicaba con las víctimas a través de la aplicación de mensajería efímera Snapchat. Este sistema no deja rastro de los mensajes porque las fotos y vídeos se autodestruyen unos minutos después de que los abra el receptor. Supuestamente, el autor les enviaba vídeos o fotos pornográficas o comentarios eróticos que movía por esta red social. Minutos después, las imágenes se borraban automáticamente, por lo que el acusado confía en que no queden rastros que lo delaten como autor de un delito de difusión de pornografía a menores. Pero el haber obtenido varias estrellas en Snapchat lo delató.

Ocho menores más se ratificaron ayer sus denuncias contra el empresario que los paseaba en yate y en su Maserati o los invitaba a cenar en su pizzería a la que acudían futbolistas. Hasta hora, quince denunciantes han persistido en sus acusaciones contra Papuchi o el Papi, como lo apodaban en los colegios porque la gente lo veía en pandilla con los menores y creía que era el entrenador o el padre de un chico.

Los testimonios de los jóvenes están ratificando sus denuncias contra él, por lo que el tribunal las podría tener en cuenta como pruebas de cargo. Algunos están desmintiendo las declaraciones exculpatorias del implicado ante el tribunal. Hoy está previsto que declaren otras cinco víctimas y un profesor. La Fiscalía solo contempla 18 víctimas aunque la acusación particular eleva a 20 o incluso a 25 el número de perjudicados. Al menos, hay 21 citados para declarar y de estos, 15, ya le han incriminado.

Rechazó la conformidad

El acusado tuvo la oportunidad de cerrar un acuerdo a las puertas del juicio. En ese pacto, él se declararía culpable y sería condenado a 20 años de cárcel, aunque en la práctica solo debería cumplir siete años y medio (el triple de la mayor pena que le impusiesen). Sin embargo, rechazó el acuerdo, negó todo y se declaró inocente. Se enfrenta a peticiones de pena que van desde 54 años, como propone la Fiscalía, a 123.

Esa tenacidad en defender su versión hace sospechar que no está arrepentido, o no da muestras de ello, lo que podría animar a las acusaciones a pedir más penas accesorias (como la libertad vigilada). Tras quedar en libertad condicional, le prohibieron acercarse a Vigo antes del juicio y tuvo que mudarse a la comarca.

La acusación privada pide hasta 123 años de cárcel para el hostelero por agresión sexual

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