La Policía de Vigo hace controles a los clientes de prostitutas para disuadirlos

Un vehículo camuflado patrulla por la noche en Beiramar e identifica a los hombres


vigo / la voz

La Policía Nacional de Vigo da por terminada la lucha en el puerto de Beiramar contra las mafias africanas y de Europa del Este, pero realiza controles nocturnos y aleatorios a los clientes de las prostitutas que ejercen en la calle.

Los agentes de la secreta se acercan a los coches aparcados a la busca de mujeres y le piden la documentación al conductor. Es una medida que busca ahuyentar al comprador de sexo para que, indirectamente, las mujeres se vean presionadas y busquen otra zona menos vigilada. Los agentes también identifican a los proxenetas que controlan a las mujeres en la calle. La idea es desalojar a todos del puerto pero no mediante un dispositivo de choque, sino con controles al azar. La comisaría quiere impedir que se reactiven los problemas de antaño. La policía entiende que las mujeres que ejercen en las calles de Vigo lo hacen libremente y en una pequeña área, por lo que no las molestan. Sí presionan a los hombres que se aprovechan de la pobreza y vulnerabilidad de ellas.

Los agentes suavizaron su estrategia desde que dieron por erradicado el mayor polo de prostitución en el puerto de Vigo. Hace cuatro años, una ofensiva policial desmanteló las dos principales bandas de trata de blancas en O Berbés y Beiramar, a la altura del auditorio Casa Mar. Las mujeres que siguen ahora por la noche en la calle son algo «puntual».

La policía ve erradicado el clima conflictivo y agresivo que había hace un lustro en Beiramar. En aquel entonces, Extranjería descubrió a nigerianas que eran explotadas por traficantes que las amenazaban con hacerles vudú, actualmente condenados en juicio. Llegaron a hacer rondas dos coches patrulla y dos camuflados. Había mujeres que se peleaban entre ellas o que se tiraban a los coches. Muchas eran ilegales o carecían de documentación y acababan en comisaría. La policía temía que el foco de prostitución fuese la entrada para la droga, como había ocurrido en el Casco Vello y A Ferrería.

Todo esto ha desaparecido. Ahora se mantiene una patrulla de incógnito por Beiramar que, además de controlar a la clientela de la prostitución, previene robos en las naves industriales de la zona. Precisamente, el coche secreto que hacía la ronda nocturna fue el primero en llegar en diciembre a la cercana juguetería Toys ‘R’ Us y pillar in fraganti a una banda de butroneros serbios que desvalijan el local. Otro de sus servicios es frenar las peleas de los sintecho en el cercano albergue de Marqués de Valterra.

Intento de legislar

En Lugo, la primera vez que se intentó legislar sobre la prostitución fue con la ordenanza cívica que el gobierno de Lara Méndez intentó sacar en abril del 2018, pero que fracasó por falta de apoyo al no tener mayoría en el gobierno. Intentaba prohibir las casas de citas o prostitución en pisos privados, responsabilizando de ello tanto al inquilino como al arrendador del piso, aunque parecía difícil responsabilizar de nada al arrendador del piso porque no pude conocer lo que sucede dentro. Esta ordenanza incluso proponía sanciones para quien fuese pillado practicando sexo en el coche, lo que también fue muy polémico, informan desde la delegación de La Voz.

Los barrios de prostitución en Galicia: la luz roja continúa encendida

Gladys Vázquez/ X. Carreira / J. Romero / M. Hermida
Prostituta en la zona de Beiramar, en Vigo
Prostituta en la zona de Beiramar, en Vigo

En calles de Vigo, Lugo y Santiago siguen ejerciendo la prostitución unas cien mujeres; en la ciudad olívica el caladero de nuevos clientes está en los trabajadores de los cruceros

La luz roja todavía sigue encendida en algunos barrios chinos gallegos. Los especialistas aseguran que existe un gran descenso de mujeres que ejercen la prostitución en estas zonas, pero todavía continúa la actividad en los de Vigo, Santiago y Lugo. En Pontevedra hay colectivos que aseguran que esta práctica se realiza en áreas distintas de las tradicionales. Y lo mismo que en Ourense. Los lupanares dieron paso a otro tipo de negocios vanguardistas; en algunos casos antiguas casas destartaladas pasaron a ser lujosos apartamentos con altos alquileres.

No hay cifras oficiales, pero las mujeres que a diario se buscan la vida en estos barrios podría llegar al centenar, según miembros de colectivos relacionados con la materia. En Lugo habría unas 15; en Vigo, Médicos del Mundo (que atiende al año en Galicia a más de mil personas relacionadas con el sexo, de las cuales el 95 % son mujeres), constata que en la zona portuaria quedan una decena, de edad alta, que llevan muchos años y no han encontrado otra forma de vida.

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