Histórica evacuación por Vigo

Hace 210 años miles de soldados huyeron de Napoleón


Perseguidos por Napoleón y por sus dos mayores ejércitos, los de los mariscales Soult y Ney. Castigados por la nieve y el hambre. Destrozados tras semanas de caminata a marchas forzadas. Al borde de la extenuación, el 21 de enero de 1809, hace ahora 210 años, embarcaba en Vigo la División Craufurd y las brigadas ligeras de Von Alten, parte del ejército británico que el general John Moore había traído a España y que era evacuado sin presentar batalla. Para algunos historiadores, aquello fue el primer Dunkerke. Así tituló un estudio el historiador militar Francisco José Sequeiro en 2013. Y los paralelismos con la operación de la II Guerra Mundial son muchos, pero destaca uno: salvar aquel ejército permitió continuar la contienda y su regreso al continente para vencer bajo el mando del Duque de Wellington, Sir Arthur Wellesley.

Mientras el grueso de las tropas de Moore avanza hacia A Coruña para su evacuación, una columna, integrada por casi 3.500 hombres, se dirige a Vigo. Se trata de las brigadas ligeras de Von Alten y de Craufurd, que recorrerán un penoso camino hasta alcanzar la costa viguesa. Días antes de su llegada, aparece en la ría la flota de transportes de alto bordo que los ingleses mandaron para evacuar a sus soldados. Confirmamos las fechas de llegada de estos buques a Vigo gracias al diario británico The Times, que publica la siguiente noticia: «Vigo, 29 de diciembre de 1808. El Resolution y el Plantagenet, de 74 cañones cada uno, llegaron aquí, así que tenemos diez velas de la línea. El Audacious también es esperado».

En la semana siguiente, van entrando nuevos buques hasta completar una impresionante flota que tiene asombrados a los vigueses. Llegaron a fondear en la ría 150 transportes, entre los que se contaban gigantes como el Ville de París, Victory, Barfleur, Zalous, Implacable, Elisabeth, Revolution, Norge y Mediator.

Mientras los barcos esperan, la División Craufurd camina a marchas forzadas hacia el sur de Galicia. El doctor Milburne, uno de los integrantes de la columna, relata en sus memorias la pobreza de las aldeas en el camino a Vigo. El paso de las tropas españolas había arruinado las haciendas y ahora eran los ingleses los que marchaban pidiendo alimento. Aún faltaban por llegar los franceses, con su rastro de muerte y saqueos. «Solo un testigo puede juzgar del infortunio de las personas que se encontraban en el teatro de operaciones», afirma Milburne.

Niño exahusto

Un soldado, el Rifleman Harris, escribe en sus memorias: «De pronto, oí los gritos de un niño y vi a una mujer que intentaba arrastrar a un chaval completamente exhausto. Algunos hombres habían ayudado antes a la madre y a él, pero ahora pedía ayuda en vano. Nadie tenía más fuerzas que las necesarias para soportar su propio cuerpo y la madre ya no podía llevar al niño en brazos.

Nos dio mucha lástima, pero al final el niño no podía ni siquiera llorar, caminando con la boca abierta hasta que ambos se acostaron y no se volvieron a levantar. ¡Pobres! Seguramente se arrepentían de no aceptar embarcar en Lisboa rumbo a Inglaterra, en vez de acompañar a sus maridos hacia España».

El capitán Gordon describe en sus memorias el mal tiempo que castigó a los británicos que fueron evacuados desde Vigo. «Llegamos a Guitiriz a la una de la tarde, en medio de la tormenta de granizo más violenta que jamás había visto», relata. «Nuestra ruta discurrió a través de muchas villas que exhibían tristes pruebas de la vergonzosa devastación cometida por la infantería inglesa; vimos pueblos envueltos en llamas a considerable distancia y aún ardían cuando los atravesamos, mientras los habitantes gritaban: ¡Vivan los franceses!». Un detalle para tener en cuenta que es difícil en una guerra hacer distinciones entre buenos y malos.

«Los soldados, llevados del instinto del saqueo, traían al campamento hasta los objetos que de nada les podían servir. En ocasiones, hacían de sus residencias de paso cómodas habitaciones; junto a las pipas de vino y a los víveres de toda especie y de forraje para los caballos, veíanse guitarras, libros, cuadros, puertas arrancadas; y en otra parte confusamente acopiados estaban trajes de hombres, de mujeres, de frailes y curas, con los cuales se disfrazaban los soldados de la manera más grotesca, alegres con el vino de la Rúa», relata el intendente Nayles.

Los soldados llegan a Vigo y son evacuados inmediatamente. No fueron alojados en la villa durante algunos días, como era tradición en los antiguos libros de historia. Los casi 3.500 soldados embarcan a la carrera en los transportes rumbo a Inglaterra. Algunos de ellos regresarán luego a la Península para combatir a Napoleón, como es el caso del propio Robert Craufurd, que morirá en el sitío de Ciudad Rodrigo en 1812.

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