El año con menos nacimientos de la historia en Vigo

La mayor maternidad de Galicia registra solo 3.393 bebés, 535 menos que en el 2017


Vigo / la voz

El Hospital Álvaro Cunqueiro celebró en el mes de mayo del 2018 el nacimiento de su bebé número 10.000. Pero la mayor maternidad de Galicia da idénticos síntomas de asfixia que el resto de la comunidad. Porque ese mismo 2018 es el año en el que nacieron menos bebés en la historia reciente de Vigo. Desde que hay registros, nunca se había vivido un año tan seco demográficamente como el que acaba de terminar.

En un solo año, la cifra de neonatos se pegó un batacazo del 14 %. En el 2017 habían venido al mundo 3.928 niños. En el 2018 fueron solo 3.393, nueve al día. Son 535 neonatos menos. La caída no tiene precedentes. Desde los 80, el año que más cerca queda de esa cifra es 1995, cuando 3.500 bebés fueron alumbrados en el viejo paritorio del Hospital Xeral. Rápidamente la cifra volvió a crecer.

Los registros están dispersos. Según los datos de partos de la antigua Residencia Almirante Vierna, en 1984 hubo más de 4.900 mujeres que dieron a luz en sus instalaciones, que ahora se están reconvirtiendo en juzgados. Toda esa década los alumbramientos se mantuvieron por encima de los 4.000. Cada vez había menos gente que daba a luz en casa y optaba por el hospital.

Es más complicado saber qué ocurría antes, pero sí se pueden hacer aproximaciones. El Instituto Galego de Estatística y el Instituto Nacional de Estadística ofrecen datos de nacimientos municipio por municipio desde 1975. En los años setenta todavía había muchas mujeres que daban a luz en sus casas, sobre todo en los concellos más alejados de Vigo, que es donde está -y estaba- el hospital. En aquel entonces el número de nacimientos era significativamente mayor al actual. En 1975 en los 26 municipios que conforman el área sanitaria de Vigo, que abarca al sur de la provincia, se registraron más de diez mil nacimientos. La cifra no ha hecho más que bajar y el 2018 ha sido el año en el que ha tocado suelo... o lo que por ahora es el suelo.

Aunque un bebé nazca en el hospital, que está en Vigo, sus padres lo registran en el ayuntamiento en el que vive. Una niña puede nacer físicamente en el Álvaro Cunqueiro y que el registro civil la inscriba en Covelo. Pero la propia ciudad tampoco no es ajena al drama demográfico que muestra el hospital de Beade. En Vigo la última vez que se registraron 3.000 ciudadanos o más nacidos a lo largo de un año el calendario marcaba 1985. Desde entonces, la natalidad ha ido descendiendo por una suave pendiente. En el 2017 estaba en 2.169. Cuando el registro tenga datos habrá que ver si la ciudad sigue por encima de los 2.000. Porque los nacimientos en la ciudad son en torno a la mitad de los del área sanitaria: si el hospital tiene 535 menos, las matemáticas dicen que 267 son del municipio de Vigo.

El día sin bebés

Además de haber celebrado el nacimiento número 10.000 de la maternidad llamada a ser el motor demográfico de Galicia y además de registrar la menor cifra de nacimientos de la historia reciente de Vigo, el 2018 ofreció el símbolo perfecto del panorama demográfico el 11 de marzo. Entre las 0.00 y las 23.59 horas no nació nadie. Y nadie recuerda algo así. Ni en el Cunqueiro ni en el resto de hospitales de Vigo con maternidad se registró ni un solo parto.

El día que no nació nadie

Ángel Paniagua

La mayor maternidad de Galicia vivió este año por primera vez en la historia una jornada entera sin ningún parto; las cifras muestran que el 2018 va a ser el año con menos nacimientos en Vigo

Lo que ocurrió el 11 de marzo de este año no tiene precedentes. Por primera vez en la historia, durante todo un día no nació nadie en la mayor maternidad de Galicia. Ningún profesional consultado en el Hospital Álvaro Cunqueiro, que ya habían trabajado antes en el Xeral, recuerda un día que terminase así, con el casillero de nacimientos marcando un cero. Cero niños, cero niñas. El paritorio vacío del 11 de marzo es el símbolo absoluto de la pendiente por la que desciende la natalidad en Galicia, de la que Vigo no escapa.

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La situación actual contrasta con la que se vivía hace tan solo diez años. En el 2008, nacían en el Hospital Xeral 1.400 niños más que ahora, tantos como los que se registran en el hospital de Ourense. Con más de 4.700, aquel año en el que la caída del banco estadounidense Lehman Brothers desató la mayor recesión de las últimas décadas recordaba a la situación demográfica de los años 80 y despertaba de nuevo el sueño de llegar a los 5.000 partos anuales. Hoy toca frotarse los ojos.

Carlos López: «Sin natalidad no puede haber sociedad del bienestar»

El descenso en los partos y el aumento en la edad de las madres provocan que las cesáreas vuelvan a crecer

Poca gente hay que haya estudiado tanto las tendencias demográficas a pie de paritorio como Carlos López Ramón y Cajal. El jefe del servicio de ginecología y obstetricia del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo confiesa que asiste «muy preocupado» al descenso imparable de la natalidad. «Y hemos empezado mal el año», advierte.

En los diez primeros días del 2019 nacieron 85 niños y niñas. Son 8,5 al día, de media. Es todavía muy pronto para obtener una tendencia con validez estadística, pero si el año siguiese igual, el número de nacimientos se quedaría en 3.102. Habrá que verlo.

«El frenazo es muy fuerte», admite López. Los datos no permiten sacar otra conclusión. Otra cosa son las causas. El análisis del jefe de servicio es social, no exclusivamente sanitario. «Sin natalidad no hay sociedad del bienestar», observa. Es pura lógica: la sociedad del bienestar se basa en que entre toda la ciudadanía se pagan los servicios que están a disposición de quienes los necesitan, desde la sanidad hasta las pensiones, pasando por la educación. «Es imposible que haya estado del bienestar sin natalidad. Hacen falta niños, hacen falta trabajadores», indica.

¿Por qué no los hay? Para Carlos López Ramón y Cajal, todo es una cuestión de prioridades. «La natalidad no está entre la lista de las diez primeras prioridades de las parejas», alerta. Esto provoca que se pongan muchas cosas antes que tener un hijo y que la paternidad y la maternidad queden en un segundo plano. «Aquí se quiere hacer todo antes de tener un hijo, vivirlo todo, disfrutarlo todo y, después, tenerlo. En otros países es al revés», dice.

Además de eso, observa que la paternidad o maternidad se convierte en un problema económico. «En otras épocas no se pensaba en gastar el dinero en todo lo que lo gastamos ahora, ya que la calidad de vida prima sobre todo lo demás. Si fuese por el dinero, yo no tendría cuatro hermanos», dice. Todo vuelve a ser, una cuestión de apuesta, de prioridades vitales.

Cesáreas

Pero ese análisis social sí tiene consecuencias sanitarias. Una muy clara son las cesáreas. La Organización Mundial de la Salud sitúa la tasa ideal entre el 10 % y el 15 %, aunque esta es una recomendación mundial, teniendo en cuenta países con poca infraestructura hospitalaria. En el 2006, en Vigo se acercaba a pocas décimas del 30 %. Los ginecólogos se marcaron el objetivo de reducirlas, porque una cesárea es una operación no exenta de riesgos. Dos años después, bajaban del 20 %. El mejor dato se registró en el 2011: un 18,7 % de los partos fueron en quirófano.

Ahora, la tasa está volviendo a crecer y ya ronda el 22 %. «Al disminuir la natalidad y aumentar la edad media de las madres, aumenta la complejidad y se hacen más cesáreas», lamenta el jefe de ginecología y obstetricia.

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