El tamagochi


Vigo

Para los directivos de Renfe y de Adif en Galicia, Vigo tiene la categoría de vía muerta. Por eso nos ofrecen servicios tercermundistas, aunque ellos cobren sueldazos de primer mundo. Así sucedía también en las compañías ferroviarias coloniales del siglo XIX. Y no es raro, porque a él pertenece la vía por el Miño que nos conecta con Ourense, Irún, Madrid y Barcelona, que es prácticamente la misma que fue inaugurada en 1881.

Si alguien piensa que esto sea exagerado, basta acercarse a la mal llamada «estación» de Vigo-Guixar (que tiene las dimensiones y servicios de un apeadero de pueblo), y subirse a un tamagochi. Así apodan los esforzados trabajadores ferroviarios a los trenes automotores diésel de la serie 596 que se siguen usando para ir de Vigo a Pontevedra y de Vigo a Ourense. Se trata de unas antiguallas de 1983, cuando aún le daba patadas al balón Naranjito. En los años 90 del siglo pasado fueron reacondicionadas, básicamente retirando su vagón central y haciendo dos trenes de cada composición. El resultado es un cacharro lento e incómodo, por el que además te cobran lo mismo que por ir en un tren normal. Si yo voy en tren en Italia o Alemania, Trenitalia me cobrará menos por viajar en un antiguo y lento Treno Regionale (TR) que en un Regionale Veloce (RV), dentro de la gama baja. Y Deutsche Bahn me cobra la mitad por ir en un Regionalbahn que en un ICE. Aquí, como parecemos tontos, apenas hay diferencias.

Y, además, nos colocan material rodante de chatarrería o de museo. Como estos tamagochis que retratan muy bien la miseria del tren que nos dan en Vigo.

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