Las paradas antiacoso de bus rozan la decena de usuarias cada semana

Bilbao, Terrassa, A Coruña, Ourense o Lugo también readaptaron su transporte


Vigo / la voz

Vigo flexibilizó el servicio de bus nocturno para ayudar a las mujeres que regresan a sus casas y disuadir a los acosadores que esperan agazapados en cualquier esquina oscura. La aportación empezó a funcionar el 9 de febrero y fue tan fácil de aplicar que otras ciudades ya copiaron el modelo. Once meses de rodaje que suman ocho usuarias a la semana. Se trata del servicio de parada a demanda o, como popularmente se conoce, parada antiacoso del autobús urbano. Pretende facilitar la movilidad y la seguridad a las mujeres que viajan solas de noche. ¿Cómo? Les permite apearse cerca de su casa sin tener que desplazarse desde una parada, de la que a veces puede haber cierta distancia. El objetivo es prevenir situaciones de acoso.

De lunes a jueves son dos las usuarias, y seis de viernes a domingo. El perfil es variado. En los días laborables predomina la mujer que regresa a su domicilio después de trabajar, mientras que los fines de semana son más jóvenes y el ocio nocturno es la causa de sus desplazamientos. Los datos oficiales se asemejan a los del primer balance del servicio, difundido en julio. Entonces, una media de ocho mujeres utilizaban los fines de semana las paradas antiacoso. Lo que no ha trascendido aún es el balance estival, para saber si el aumento poblacional propio del verano y la afluencia turística generó mayor demanda del servicio.

«Vigo es una ciudad segura, pero todas las medidas que podamos tomar para hacerla más segura, las vamos a tomar», argumentó el alcalde de la ciudad, Abel Caballero, muy satisfecho durante la presentación. El servicio personalizado empieza a partir de las 22.30 horas en todas las líneas urbanas. Allí, las usuarias pueden indicar al conductor dónde quieren parar dentro de la ruta establecida. Al llegar al destino solo tienen que descender por la puerta delantera para que el chófer verifique su seguridad hasta que llega al lugar de destino.

Bilbao fue la primera ciudad que aprobó la implantación de las denominadas paradas antiacoso. Lo hizo en enero del año pasado y ya supera las cien usuarias, Vigo cogió el testigo en febrero para dejárselo a Ourense, Alicante, Lugo, Terrassa y A Coruña en los meses siguientes. El modelo también está en fase de aprobación en otras muchas ciudades del país. Barcelona, la segunda más grande de España, ya lo sacó adelante hace medio año. Otras grandes ciudades, sin embargo, llevan meses de gestiones para pasar de las palabras a los hechos. Valencia, Madrid, Zaragoza o Sevilla son algunos ejemplos que se trasladan a numerosos ayuntamientos, cuyas corporaciones concentran más sus esfuerzos en el debate político que en la gestión pública. En Vigo eso no pasó, la fluida y asentada relación entre el Concello y Vitrasa facilitó un rápido entendimiento.

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