El «Heysel» de Coia: la tragedia del año 1925

El desplome de una grada en un Celta-Boca Juniors dejó dos muertos y decenas de heridos


Vigo

Fue la «Tragedia de Coia», como sesenta años más tarde, en 1985, hubo una Tragedia de Heysel, que dejó 39 muertos en el estadio de fútbol en Bruselas. Aquí la vivimos en 1925, en el histórico campo de Coia, donde el Celta jugaba sus partidos. Y dejó dos muertos y decenas de heridos. Y, como ocurriría luego en el desastre belga, sucedió algo entre asombroso y vergonzoso: el partido se jugó igual.

En 1925, Vigo recibía al Boca Juniors en la primera gira europea de un club argentino. Sus 19 partidos en España, Francia y Alemania quedaron para la historia. Pero también fue un tour marcado por el horror. Porque en el primer encuentro ante el Celta de Vigo, nada más llegar a Galicia en trasatlántico, dos personas murieron y decenas resultaron heridas al derrumbarse el techo de una fábrica donde cientos de aficionados se agolpaban en el abarrotado campo de Coia.

«Ayer ocurrió en Coya un horroroso derrumbe», tituló el diario El Pueblo Gallego. La contienda, que terminó ganando Boca por 3 goles a 1, fue suspendida durante 16 minutos, mientras se evacuaba a las víctimas del derrumbamiento. Pero, para asombro también de los periodistas, el partido se reanudó «como si no hubiese pasado nada». Y tres días después se jugaba el encuentro de vuelta, en el que el Celta de Vigo le devolvía el resultado a los xeneizes, en el mismo estadio, imponiéndose también por 3-1.

La Asociación Argentina de Fútbol permitió a Boca Juniors aplazar sus partidos para desplazarse a Europa. Tres empresarios de origen español, Zapater, Isasmendi e Ibáñez, se encargaron de la organización. Y el 4 de febrero de 1925, la expedición embarcó en el buque Formosa, despedido por un tumulto: «Nunca asistió una concurrencia más numerosa que la de anoche al puerto, a despedir a una delegación deportiva (...). Los alrededores de la dársena Sur se vieron ocupados por una multitud (...). Volaron los sombreros por el aire y los pañuelos en señal de despedida», escribió el diario bonaerense La Nación.

Tras 22 días de mar llegaron al puerto de Vigo, donde fueron recibidos con entusiasmo. La relación entre Galicia y Argentina era estrecha y muchos tenían familiares al otro lado del charco. Además, Uruguay acababa de causar sensación en los Juegos Olímpicos de 1924 en París ?con gallegos en sus filas- y había ganas de disfrutar del prodigioso fútbol venido de América. Durante todo el viaje el equipo fue acompañado por un fanático boquense llamado Victoriano Caffarena, que financió parte de la gira y ayudó al plantel haciendo de masajista y utilero. Caffarena fue reconocido como Jugador Número 12, designación que desde entonces se adoptaría para la hinchada de Boca. La expectación era máxima para el primer partido, previsto para el 5 de marzo en el viejo campo de Coia, entonces a las afueras de Vigo. Se ampliaron las gradas, pero el lleno fue total con 25.000 espectadores. El espectáculo no defraudó y a los dos minutos de juego Antonio Cerrotti marcaba el primer gol xeneize, el primero de un argentino en Europa.

Pero fuera del estadio se preparaba la tragedia. Cientos de vigueses se encaramaron al tejado de un cobertizo, desde el que se podía ver el terreno de juego. Mediado el primer tiempo, se escuchó un estruendo y se desplomaba aquella grada improvisada. Morían 2 personas y cuarenta resultaban heridas, varias de ellas de extrema gravedad. «Al darse cuenta el público de que algo anormal había ocurrido, abandonaron sus asientos y localidades, precipitándose hacia la salida presa de pánico indescriptible», narra El Pueblo Gallego. Por su parte, «los jugadores se mezclaron con la multitud, curiosos e inquietos». Los servicios sanitarios llegaron inmediatamente y comenzaron a evacuar a los heridos. Además, fueron demolidos los muros del almacén, porque amenazaban con caer sobre parte de la grada. «Pasados los primeros momentos de estupor, se organizaron los servicios de auxilio, en los que tomaron parte autoridades y público, desescombrando aquel enorme montón de maderos, piedras y carne humana del que salían ayes de dolor y alaridos de angustia», cuenta el cronista de la época.

La picaresca se descubre poco después: un hombre cobraba una peseta por subir «al tejado de la tragedia» y cientos de espectadores acudieron «convirtiendo el tinglado de la muerte en un palco más, burlando el paso por taquilla». Para asombro de todos, 16 minutos después del derrumbe, y mientras se siguen retirando heridos, el partido se reanuda, no sin antes dedicar a los muertos un minuto de silencio. «Los equipiers, rápidamente cuadrados, y el público descubierto y en pie, guardaron un minuto de silencio», cuenta El Pueblo Gallego, «el momento fue de una gran emoción pues el silencio era completo en el amplio estadium, sobre el que parecía pasar aleteando, con su soplo frío y tétrico, el negro y fatídico pajarraco de la tragedia». Así se adornaba en su lenguaje fúnebre el periodista de la época.

Tras este partido, con victoria de Boca Juniors, por 3-1, se disputó tres días después la revancha, en la que se impuso el Celta de Vigo por otros tres goles a uno. Posteriormente, el club viajó a A Coruña para disputar dos encuentros ante el Deportivo el 12 y el 15 de marzo respectivamente, ganados ambos por los argentinos. Más tarde, siguió su gira por Madrid, donde venció a Real y Atlético, para continuar luego por otros campos de España, Francia y Alemania.

Fue una gira inolvidable, que los devolvió a Argentina como héroes. Pero ninguno de ellos pudo olvidar la tragedia que les recibió el primer día, en el viejo campo de Coia, cuando la muerte vino a marcar el debut del fútbol argentino en Europa.

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