La madera no comercial quemada en el 2017 se retirará con ayudas públicas

Los comuneros piden destinar parte de los fondos a nuevos planes de ordenación


VIGO / LA VOZ

El fuego no hace distinciones. Arrasa todo lo encuentra, esté vivo o no. Los grandes incendios del 2017 fueron el mejor ejemplo con tres muertos y 18.484 hectáreas quemadas en Vigo y su área en poco más de 48 horas. En el caso de los comuneros la situación alcanza lo esperpéntico. Estas entidades llevan 14 meses sobreviviendo con fondos propios que son insuficientes, y con la ayuda del plan de trabajo municipal que aporta mano de obra a los montes. El diálogo con el Gobierno gallego brilló por su ausencia hasta cumplirse un año de aquel domingo negro vivido el 15 de octubre.

La Xunta, pasados doce meses, reaccionó anunciando dinero, 1,3 millones de euros concretamente. Cantidad que podría ascender a 1,5. Los comuneros ya se frotan las manos y hacen sus planes para mejorar la precariedad que les rodea. Existe unanimidad en priorizar la retirada de madera no comercial que sigue copando sus terrenos. «É a que non se vende, xa sexa polo tamaño pequeno que ten ou por carecer de calquera uso», explica Uxío González, presidente de la Mancomunidade de Montes de Vigo, que añade: «Matamá, Comesaña e Zamáns xa retiraron boa parte, pero quedan outras como Coruxo e Valadares nas que aínda queda moito por facer».

La otra patata caliente a solucionar pasa por los planes de ordenación. El fuego dejó los terrenos comunales inservibles, por lo que cada entidad tiene que redactar una nueva hoja de ruta para empezar de cero. «Temos o problema de que moitas entidades xa solicitaron cartos para facer novos plans, pero como son moi pequenas en superficie, denegaranllos. Nós seguiremos insistindo para destinar parte deses cartos a facer novos plans de ordenación, e esperamos que a Xunta sexa razoable e nos deixe», añade González, que mantiene contactos a dos bandas en el Gobierno gallego. Uno de sus interlocutores es Tomás Fernández Couto, director xeral de Montes de Medio Rural, y el otro es José Luis Chao, director xeral de Planificación e Ordenación Forestal.

«Liña defensiva»

La tercera propuesta de los comuneros pasa por actuar en zonas que no fueron castigadas por las llamas hace 14 meses. «É necesario facer unha liña defensiva en zonas como Saiáns, Oia ou Candeán que evite que o lume, que seguro regresará, atravese esta fronte de seguridade en ambas direccións. A xunte ten que comprometerse máis con estas zonas que non arderon para evitar males maiores no futuro e para evitar as situacións de caos que todos recordamos naqueles días». Los contactos se retomarán a mediados de enero para concretar las propuestas.

Otra zona cero de aquellos incendios está en As Neves. Ardieron 4.000 de las 6.500 hectáreas del ayuntamiento. Eduardo Mariño, primer teniente de alcalde y secretario de los comuneros de Tortoreos, expone la realidad que les rodea: «A la Xunta no es que no esté ni se la espere, es que está más perdida que un pulpo en un garaje. Además de haber anunciado dinero para recomponernos de los daños causados y no cumplir su palabra». Fuera de los despachos, en el monte, se toca y aún se huele el otro polvorín. Madera, ya sea comercial o no, sigue pudriéndose 16 meses después. «Las comunidades de montes la van retirando con recursos propios, que significa venderla. Pero está devaluada, y la tonelada que antes se vendía a 30 euros, hoy se despacha a tres».

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