«No existe otra profesión en la que te aplaudan cada tres minutos»

El músico asturiano mostrará su nuevo disco el 14 de diciembre en el auditorio Mar de Vigo


Víctor Manuel llega mañana al auditorio Mar de Vigo (21.00 horas, desde 32 euros) con las canciones de siempre y con su último trabajo, Casi nada está en su sitio.

-¿Qué ocurrió para que, tras diez años sin nuevas canciones, llegase ahora este disco?

-Cuando no tengo disco a la vista no compongo, salvo algún encargo esporádico, pero sí tomo muchas notas. Durante este tiempo he hecho muchos conciertos en tres giras sucesivas, tanto en solitario como con Ana [Ana Belén, su esposa], Miguel Ríos y Serrat. Cuando acabé, el productor del disco me propuso que compusiera nuevas canciones, añadiendo que ya estaba bien de vivir de los grandes éxitos.

-¿Y qué paso?

-Pues se ve que tenía muchas ganas porque no podía parar. En poco más de mes y medio escribí 24 canciones; 21 para mí y el resto, para Ana.

-¿A qué se refiere el título?

-Tengo la sensación de que todo va a más velocidad de la previsible; desde la tecnología, hasta la nueva política mundial, porque no soñamos nunca que podría haber un presidente tan estrafalario como Trump, o los brotes fascistas en el centro de Europa. Todo eso es de una movilidad absoluta y, para gente de mi edad, todo eso es muy desconcertante.

-¿Cómo se siente cuando está sobre un escenario?

-El escenario lo cura todo. No hay mejor terapia que subir a uno porque ahí lo vuelcas todo. Para quienes somos tímidos tiene un efecto mayor todavía porque incluso te vuelve extrovertido, algo que no haces en la vida diaria. El escenario es mágico. Pero es que además no hay ninguna otra profesión en la que te aplaudan cada tres minutos. ¿Te imaginas a un cirujano que cada vez que extirpase algo le aplaudiesen? No, ¿verdad? Por eso cuesta tanto bajarse del escenario y hay gente que no lo haría nunca, como le ocurrió a Aznavour.

-¿Y sus canciones también se transforman en el escenario?

-Sí, las canciones son ejemplares vivos y un día salen de una manera y otro, de otra. Depende de la comunicación que establezcas con el público y qué cosas le interesen en ese momento. Las canciones son todos los días un hecho nuevo, aunque lleves cantándolas cuarenta años.

-¿Cómo es su proceso creativo? ¿Tiene un método?

-Puedo tener un trozo de letra al que trato de colocarle una música, o una melodía a la que trato de añadir una letra; yo trabajo muy en paralelo. La letra la voy retocando prácticamente hasta el último momento porque siempre hay alguna cosa que se puede cambiar. La melodía no suelo tocarla ya en el estudio, a menos que el arreglador tenga alguna idea que me interese.

-Usted también compone para otras personas. ¿Tuvo alguna vez la sensación de que las cantaban no como usted las había creado?

-Los artistas solemos ser tan vanidosos que si nos graban una canción ya nos damos por satisfechos, independientemente de que sea más o menos acertada. Pero por lo general, como cuando escribo canciones para Ana, trato de desdoblarme y ponerme en su circunstancia vocal; no escribo igual para mí que para alguien que canta maravillosamente, como es el caso de Ana. Cuando cualquiera graba una canción mía, me parece que la mejora. Ahí está el caso de Asturias, con Miguel Poveda, o Adónde irán los versos, de Aute, etc.

-¿Es difícil mantener un equilibro al convivir con otra artista, como es el caso de Ana Belén?

-No es complicado, depende de la personalidad de cada uno. Debe ser insufrible en el caso de aquellas personas muy competitivas y que quieren estar por encima de las demás, pero no es mi caso. Además, Ana es una mujer brillantísima. Toda la vida nos hemos ayudado cada uno en el trabajo del otro de una manera absolutamente natural, salvo en el caso del cine que yo ahí no tengo nada que aportar.

-¿Cómo ve las continuas denuncias a artistas?

-Es ridículo, pero todo tiene que ver con la ley mordaza y mientras los partidos no se pongan de acuerdo y la retiren todos tenemos una espada encima de nuestras cabezas. Hace que los artistas se autocensuren. Algunos jueces son capaces de hacer que yo me entere de quién es Valtonyc, cuando a mí no me interesa nada lo que hace. Lo peor es que cuando esto va a los tribunales europeos se va a la mierda. Es un delirio en el que estamos hace muchos años.

-¿Podemos decir que hubo tiempos mejores?

-No me sirve eso para decir que no hay libertad de expresión. Lo que hay son leyes mal aplicadas y una ley mordaza que ya debería desaparecer. Hoy en día hay libertad de expresión absoluta, pero puntualmente surgen estos casos que son muy escandalosos y coartan al creador.

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