El día que las Rías Baixas gritaron basta

El miércoles se cumplieron 25 años de la histórica manifestación contra la droga


vilagarcía / la voz

Eran los tiempos en los que el caballo corría desbocado por las calles de O Salnés; tiempos en los que se podían ver rayas de cocaína sobre el foco de algún futbolín de cualquier pub si que nadie se asombrara. Tiempos peligrosos, de los que unos consiguieron salir y otros se quedaron en el camino. Una deriva que provocó una de las mayores manifestaciones que se recuerdan en Vilagarcía. Sucedió en Vilagarcía. El pasado miércoles se cumplieron veinticinco años.

Fue un grito de auxilio de toda la comarca de O Salnés. De toda el sur de Galicia en realidad, porque también desde Barbanza, Pontevedra, Vigo y el Baixo Miño llegaron autobuses a Vilagarcía. Doce mil personas apuntaba La Voz que habían acudido a la cita. Cincuenta mil decían sus organizadores. Más allá de las cifras, lo cierto es que un mar de paraguas inundó la ciudad en la que, además de denunciar la lacra que estaba diezmando a toda una generación, se apuntaron varias sugerencias a la clase política: por un lado, que se incluyera la inversión de la carga de la prueba en el Código Penal; por el otro, que se implantara una asignatura de salud pública.

En el comunicado, duro comunicado, que se leyó al final de la marcha se dijo que el tráfico de drogas era el mayor problema del país «mientras se asiste a la apatía de las autoridades en la solución real de este problema». El reproche lo escucharon, entre otros, los alcaldes de Vigo y Ourense Carlos Príncipe y Manuel Veiga, y los diputados autonómicos Antolín Sánchez Presedo (PSOE), Xosé Manuel Beiras (BNG) y Valentina Cerviño (PP).

La manifestación tuvo sus anécdotas. En ella, por ejemplo, estuvieron los arrepentidos Ricardo Portabales y Manuel Fernández Padín. «El primero escogió para presentarse en Vilagarcía un atuendo propio de Dick Tracy: impecable traje negro, sombrero de ala ancha y rostro cubierto con unas grandes gafas oscuras», contaba la crónica de La Voz. Acudió acompañado por tres guardaespaldas y explicó sus razones: «Vine para estar con el pueblo. Es la gente normal la que tiene toda la fuerza del mundo. He venido para solidarizarme con ellos». Y Fernández Padín, «de costumbres más comunes -según apuntaba La Voz- se tomaba un aperitivo con sus guardaespaldas».

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