El mapa de la heroína en Vigo

Los puntos de venta aumentaron en los últimos años hasta ampliar su radio de acción a las principales calles del centro sirviendo la dosis mínima, altamente adulterada, a diez euros


VIGO / LA VOZ

La proliferación de causas judiciales derivadas de la venta de heroína en calles o viviendas de Vigo no deja de crecer. Solo el miércoles, en la sede de la Audiencia Provincial en la ciudad, había nueve juicios por tráfico de drogas a pequeña escala. La mayoría contra personas acusadas de lucrarse con este derivado de la amapola que se cocina, sobre todo, en Bulgaria y Turquía y se transporta por carretera a España en general y a Galicia en particular. La situación ha llegado a tal punto que, en el 2017, las unidades policiales dedicadas al tráfico de drogas a gran escala señalaron a las Rías Baixas como uno de los puntos de mayor distribución del país y una catapulta para enviar remesas a Portugal atravesando el puente de la AP-9 que comunica Tui y Valença do Minho.

¿Pero cuál es la situación a pie de calle en la primera ciudad de Galicia? La Policía Nacional aporta unas conclusiones que suponen la radiografía más actualizada de esta lacra y evidencian hasta qué punto se hace más difícil cada día desmontar este mercado. «Vigo es una ciudad muy peculiar por el elevado consumo que existe y los puntos cada vez más numerosos que hay para distribuir la heroína», explican en la Policía Nacional antes de concretar: «No es lo de antes, que si ibas a la zona de Teis podías encontrar a todos los camellos y consumidores reunidos mientras que el resto de la ciudad estaba limpia».

El escenario actual evidencia que los camellos se reparten por buena parte de la ciudad, incluidas las consideradas zonas nobles. «Si te vas a Torrecedeira verás que es una calle en la que hay numerosos puntos de venta de heroína. La zona de Coia también cuenta, ya desde hace años, con muchísimos puntos de venta». En O Calvario, Teis o Travesía de Vigo, a lo largo de toda la avenida, también hay puntos de venta. «Están repartidos por toda la ciudad, no puede decirse que a día de hoy exista, como hace años, unas zonas marginales que se reparten toda la venta a pequeña escala. Basta decir que en García Barbón o Rosalía de Castro también hay gente vendiendo. Menos en Policarpo Sanz, que creo que no tenemos por ahora a personas despachando papelinas, en el resto de la ciudad puede haber camellos en cualquier lugar».

Evolución peyorativa

De la misma forma que la expansión de los puntos de venta está constatada por la Policía Nacional, se sabe que la forma de vender, y hasta de consumir, también ha evolucionado en su concepción más peyorativa. «Hay mucha gente dedicada al trapicheo, pero siguiendo un modelo que nada tiene que ver con lo vivido en la ciudad, y en el resto de España, hace 30 años. Ahora los camellos de heroína tienen un círculo de clientes más reducido, son más vendiendo pero con una clientela más acotada que puede incluir a unos diez clientes cada uno. Esto le viene muy mal a la policía para hacer su trabajo, ya que cada vez que paras a un cliente, su vendedor ya se alerta. Por eso también son más difíciles de detectar, no como antes, que había un punto de venta por el que pasaban clientes durante todo el día y había afluencia y consumían en el mismo lugar. Ahora es más discreto, basta decir que ya no encontramos jeringuillas en las calles».

Los consumidores de heroína también han aprendido a no ser tan vistosos como antes. «Ellos saben que generan gran alarma entre los ciudadanos y no les quedó más remedio que volverse invisibles. Tú puedes tener a un vecino que mueve un kilo de cualquier droga y no te enteras. Pero si tienes uno que vende dosis de heroína, que pueden ser 3 o 4 gramos al día, genera una alarma y una inseguridad en la gente que se traduce en llamadas a la comisaría». La calidad de la droga que se despacha en la calle supone otro problema añadido. En los mismos escritos de la Fiscalía figura siempre el porcentaje de pureza, que en la mayoría de los casos está entre un 20 y un 25 %. Un producto altamente adulterado que se puede conseguir desde 10 euros, que implica la compra de 0,2 gramos, cantidad suficiente para una dosis.

El escenario actual que describen agentes de la comisaría de Vigo especializados en estos delitos coincide de lleno con el análisis que realiza el presidente de la Asociación Casco Vello, Fiz Axeitos, al hablar de la casuística que se vive en el eje que forman la zona citada, el Barrio do Cura y Torrecedeira: «Agora, polo que percibimos no colectivo, pode haber os mesmos puntos de venta que noutras zonas do centro da cidade. Xa non somos o punto central de venta da cidade. Outra percepción que temos é que está todo repartido pola cidade e a súa periferia». En el colectivo vecinal de Teis, una zona de venta histórica en Vigo, prefieren no hacer declaraciones al carecer de datos sobre los que opinar. Lo que no niegan es que sigue habiendo puntos de venta de caballo que siguen surtiendo a los consumidores que demandan este polvo marrón.

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