Nace en Vigo la primera asociación gallega de afectadas por Essure

Urge al Sergas a aplicar un protocolo que garantice el diagnóstico y la retirada segura


vigo / la voz

Llevan trabajando unidas desde principios de año y su esfuerzo se ha plasmado ahora en una asociación, la de afectadas por el método anticonceptivo Essure. La iniciativa ha partido de un grupo de mujeres de Vigo y su área, pero la entidad está integrada por una treintena procedentes de distintos puntos de Galicia. A la espera de sumarse a este proyecto hay otras tantas. De hecho, se trata de la primera asociación que se crea en la comunidad autónoma por este motivo. Lo único que existía hasta ahora era gabinetes de abogados que se dedicaban a defender casos concretos, como sucede en A Coruña, y una plataforma estatal.

Essure es una especie de muelle que bloquea las trompas de Falopio y que ha provocado efectos adversos en un elevado número de usuarias. Su retirada tampoco es precisamente fácil, a juzgar por la experiencia de muchas afectadas, que han tenido que repetir operación para extirparlo en su totalidad.

El objetivo principal de la asociación es que el Sergas ponga en marcha el protocolo aprobado en octubre y lo aplique con el fin de garantizar una retirada segura, tal como se habían comprometido representantes del Servizo Galego de Saúde con los afectados a mediados de año. «La última comunicación que recibimos decía que faltaba el visto bueno de una persona de la Sociedad Gallega de Obstetricia y Ginecología. No sabemos nada más, ni por qué está parado», comenta la presidenta de la asociación, Mónica Expósito. Advierte a los responsables sanitarios que urge difundir entre los profesionales los problemas que puede causar este anticonceptivo para facilitarles las cosas a ellos y a los propios enfermos. Ese desconocimiento es lo que hace que en muchas ocasiones no se tome en serio lo que para ellas se convierte en una auténtico calvario.

«Estamos reclamando que se aplique el protocolo para que los médicos de familia y los de urgencias estén informados y sepan hacer las pruebas diagnósticas pertinentes. Tenemos síntomas parecidos a los de otras enfermedades, por lo que nos hacen pruebas de todo: traumatología, neurología... que dan negativo. Entonces dicen que somatizamos y nos envían al psicólogo», apunta Expósito.

El dolor agudo es uno de los síntomas que más sufren las afectadas. «Padecemos dolores pélvicos y a veces los confunden con endometriosis; también de cabeza, digestivos y articulares. Yo no podía ni pelar una patata y usaba parches de lidocaína para soportarlo. A veces no eres capaz ni de levantarte de la cama», apunta.

Buena muestra de que los efectos secundarios no son fruto de la imaginación lo demuestra Tatiana Suárez, otra afectada: «A mí me operaron en mayo para quitármelo y de momento muy bien. Tendré que hacerme radiografías para confirmar que no quedó nada dentro, pero no noto malestar. Me cambió la vida, ya no tengo dolores pélvicos, ni de riñones, tampoco hemorragias. Y decían que no era de eso». Hasta llegar a este punto tuvo que soportar una fase de incomprensión.

«Algunas mujeres han perdido pareja y trabajo»

La presidenta de la asociación de afectadas por Essure ha vivido y sigue viviendo en propia carne las consecuencias de este método anticonceptivo. «Muchas operaciones para retirarlo no se hacen bien y dejan restos. Al quitar las trompas de Falopio se rompe y tienen que operar otra vez para quitar el útero», explica. Es lo que le ha sucedió a ella misma, lo que se traduce en que tras la operación mejora durante un tiempo para más tarde volver a empeorar. «Si queda un trocito dentro hay que demostrarlo con unas pruebas determinadas y no es nada fácil detectarlo, de ahí la importancia de un protocolo. Lo importante es confirmar que estamos limpias», destaca. Recuerda el consejo de un médico, que cuando se lo puso le dijo que era maravilloso y al final reconoció «que tenía un veneno dentro».

«Algunas mujeres han perdido a sus parejas y el trabajo al estar continuamente enfermas y sin ganas de nada. No se comprende que siempre estemos enfermas», dice. La mayoría de las afectadas de Vigo y entorno tienen una media de 43 años y se lo pusieron en el antiguo Hospital Xeral. «En algunos países empezaron a colocarlos en el 2002, pero en España fue en el 2003. Aquí en Vigo se empezó en el 2009. Hay muchas mujeres que aún no saben que los problemas de salud que tienen son consecuencia de Essure. Por eso queremos difundirlo», añade Mónica Expósito. Pueden hacerlo a través de su correo electrónico, asafegal@gmail.com, o de su Facebook, asociación de afectados de Essure Galicia.

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