«Sigo luchando con el mismo ánimo que tuve siempre»

Edmundo Reboredo fue nombrado ayer Veciño de Honra


vigo / la voz

Es imposible no asombrarse cuando se escucha a Edmundo Reboredo, padre de David Reboredo, por el que luchó sin tregua para conseguir su indulto. Había sido condenado a cinco años y medio por una papelina que no llegaba a los 400 miligramos y finalmente falleció hace ahora cuatro años por un cáncer fulminante.

Ayer, Edmundo recibió el reconocimiento del foro socioeducativo Os Ninguéns con el nombramiento de Veciño de honra. El motivo, los 28 años de trabajo y entrega a las causa sociales, en especial a la defensa de las personas más enfermas y empobrecidas de la ciudad, a las que intenta dar visibilidad.

«Estoy emocionado, sobre todo, por el hecho de que me hayan nombrado vicepresidente de honra y no honorario. Siguiendo al almirante Méndez Núñez, prefiero honra sin honor que no honor sin honra», comenta. A punto de cumplir 88 años, este vigués de Lavadores, que estudió Intendencia Mercantil y sabe cinco idiomas (gallego, castellano, inglés, francés y alemán), figura siempre en primera línea de cualquier concentración que tenga como objetivo mejorar la vida de las personas con necesidades. Para ellos se ha convertido en un referente a seguir. «Me doy cuenta de que ser invidente desde hace veintitantos años y mi presencia les sirve de motivación, les empujo. Los políticos niegan la verdad, dicen que no hay gente que duerme en la calle, pero al cabo de un tiempo la gente se da cuenta de que no es así», apunta. Insiste en que la verdad es muy terca. «Sigo luchando con el mismo ánimo que tuve siempre, me valió en el caso de mi hijo David y él tenía la misma idea». Asegura que su receta para seguir al pie del cañón y no claudicar es «tener ilusión por que las cosas sean más justas y razonar en positivo».

Desde muy joven luchó por los desfavorecidos y se interesó por conocer el mundo obrero. «Yo era un niño para ellos, era gente mayor. Le ofrecí la mano a un trabajador de La Artística y me enterneció», indica.

Aún no había terminado el bachillerato y ya tenía interés por lo justo y lo injusto. Le da mucha pena no haber conseguido todavía que se reforme el artículo 368 del Código Penal para que la venta o el intercambio de pequeñas cantidades de droga no se castigue con penas de cárcel, como le sucedió a su hijo. «Siempre entendí que las enfermedades las curan los médicos, no los jueces», dice. Asegura que le costaría mucho trabajo ser político. «No me gusta cómo se llevan las cosas, empiezan a entrar en el carro y poco a poco predomina el sectarismo ante la democracia. Me ofrecieron ir en el partido de Suárez y no quise», concluye.

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