El mejor tratamiento es tratar bien

Un curso enseña a los profesionales del Cunqueiro cómo mejorar la empatía y la amabilidad hacia el paciente


Vigo / la voz

Un hombre llega a urgencias con un terrible dolor de cabeza. Los médicos le hacen las preguntas de rigor e inician la exploración. Cuando le abren la camisa, descubren que lleva 16 parches de nitroglicerina adheridos al pecho.

-¡¿Pero cómo lleva tantos?!

-A mí el médico me dijo que me pusiera uno al día...

El doctor no le había dicho que también tenía que quitarse el usado... y al señor ya le explotaba la cabeza.

Todos los sanitarios atesoran divertidas anécdotas sobre su profesión. Esta, que se vivió en las urgencias del viejo Hospital Xeral, sirve a Dolores Zapata y a Alberto González-Carreró, para pedir al personal que trabaja en los hospitales que, cuando hablen con pacientes, se metan en sus zapatos y se cercioren de que tienen clara toda la información que necesitan.

Es parte del curso sobre humanización en el ámbito sanitario que imparten desde hace ocho años y que se celebra mañana por la tarde en el Hospital Álvaro Cunqueiro. «Tenemos tecnología punta y especialistas muy preparados, pero de nosotros se espera algo más», explica Dolores Zapata, subdirectora médica del hospital y facultativa de admisión. Ese algo más tiene que ver con la empatía y con el buen trato. «Los profesionales ya saben qué tienen que hacer, cómo tienen que tratar a los pacientes, pero como venimos aquí todos los días, nos olvidamos», dice Alberto González-Carreró, jefe de servicio de control de gestión y también médico de admisión.

Los dos profesionales tiran de humor para enseñar qué es el buen trato; aunque más que enseñar, recuerdan: reproducen anécdotas, proyectan escenas de películas que doblan ellos mismos, interpretan, imitan... Todo ello, dicen, con la sana intención de extraer enseñanzas y abrir una reflexión.

La humanización está en los detalles. Empezando por el saludo. «Son cosas cotidianas. A lo mejor tienes que entrar en la habitación de un paciente para asearlo. Lo razonable es decir hola, presentarse y avisarle de qué vas a hacer, no entrar en la habitación y directamente sacarle la sábana», ejemplifica Zapata.

Otras veces es, simplemente, tener en cuenta que el enfermo acude en una situación de vulnerabilidad al hospital y que puede no entender todo lo que le dice el médico. «Si le hablas rápido, con siglas, con lenguaje complicado... Hay que preguntarle si ha entendido todo y dar la posibilidad de resolver sus dudas más tarde, algo así como ‘Si tiene algún problema nos llama’», dice la subdirectora.

También están situaciones como que dos profesionales que se conocen charlen delante de pacientes sobre cuestiones personales o se quejen de la carga de trabajo. «El personal está encantado trabajando aquí en el hospital, pero tenemos que reconocer que los sanitarios somos quejosos», interviene González-Carreró. Y hay más: el ruido, las prisas, los gestos, la discreción o incluso el tuteo al paciente.

Aunque sean cuestiones a veces subjetivas, los dos aseguran que existe cierto consenso entre los profesionales acerca de cómo se puede mejorar el trato a los pacientes con pequeñas cosas. Parece que es algo que convence, porque este curso, que está acreditado, se imparte a grupos de 60 profesionales y este año hay una lista de espera de más de 170. Se dirige a todas las categorías del hospital, desde enfermeras hasta cocineros, aunque los organizadores echan en falta más facultativos. Seguro que todos los que van, si tienen a algún paciente con angina de pecho y le prescriben parches de nitroglicerina, le confirman que para evitar cefaleas conviene sacarse el parche usado antes de ponerse el nuevo.

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