El mejor café está en la barbería

Una pareja viguesa incorpora al negocio un servicio permanente de café arábica servido por un experto


vigo / la voz

El mundo de la barbería vive una nueva revolución. Con la llegada de las maquinillas eléctricas a los hogares, los establecimientos a los que iban los hombres a afeitarse o cuidar su pelo facial terminaron siendo reductos viejunos a los que solo iban unos cuantos trasnochados. Pero el sector ha resurgido con tal ímpetu que se ha convertido en una tendencia imparable.

En Vigo, uno de los locales con más estilo es Shave the Sailor (Eduardo Iglesias, 8), que regenta la pareja formada por Erika Vera (nacida en Barcelona pero criada en Vigo) e Iván Rodríguez, vigués de toda la vida. Junto a ellos, como pieza esencial que distingue a su proyecto, está Juan Casal, barista profesional que se encarga de atender a la clientela y hacer que se sienta como en casa desde que entra por la puerta hasta que se va. «Es el anfitrión de la barbería, hace café, te enseña cómo apreciarlo y está atento a las agendas. Es una pieza fundamental que hace que podamos estar en la silla a lo nuestro. Es un valor añadido en toda su extensión», resume la barbera cofundadora del negocio.

Suena una canción de Sinatra en el tocadiscos y eso ya indica que no se trata de un lugar corriente. Después, entra un cliente y Juan le ofrece una taza de café que sirve en una bandeja de pizarra acompañado de un vaso de agua y una galleta. Y sin azúcar. Eso tampoco es habitual. Se debe a que además de incluir ese detalle como deferencia, se trata de fomentar la cultura del café, que si es bueno, no necesita azúcar o más bien, le sobra. «El agua es para limpiar el paladar y apreciar bien su sabor», aclara. Cada semana suele traer una variedad diferente. Además de tomarlo, el café arábica Salzillo que despachan se puede comprar allí para llevar a casa. Y completan el apartado de hostelería con tés, cervezas, vermús o cócteles, dependiendo de la época o eventos puntuales que organizan.

Iván y Erika venían de la New York Barber Shop de Rotterdam, Holanda, «una de las mejores old school de Europa», aclara el vigués. Pero después de tres años de aprendizaje llegó la morriña y decidieron volver a casa. «Además de cortar el pelo dábamos cafés, pero corrientes. Allí había una recepcionista y cuando yo soñaba con tener mi propia barbería me imaginaba que esa figura que te recibe se ocupaba de hacer cafés», recuerda ella.

La situación social en Venezuela empujó a Juan, primo de Erika, a volver a España hace dos años. Él llevaba en su país un negocio de heladería, cafetería y pastelería que sigue abierto pero gestiona desde aquí. Hace cinco años descubrió el mundo de café profesional y empezó a conseguir sus pines de barista, a formarse con especialistas.

En su retorno surgió la oportunidad, desde el ámbito familiar, de aplicar sus conocimientos. «¡Dios me ha traído a mi barista!», pensaba sobre la bendita casualidad su prima, que tiene las cosas muy claras. «Yo me formé en peluquería femenina pero siempre quise tener una barbería porque me siento más cómoda y conocer a Iván me brindó la ocasión», cuenta añadiendo que no fue nada fácil introducirse en un sector dominado por hombres en el que la mujer no podían ni asomarse. «Al menos, hace cinco años era muy complicado. Ahora ya hay más mujeres barberas, incluso en Vigo», señala.

Su marido, en cambio, se crio entre navajas y peines. Su abuelo tenía la peluquería Navarro y también pasó largo tiempo barriendo pelos en Pucho Peluqueros, en O Calvario.

El concepto de barbería aún crea confusión en las nuevas generaciones de clientes. «Hay quien piensa que no puede venir porque no tiene barba. Pues no. Arreglamos barbas, afeitamos y cortamos el pelo. Algunos solo vienen por la barba y no quieren que les cortes el pelo porque tienen su peluquero», indica. «Yo digo que somos una barbería neotradicional inspirada en la filosofía de antes pero adaptada a los tiempos actuales», aporta Erika. «Estamos especializados en el mundo masculino y el corte clásico y utilizamos técnicas de barbero, pero también le podemos cortar el pelo a una mujer si quiere un estilo masculino», añade Iván, que matiza que lo que se ofrece, globalmente, es «una experiencia para tomarse con calma, un espacio para relajarse que muchos se toman así, apagando el teléfono al entrar», dice sobre un ritual que termina con una toalla caliente sobre la cara.

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