«El theremin crea sonidos intrigantes»

El vigués Paulo Pascual es el único que enseña en Galicia a tocar un instrumento que pocos ejecutan

. sotelino
vigo / lavoz

No hay instrumento más difícil que parezca más fácil de tocar que el theremin, siendo además el único del mundo que se toca sin tocarlo. La creación que inventó el ingeniero ruso Leon Theremin en los años 20 del siglo pasado tuvo su época de gloria. Luego cayó en el olvido y actualmente vuelve a estar en el equipaje de grupos como The Gift o Mercury Rev. En la operación rescate está involucrado Paulo Pascual (Vigo, 1972). El músico lo utiliza en sus creaciones y es, además, el único en toda Galicia que enseña cómo tocarlo. Las clases comienzan en su estudio taller Planeta Theremin (Avenida de Camelias, 8) la semana que viene. El vigués que formó parte de bandas como Camarada Nimoy comenzó tocando la guitarra de niño. Las rarezas llegaron después. Ahora las aplica en su proyecto en solitario, Modulador de Ondas, con el que acaba de sacar disco. No lo han contratado para ninguna fiesta de Halloween. Eso es aún más raro.

-¿Cómo llegó a este instrumento?

-Lo fui incorporando poco a poco. Ya llevaba bastantes años andados como guitarrista. Mi acercamiento a él fue a partir de bandas sonoras de películas que me gustaban como Ultimátum a la Tierra, filmes que tenían uno sonidos que no sabía con qué se hacían, pero me gustaba ese ambiente fantástico que generaba. Tras ver la película Ed Wood me compré uno pequeñito y empecé a usarlo en mi grupo para meter algún detalle. Ahora ya lo uso tanto como la guitarra, soy al 50% guitarrista y al otro 50% thereminista.

-En la película Recuerda (Spellbound), de Hitchcock, la melodía principal está hecha con uno, ¿no?

-Sí. Es un sonido muy intrigante, inmaterial y distinto al de otros instrumentos. Cuando fue inventado estaba pensado para tocar piezas clásicas. Con los años se acabó usando en películas de terror y ciencia ficción como un elemento que aportaba efectismo, pero sus posibilidades son muchas. Se hicieron infinidad de partituras para él, similares a las que se hacían para chelo o violín. Cambia dependiendo del tratamiento que le de un intérprete. Depende de cómo lo uses o cómo lo ecualices puede ir a hacia timbres como el de una voz de ópera, hacia la flauta o cuerdas. Luego está la vertiente más fantástica e indefinida porque se mezcla con efectos y es también la más conocida, la que da miedo.

-¿Ahora ya no se hace?

-Precisamente en eso estoy, trabajando la onda melódica, que no hay mucha gente que lo hace. Lo incorporan muchos grupos para dar algún toque, como un adorno, pero no se utiliza como herramienta, practicando escalas y tocando piezas. Profundicé en eso al conocer la obra de thereministas antiguos. Me encantaba lo que hacían y me enganché. Hay quien pregunta si se puede afinar. ¡Pues claro que se puede! Es una pasada. Conozco a gente que tiene un theremin pero a nadie que haya tenido la paciencia de interpretar una melodía. Por eso doy clase, porque me apetece fomentar su divulgación.

-Pero está en un momento de recuperación, ¿no?

-Sí, empieza a haber un resurgimiento gracias, por ejemplo a Internet, que te permite dar con personas que tocan el theremin aunque no tengan discos editados. En Europa hay unos cuantos, como una alemana que hace unos tutoriales muy buenos. En España hay cuatro o cinco thereministas, uno de ellos es Uxo Pousa, de Tomiño, con el que colaboro.

«La sensación de sacar las notas con tu cuerpo motiva mucho»

El theremin, conocido también como eterófono, se controla sin necesidad de contacto físico del intérprete con el instrumento. Es casi mágico y visualmente muy atractivo.

-¿Por qué cree que no caló?

-Es verdad que llama mucho la atención, cada vez que voy a tocar por ahí me preguntan mucho. Lo que pasó es que el inventor del aparato, que era ruso, se fue a Estados Unidos y tuvo un momento de expansión, pero al regresar a su país se perdió. Tuvo también problemas con las patentes y quedó relegado. Una de las razones es que es muy difícil de afinar y de tocar. Requiere mucho trabajo, hay que ejercitar mucho el oído porque va por memoria muscular. No hay unas teclas para las notas Tienes que encontrarlas por el sonido y el movimiento de tu cuerpo, de tus brazos y tus manos. Las técnicas estaban casi sin desarrollar cuando desapareció. El aparato es sencillo en esencia. Son dos antenas, una de volumen y otra de tono.

-¿Se puede construir en plan casero?

-No es fácil. De hecho, luthieres de theremines en Europa solo conozco a dos. Puedes hacer juguetes que hagan ruiditos parecidos, pero que tengan estabilidad tonal, no.

-¿Son difíciles de conseguir?

-Ya no. En Internet se pueden conseguir. Yo tengo siete. El primero me lo compré en Londres- El segundo es de una tienda de Barcelona y el último me lo hizo un experto alemán.

-¿Y para el alumnado cómo es la experiencia?

-Es un mundo. Yo doy clases desde el nivel cero. La sensación de sacar dos o tres notas con tu cuerpo motiva mucho. En España solo hay un profesor en Barcelona, que sacó un método en el 2003.

Clases. En su taller Planeta Theremin (escaleras Avenida de las Camelias, 8), imparte clases de guitarra y de theremin, que empiezan el 4 de noviembre.

Conciertos. El próximo, el sábado, 3, en Kominsky (ExMagnética), de cine musicado con la chelista Macarena Montesinos.

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