Ideas rápidas y baratas para que en Vigo nunca falte agua

No hacen falta grandes obras para ampliar las presas, con otras medidas se soluciona el problema


amigos da terra vigo @tierra.org

Érase una vez una hermosa aldea situada al pie de una enorme montaña. Sus habitantes disfrutaban de una plácida existencia sin mayores sobresaltos hasta que de pronto la montaña empezó a crujir con gran estruendo. El ruido y la vibración aumentaban día a día y la cosa auguraba que un suceso extraordinario se produciría de forma inminente. Había entre la población división de opiniones: algunos pronosticaban acontecimientos terribles, otros apostaban por maravillas nunca vistas pero todos coincidían en que de la montaña surgiría algo que cambiaría sus vidas para siempre. El caso es que finalmente la montaña se abrió y de su interior asomó, ante el asombro colectivo… un simpático ratoncito.

La expresión «el parto de los montes» y su moraleja, anunciar sucesos extraordinarios que al final se quedan en poca cosa, viene de esta deliciosa fábula de Esopo. Nuestro más reciente parto de los montes lo tuvimos el viernes, con el anuncio de la histórica cumbre de la sequía. Seguramente las puestas en escena son tan importantes y en el fondo de eso se trataba, de escenificar presencialmente con una foto algo que perfectamente el Concello, la Xunta y la Secretaría de Estado de Medio Ambiente podrían resolver en cinco minutos por vía telefónica.

La conclusión final, «Haremos un estudio técnico sobre las posibles actuaciones y en función del mismo tomaremos las decisiones», solo nos emplaza a la segunda parte de la obra que se representará dentro de un año. No podemos aventurar lo que sucederá y sería arriesgado suponer un nuevo parto de los montes pero al no estar en aquel país desconocido del que nadie vuelve, que decía Hamlet sobre el futuro, sí que podemos sacar conclusiones de lo que no hicimos en el pasado y de lo que no haremos en el presente. Sobre estas medidas enviamos a los protagonistas de la reunión un informe argumentado con propuestas concretas -agradecemos que la conselleira Ethel Vázquez nos enviase el acuse de recibo diciendo que estudiarían las sugerencias, no tuvimos respuesta de alcaldía ni de la Secretaría de Estado-.

Todo indica que no vamos a aumentar la capacidad de la presa de Eiras, ni de Zamáns ni de Baíña por el procedimiento rápido, sencillo y económico de dragar sus fondos colmatados por décadas de aporte de lodos y áridos, esos sobre los que caminamos el pasado otoño en el fondo de las presas.

No vamos a cambiar el sistema de tarifa del agua de Vigo, el que más incentiva su derroche según el informe comparativo de la Organización de Consumidores y Usuarios; por lo que como media nos seguirán cobrando a cada vivienda un excedente de entre 3.000 y 5.000 litros de agua mensuales que en más del 75 % de los casos no utilizaremos.

Seguiremos baldeando las calles, aunque se diga que no lo hacemos en caso de sequía, y en cuanto llueva volveremos a tirar, incluso bajo la lluvia, millón y medio de litros de agua diarios por las aceras.

Bajo esas mismas aceras seguirán kilómetros de tuberías de fibrocemento y, cuando toque renovarlas, la mayoría del presupuesto asignado se invertirá no en las tuberías propiamente dichas sino en toda la ornamentación que se pondrá encima, y todo esto acompañado por la sorpresa de cuál será la siguiente tubería que reventará anegando la calle -hacer rafting por la calle tampoco lo tienen Nueva York, Londres o París-.

No descartemos tampoco instalar más fuentes ornamentales el alguna nueva humanización.

Tampoco tenemos claro si la potabilizadora de O Casal funciona bien, mal o regular y ni siquiera quién tiene las competencias en la gestión de esta y otras instalaciones relacionadas con el agua cuyo uso es supramunicipal.

Y finalmente las dos grandes ausencias. En primer lugar los ríos a los que culpamos subsidiariamente de la sequía porque por su culpa tenemos que tirar miles de litros de agua, porque así se sigue definiendo el caudal ecológico en cuanto deja de llover unos meses: como tirar agua. Seguimos ignorando el valor inestimable de esos ecosistemas ni apreciando los bienes y servicios que nos aportan hasta el punto de ignorar que el propio ciclo del agua, el que termina convertido en lluvias, empieza precisamente ahí, en los cursos fluviales y de su conservación en el mejor estado posible depende su continuidad.

Y el último gran ausente, el que está en el origen de todo, el cambio climático. Si una mínima parte de las reuniones, de las medidas de urgencia, de la coordinación entre administraciones, de los llamamientos a la población que se destinan a intentar mitigar los efectos del cambio climático se destinasen con la misma intensidad a luchar contra sus causas al menos habríamos aprendido algo. Pero como decía el replicante Roy Batty, de Blade Runner, estas cosas se perderán como lágrimas en la lluvia. Y esta misma semana hemos tenido un buen ejemplo.

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