Dos veinteañeros al mando

Balonmano Sergio y Samu, de 28 y 26 años, dirigen a Lavadores y Octavio


vigo / la voz

Cuando Sergio Carballeira (Pontevedra, 1989) y Samuel Iglesias (Vigo, 1992) llegan a las instalaciones de La Voz se saludan con familiaridad. En el mundillo del balonmano todos se conoce y además ambos coincidieron dirigiendo en las selecciones gallegas de base. En cuanto las palabras protocolarias concluyen, se enzarzan en una charla en la que repasan rivales, intercambian opiniones y se suceden las coincidencias. Ambos entrenan a equipos vigueses de Primera Nacional y ninguno ha avistado siquiera la treintena.

«Non é habitual adestrar en Primeira con esta idade. Na categoría considérase un técnico novo a alguén con 35 ou 40 anos», comenta Samuel, que a los 26 no ha dudado en tomar la batuta de un histórico en horas bajas como es el Octavio. Un reto similar al que Sergio vivió hace dos temporadas, cuando se adentró en el Lavadores también a los 26. «Entiendo perfectamente por lo que está pasando ahora Samu».

Cuando se pone sobre la mesa cómo llegan dos técnicos tan jóvenes a dirigir en Nacional, sus respuestas convergen: A momentos complejos, medidas atrevidas. «Cuando me ofrecieron el proyecto el club estaba en situaciones algo complicadas y apostaron por alguien joven que aportara algo nuevo. El primer año peleamos como perros por no descender, el curso pasado disfrutamos de un año tranquilo, y este, gracias al nuevo patrocinador, vamos a intentar dar el salto a la élite a largo plazo», desgrana el entrenador del Lavadores.

La necesidad de un revulsivo, de un cambio de rumbo, fue también lo que llevó a Samuel a asumir un banquillo en el que antes estuvieron Modesto o Quique Domínguez. «O Octavio atravesa unha situación complexa e sabemos que vai ser un ano complicado, é unha aventura, pero tómoa con toda a responsabilidade. Somos conscientes de que un club con esta historia non pode estar moito máis tempo así».

Aunque son muy jóvenes, tanto Samu como Sergio desprenden ya ese poso de potestad imprescindible para dirigir. Lo han ido acumulando a lo largo del par de lustros que llevan ejerciendo como entrenadores. Fue en el Chapela donde Samuel se adentró en el mundo del balonmano y donde comenzó a echar un cable en el banquillo. A los 16 ya llevaba su propio equipo y desde entonces no ha parado. Máxime cuando las lesiones le apartaron de la pista.

La historia de Sergio sigue derroteros similares. Comenzó en las escuelas, llegó el Teucro y a los 17 años ya compaginaba cancha y pizarra.

Responsabilidad bienvenida

La responsabilidad no les pesa. Al contrario, les atrae. No temen enfrentarse a la exigencia de nacional con un vestuario de niños, como le sucede a Samu, ni entrenar a jugadores dos décadas mayores, como en el caso de Sergio.

«Como dice Pillo, lo difícil de un entrenador es gestionar el vestuario. Esa es la clave. Cuando comienzas a entrenar equipos sénior tan joven lo primero en lo que te fijas es en cómo les hablas, qué les dices. No es lo mismo gestionar el vestuario que le ha tocado a Samu, con gente muy jovencita, que son más moldeables, a llevar un vestuario como el que tengo yo, en el que hay una combinación. Hay chicos que son jóvenes, otros que rondan los 23 o 24, y luego los veteranos, con más experiencia que tú». En su caso, Coque Fontenla o David Escudero, de vuelta de todo.

«Lo que tratas es de convencerlos de tu idea y tienes que saber escucharles, que es algo que valoran mucho. Luego, ellos cuando ven que se trabaja son los que mejor funcionan. Yo estoy contentísimo. Me aportan muchísimo, crezco con ellos».

Frente a la veteranía que el Lavadores ha fichado, está un Octavio cargado de chavales y debutantes. «Este ano teño xente moi, moi nova. Sacando dous xogadores, o resto non pasa de 22 anos e incluso temos un rapaz de 15 que xa debutou. É complicado xestionalo porque non teñen experiencia, pero hai que ter paciencia e estou convencido de que imos chegar. Non se fai un xogador nun mes», recuerda Samu. En su caso, un veterano como Igor Kustov se ha enrolado en el proyecto para entrenar a los porteros, y el técnico lo celebra. «Ter a un exxogador coma el, un olímpico, ao teu lado e ver como se para a axudar aos rapaces e corrixilos dáche máis confianza».

Cómo se hace un entrenador

Aseguran Samu y Sergio que ser jóvenes no tiene por qué cambiar la forma de entender la dirección. «Aquí no empiezas y ya lo sabes todo, estás en un continuo aprendizaje y de quién te has rodeado, te influye. Empiezas imitando y acabas cogiendo un poco de aquí y otro poco de allá para crear tu propio estilo», explica el responsable del Lavadores. En el caso de Samu, por ejemplo, «o meu balonmán é un pouco distinto ao que estamos acostumados en Galicia, o reflexo no que me miro é no balonmán catalán, máis aberto e veloz, pero iso vai na persoa e non na idade», razona.

En el tiempo que llevan entrenando, Samuel y Sergio se alegran de no haber tenido que afrontar grandes críticas por ser jóvenes. «Lo típico, cuando asumí el Lavadores al principio los comentarios eran: Ui, a dónde va este, que no tiene experiencia. Y yo pensaba: pues tendré que cogerla, y si estoy ahí es por algo». «Ás veces hai xente que tenta afearche un pouco por ser tan novo e che pregunta cantos anos levas adestrando. Cando lles dis que levas dez xa te miran con outra cara, cun pouco máis de respecto», coincide Samu.

Y entre risas, ambos recuerdan un aspecto en el que sí hay cierto peaje por su juventud, los árbitros. «El margen que tú tienes es mucho más corto que el que puede tener Fran Teixeira, Milucho o Modesto, por ejemplo. Tú abres la boca y ya te amonestan», dejan caer entre risas los entrenadores. Una situación que también se cura con el tiempo.

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