Los museos de Vigo pierden su identidad

El del Mar en Alcabre, el etnográfico Liste y la Fundación Laxeiro exponen arte contemporáneo mientras el Marco repasa el mundo de Julio Verne y exhibe microscopios y muebles «vintage»


vigo / la voz

Los museos de Vigo viven una revolución al margen de los planes del Ayuntamiento. La versatilidad y la transversalidad parece ser el nuevo mantra, un trastorno que, sin ser perjudicial para todos, afecta a la mayoría.

No hay más que echar un vistazo a la actual programación de exposiciones para caer en al cuenta del que el Museo de Arte Contemporáneo no exhibe arte contemporáneo, pero se dedica a la literatura verniana, a las maquetas de barcos y a los microscopios. Y que el Museo del Mar ha dejado las aventuras pelágicas, el ciclo de la sardina o las naves que surcaron la ría de Vigo desde la batalla de Rande hasta el Nautilus para abrazar las obras de artistas como Antón Goyanes o las obras de jóvenes creadores premiadas en la XII Bienal de Pintura. Premio Eixo Atlántico.

El Museo Etnográfico Liste expone aperos de labranza a los que artistas contemporáneos han dado una vuelta para convertirlos en piezas donde importa la belleza, no su utilidad. «No transformarlos, sino destacar su vertiente estética», explica la directora del Liste, Victoria Vázquez. Hay más ejemplos. La Fundación Laxeiro cuida la tradición pero siempre ha estado atenta a la creación actual, con premios y exposiciones.¿Se han cambiado los papeles los museos? ¿Se han vuelto locos? Según sus responsables, no. La responsable del etnográfico argumenta que desde que abrieron siempre tuvieron el ansia de dar valor al objeto, no solo por su funcionalidad. «Eso se fraguó el año pasado con la colaboración de Araceli Liste para comisariar el proyecto Apeirarte con una convocatoria pública que nos ha desbordado. La exposición se prorroga y probablemente haya más y se convierta en una bienal», avanza.

Vicente Caramés, director del Museo do Mar, explica que desde su planteamiento original, «de hecho se había planificado una pinacoteca que no se llegó a ejecutar», siempre se contempló esa vertiente. El arqueólogo recuerda que la han abordado en numerosos ocasiones, pero nunca como eje principal. «Además, tenemos arte contemporáneo relacionado con el mar. Es una faceta más», y enumera piezas de la colección permanente como una obra de Patiño sobre el Polycommander, la de Leiro sobre el Prestige o la actual de Goyanes, muy relacionada con la imagen del puerto vigués.

Por su parte, el Marco sigue su nueva deriva guiada por el plan del gobierno local para redefinir su cometido. El arte contemporáneo que lleva en el nombre parece que gusta a todos los demás centros de arte, pero no al que nació con ese fin.

Ese plan pasa por convertir el edificio de la calle del Príncipe en una gran pinacoteca de obra gallega (Colmeiro, Seoane, Laxeiro y otros muchos) de la que el Ayuntamiento es propietario y que se reparte entre el Museo de Castrelos y los sótanos del Marco.

El proyecto municipal no descarta hacer del Verbum el nuevo espacio de la ciudad para el arte contemporáneo. Mientras, el edificio que diseñó César Portela en Samil sigue infrautilizado y agonizante en visitas.

Y el Marco, el museo con más visitantes desde que abrió hace 15 años, va por donde le lleva el viento. Curiosamente dentro de dos meses inauguran un proyecto que parece del Museo do Mar: Pantoque, en el que Ramón Trigo documenta su experiencia artística en Astilleros Armada.

Dos planes para reorganizar una red que sigue enmarañada

Los gestores del Concello anunciaron a lo largo de este siglo un plan museístico. Primero, durante el tripartito. Con el BNG en el gobierno, de 1999 al 2003, se presentó un plan de acción conjunta de todos los museos, yacimiento visitables y salas de exposiciones municipales. Nunca llegó a materializarse ese flujo que iba a dinamizarlo todo, pero sí echaron a andar proyectos como el Centro de Fotografía, la Pinacoteca Fernández del Riego el poblado castreño de O Castro o la musealización de la villa romana de Toralla y el centro de interpretación de la misma.

En el 2014, a punto de terminar su primer mandato, Abel Caballero anunció una nueva «puesta en valor» de los centros museísticos. El Centro de Artesanía y el Liste cerraron, se redujo el horario de visitas de O Castro y Toralla y se congeló el Centro Fotográfico, que cerró dos meses después y lleva tres años sin actividad. Lo más visible fue la presentación de un logotipo unificador de todos los museos y salas de exposiciones municipales, pero de aquel plan de sinergias nunca más se supo hasta que el Museo de Arte Contemporáneo, Marco, empezó a resquebrajarse.

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