«El luto solo lo sufrían las mujeres, y alguna lo guardó de los 3 a los 92 años»

La viguesa Rita Más expone en la Casa das Artes el fruto de una investigación de más de una década


vigo / la voz

Rita Más Ybáñez (Vigo, 1964) lleva más de diez años dándole vueltas al luto. En el 2006, la artista y poeta que reside en A Coruña hace 18 años inició una investigación cuyos resultados se estrenaron ayer, en formato audiovisual, en la Casa das Artes de Vigo con la exposición A saia raíña. Cuando empezó el proyecto con el que recorrió ciudades, aldeas y parroquias de toda Galicia recogiendo los testimonios de más de medio centenar de mujeres aún no estudiaba antropología social y cultural, (que ahora cursa en la UNED), pero después se enteró de que su trabajo de campo seguía las pautas que una indagación de estas características requiere. Según explica, el trabajo tenía una intención literaria.

-¿Cómo empezó?

-Me fui con una cámara en el bolsillo y una grabadora a hablar con ellas. Mi intención era tomar lo que me contaban como semilla para un texto literario, pero me di cuenta de que además de la visión creativa que yo podía aportar había otra superior, una información rigurosa que revelaba una parte del patrimonio histórico de Galicia.

-¿Al final hay libro?

-Aún no ha salido editado y es posible que lo haga el Museo do Pobo Galego. A saia raíña parte de testimonios de mujeres que siguieron la costumbre del luto. Se ve desde el punto de vista etnográfico y también hay un apartado urbano sobre el luto figurado. Quizás porque ahora que estoy estudiando Antropología soy más afín a la cercana. Me gusta más estudiar las tribus urbanas que las de la Amazonia.

-¿Qué le sorprendió?

-Que era un ritual omnipresente que continúa en el siglo XXI. Hablé con mujeres que han estado desde la niñez de luto. Les sorprendía que sus vivencias pudiesen interesar a alguien. ‘¿Quién soy yo?’, me decían. Y yo les contestaba: Eres una mujer en la historia. Como la que vistieron de negro a los 3 años cuando se murió su padre, a los 5 seguía de luto al morir su madrina, a los 10 otro pariente, y cuando estaba casada se le murió ‘el hombre’ y así hasta los 92 años. Estuvo muy arraigado el sentimiento de culpabilidad cuando una mujer enviudaba mientras cobraba una pensión.

-¿Qué más le contaban?

-Que escuchaban música a escondidas cuando pasaba la banda, que no les dejaban comer filloas pero venían otras mujeres y les traían. Otra recordaba que a los 8 años no le dejaron ponerse un traje blanco y tuvo que hacer la comunión de alivio, que no sabían si hacían bien o mal y que solo podían salir a misa. A la iglesia y para casa.

-¿Y los hombres?

-No se enlutaban apenas, salvo en detalles como botones de las camisas o brazaletes y seguían haciendo de todo. Las prohibiciones cayeron todas sobre las mujeres. Se quiso recortar gastos porque los entierros los pagaban las administraciones publicas y se impidió ir a las mujeres a llorar. Detrás del luto se ha enmascarado, además de otros sentimientos afectivos, la depresión. En ese aspecto también se refleja la labor de la medicina. Algunas cuentan que el «médico dos nervos» fue el que la obligó a sacarse el luto.

-¿Definiría su trabajo como una exposición documental?

-El término exposición de testimonios es el que más me gusta. Hay fotos y hay audiovisuales, pero lo importante no es ni la fotografía ni el vídeo, sino los sentimientos que transmite. Las participantes no son actrices aunque estén interpretando su vida. En la edición de vídeo mi voz se retira y su monólogo se convierte en diálogo entre ellas, aunque una esté en Moaña y otra en O Caurel.

-¿Estaban todas de acuerdo en algo?

-Sí. Ni una sola quiere que ninguna de sus hijas se ponga el luto por ellas.

«Estaban vetadas las plañideras pero en Galicia nos lo saltamos»

La autora del proyecto, viguesa sin raíces, «hija de menorquina y andaluz que se enamoraron de esta tierra», no exponía en Vigo desde hacía años. Lo hizo hace más de una década en la galería Sargadelos con poesía caligrafiada. La palabra es la materia de su primera vocación artística y sigue por esa senda. El año pasado ganó el Premio Nacional de Poesía Gil de Biedma y el lenguaje también forma parte de la investigación, ya que hay muchas palabras perdidas relacionadas con el luto. «Vivimos en un mundo loco en el que te casas y te dan 15 días y se te muere una madre y te dan 3 o 4 para recomponer tu corazón. O ninguno por tu perro, que es tu familia. El duelo es necesario. El luto, no», reflexiona.

-¿Cómo era económicamente?

-Entre las informantes había una costurera. La mujer urbana de clase alta estaba más cerca de vivir el luto como los hombres del rural. Las mujeres rurales teñían la ropa de negro con corteza de árbol. Era fácil, pero desteñirla o comprar otra, no. Otra razón para seguir de luto.

-De las participantes en el proyecto, alguna ya no estará...

-Josefina falleció en el 2017 con 99 años, pero vinieron a ver la exposición su hija, sus nietas y bisnietas. Muchas están aquí. De Vigo también es Pilar, gran defensora del luto, y Virgilia, que trabajó en Álvarez. Ella llevó el paño negro en la cabeza una vez y nunca más. A muchas les daba miedo.

-¿De dónde vienen las exclusiones ligadas al luto?

-Las reinas medievales iban de blanco. Los Reyes Católicos decretaron La pragmática del luto y cera para ahorrar. Con ellos se volvió al negro. Desde 1502 prohibieron ir a entierros a mujeres y estaban vetadas las plañideras. En Galicia nos lo saltamos. La ley desapareció, pero se convirtió en costumbre.

Dónde. Casa das Artes (Policarpo Sanz 15). Organiza la Concellería de Igualdade.

Cuándo. Hasta 28 de octubre. Lunes a sábado 18.00 a 21.00h. Sábado, domingo y festivos 12.00 a 14.00 horas.

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