Bares del Casco Vello ya sellan credenciales por el auge del Camino

La avalancha de peregrinos por la costa lleva a los negocios de Vigo a suplir a las iglesias cuando están cerradas


vigo / la voz

El auge del Camino Portugués por la Costa no solo ha transformado el turismo de la ciudad, sino que está implicando al sector de la hostelería. Ante la avalancha de peregrinos que día a día preguntaban en el Casco Vello por un lugar para sellar las credenciales, los bares han decidido implicarse y poner su granito de arena. Plasman su sello en la cartilla y de esta forma dan testimonio del paso por la ciudad para facilitar la obtención de la Compostela al llegar a la capital de Galicia.

Uno de los primeros establecimientos en ofrecerse fue La Comidilla, situado justo al lado de la colegiata. «Venían a sellarla a la iglesia y como muchas veces está cerrada, nos preguntaban dónde podían hacerlo», comentan. Así empezó todo y así se fueron sumando uno a uno más locales, como la Taberna A Pedra, situada entre la plaza de la Constitución y la rúa Cesteiros. «Como tengo sello del establecimiento, lo puedo hacer, suelen pasar bastantes», comenta el propietario, Gonzalo.

Efectivamente, todo aquel que cuente con un sello autorizado puede plasmarlo en la credencial, según confirma Celestino Lores, presidente de la Asociación Amigos del Camino Portugués. Basta con que figure el nombre, la fecha y el lugar. «No hay un sello oficial y los peregrinos tienen que acreditar que han pasado por la ciudad. La mayoría de la gente suele sellar en los albergues, pero si no hay, como es el caso de Vigo, entonces lo hacen en otros sitios», indica. Puede ser una farmacia, un estanco o un barbero, vale igual que si el sello se ha puesto en la colegiata.

Colaborar de esta forma con los peregrinos no es obligatorio, solo es necesario mostrar disposición.

«Para obtener la compostela el peregrino tiene que acreditar que ha caminado, como mínimo, cien kilómetros y necesita poner un sello cada 25, dos al día, uno al llegar y otro al partir. Si por el medio toma un café y se lo ponen, pues bien está. Hay gente que colecciona sellos, pasa en todos los caminos», comenta Lores.

Para el párroco de la colegiata, Moisés Alonso, el hecho de sellar en los bares tiene un sentido más comercial, «porque, de paso, se toman algo, aunque yo lo respeto», apunta. Indica que la colegiata está abierta entre las 9.30 y las 13.00 horas y por la tarde, de 18.00 a 20.30. Destaca el éxito que está teniendo el Camino portugués por la costa. Lo demuestran los 8.800 peregrinos de este año. «Tiene mucha aceptación, porque la vista es muy hermosa y, además, es llano. Preguntan por el albergue y les decimos que lo sentimos, que no hay en la ciudad», dice el párroco.

«En Vigo está mal señalizado. Ante la avalancha que hay de gente extranjera sería interesante que se hicieran las cosas mejor para ayudar a los que viene de fuera. Deberían de darles una guía», añade.

Si en algo coinciden todos los peregrinos que pasan por la ciudad es en quejarse de la ausencia de señalizaciones. Es habitual verles perdidos por las calles y preguntando cada dos por tres a los oriundos. El Concello justifica la demora en la señalización porque se está estudiando la ruta para establecerla por el sitio más adecuado.

En lo que va de año ha pasado por la colegiata gente de 40 nacionalidades

Tras comprobar la afluencia de peregrinos extranjeros que pasaban por la colegiata, el párroco Moisés Alonso decidió empezar este año un libro «como una curiosidad». En él se han ido plasmando los nombres de los peregrinos, su país de origen y la edad. El religioso se ha encontrado con la sorpresa de que en lo que va del 2018 han pasado por su iglesia personas de cuarenta nacionalidades. «Vienen de muy lejos, de Australia, Corea, Nueva Zelanda, Estados Unidos...», comenta asombrado. Por países, el que más peregrinos aporta es Italia, seguido de Alemania, Irlanda, Polonia y Portugal. También es significativo el número que procede de Holanda y Francia. Aunque en menos cantidad han llegado de la República Checa, Canadá, Austria, Sudáfrica, Dinamarca, Bélgica, Rusia, Chile, Puerto Rico, Suiza, Eslovaquia, Estonia, Hungría, Sri Lanka, Finlandia, Suecia, Malta y China. La media de edad es de unos cincuenta años. Los hay de 16 y de más de 80. «Ellos mismos escriben en el libro, unos vienen en grupo y otros solos, hay muchas mujeres solas. Algunos participan en la misa», comenta el párroco.

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