Otro tren


Renfe, una entidad pública dependiente del Ministerio de Fomento, ya ha conseguido lo que quería: que estemos deseando que opere una empresa privada de ferrocarriles. Llevaban mucho tiempo trabajando duro para que esto sucediese. Para que el servicio actual sea tan malo que recibamos con ilusión la propuesta de Arriva, una compañía alemana que se ha ofrecido a explotar el trazado desde A Coruña hasta Oporto. En Vigo, concretamente, ha sido enorme la labor para que estemos hartos del servicio público ferroviario. Por ejemplo, las frecuencias y horarios del corredor atlántico son ridículas. Para nada se adaptan a los horarios de los ciudadanos. Mientras que los trenes van llenos o agotan sus plazas sin que se programen refuerzos, ni siquiera en días y horas de alta demanda.

En la mayor ciudad de Galicia, la alta velocidad ni está ni se la espera. E incluso padecemos tramos sin electrificar, en pleno siglo XXI, como los ocho kilómetros que van de Arcade a Redondela. El tren a Oporto, tras una operación de mero maquillaje, sigue siendo lento e incómodo. Y seguimos sin noticias de la salida sur que nos daría una comunicación ferroviaria eficaz, además de permitirnos entrar en las grandes líneas del transporte de mercancías.

Al igual que se ha hecho en la sanidad, es un clásico deteriorar los servicios públicos hasta que la gente demande los privados. Por eso estamos deseando que llegue Arriva. O cualquier otro operador que suponga una alternativa al pésimo servicio que tenemos que padecer en la actualidad. Y todo esto no es casual: Renfe se ha esforzado mucho en conseguirlo.

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