Siete maravillas para apurar el verano vigués

Hay rincones de la ciudad que no aparecen en los folletos turísticos. Muchos se pelearían por tenerlos


vigo / la voz

Hay lugares de Vigo que, por razones inexplicables, no salen en los folletos turísticos. O lo hacen solo de una forma telegráfica. Y les sobran méritos para hacerlo por su encanto especial y su atractivo. Constituyen una alternativa a los destinos de siempre, a las playas, monumentos, museos y miradores más obvios. Muchas ciudades se pelearían por tenerlos como tarjeta de presentación. Son los secretos mejor guardados de Vigo. Siete maravillas que merece la pena descubrir en septiembre en plena recta final del verano.

 Museo do Mar

La oferta de museos en la ciudad es muy amplia e interesante. Pero si hay una maravilla menos transitada de lo que merece y capaz de suscitar atención incluso en el extranjero, es el Museo do Mar de Alcabre. Rodeado de playas, al complejo ideado el premio Pritzker Aldo Rossi y por César Portela acuden muchos visitantes y no para ver el contenido sino para admirar el continente. «Incluso viajan desde Italia admiradores de la obra de Aldo Rossi», apunta el director del museo, Vicente Caramés. «El proyecto original comprendía un patio interior, hacer el edificio ex novo. Los materiales utilizados son muy de aquí, granitos y pizarra, por lo que le da una personalidad propia», explica. Caramés destaca que esta obra arquitectónica fue un punto de partida para Portela y que se encuentran muchas características de su obra futura, como el Museo de las Palabras o el Auditorio del Mar.

Fundación Sales

Cualquier visitante de Vigo es tará informado de la exis tencia de los jardines del Pazo de Quiñones de León, ubicados al lado del parque de Castrelos, pero no del jardín botánico de la Fundación Sales, situado en la Avenida de Europa. Es un lugar de una extensión considerable y sus nenúfares gigantes, único en España, se han convertido en una atracción veraniega. Pero tiene más atractivos. Por ejemplo, las más de 1.000 especies se pueden observar en él. El precio de las entradas es muy asequible: dos euros y los niños pueden entrar gratis. Sin embargo, en los últimos tiempos no tienen mucho público. Cada vez menos. «Por desgracia Vigo no es una ciudad muy grande y todo el tirón que conseguimos con la inclusión del nenúfar se va perdiendo poco a poco porque la gente no vuelve a visitarlo», explica Jorge Garaizábal, uno de los trabajadores. Afirma que en «un buen día» pueden acudir 50 personas. De hecho, la fundación no vive de las visitas sino de los eventos que organizan en el privilegiado lugar. «Otras organizaciones quieren hacer cosas aquí, como bodas o conciertos». También tienen actividades por cuenta propia muy variadas, desde las clases de yoga hasta talleres de recolección de setas. Además, todos los sábados organizan visitas guiadas con un ingeniero agrónomo propio. La actividad dura tres horas. Los jardines de la Fundación Sales son un lugar perfecto para ir en familia y pasar ahí el día descubriendo algo diferente. Un oasis de naturaleza en medio de la urbe.

Mirador de A Madroa

Lo habitual es ver riadas de turistas subiendo al monte de O Castro para observar las vistas de la ría. O al también a la recurrente ermita de A Guía, con una vista frontal de las islas Cíes. Pero no es tan famoso ni tan reconocido el mirador de A Madroa, justo al lado del zoológico de la ciudad. Desde allí se puede ver, con permiso delAlba, las vistas más espectaculares de la ría de Vigo: el puente de Rande a un lado, O Morrazo, las islas Cíes, Monteferro... Laura Fernández lleva yendo allí toda su vida y lo prefiere a cualquiera de los otros mencionados. «Aquí se respira tranquilidad, como mucho se escucha el ruido de los animales del zoo, al contrario que en O Castro, que está rodeado de cosas por todos sitios», afirma. Además, es el más preparado para pasar el día de manera familiar de todos los espacios de este tipo que hay en Vigo (al margen de los parques forestales). «Tiene mesas, por lo que se puede comer, ya además hay mucho espacio para que jueguen los niños». Si por algo se lamenta Fernández es por la poca gente que acude a disfrutarlo. «Es una pena, pero quizá sea porque está mucho más apartado de todo que los demás», se aventura a justificar.

Puesta de sol en A Vela

Gracias a su orografía, Vigo posee numerosos lugares desde los que ver la puesta de sol, como el paseo de Alfonso XIII o la playa de O Adro en Bouzas, pero una de la más bonitas y no tan desconocida es la de el bar A Vela, un establecimiento que lleva veinte años en funcionamiento. Aunque a día de hoy no es un reclamo por sí mismo, sin lugar a dudas se trata de un elemento a reivindicar. «Los clientes no vienen por la puesta de sol sino porque es un lugar muy tranquilo», indica la dueña del establecimiento, Marisa Prado. «Solamente se escucha el mar y la música de ambiente, es un lugar maravilloso», explica con orgullo.

Estatua de El Bañista

Vigo tiene el honor de albergar entre sus calles tres esculturas de Ramón Leiro, uno de los artistas contemporáneos más importantes de Galicia. Sin duda la más famosa El Sireno, situado en la Porta do Sol, y una de las imágenes más típicas de la ciudad. En la explanada de A Laxe se encuentra El Nadador, que también es bastante reconocida. Formando conjunto escultórico con esta, está la más escondida, ignorada y con menos público: El Bañista. Se encuentra en una esquina de la Plaza de la Estrella, sin llamar demasiado la atención, pero es una obra de una enorme fuerza expresiva, como la mayoría de las que ha realizado Leiro. Un secreto para los más curiosos y menos obvio que los caballos de la plaza de España o Los Rederos de la Gran Vía.

Ruta del Río Eifonso

Cada vez son más los vigueses que pasean a diario por el paseo del río Lagares, un paraje realmente bonito que atraviesa buena parte de la ciudad, pero que tiene alternativas. El río Eifonso, su principal afluente, es un enclave natural menos afamado pero que merece mucho la pena. Quienes lo han visitado lo saben bien. En Bembrive existe una ruta singular para quien guste de caminar. Además, tiene un gran valor desde el punto de vista natural. «El cauce del Lagares es totalmente artificial, mientras que el del Eifonso no, por lo que todavía mantiene toda la flora y la fauna propia de la ribera de los ríos», explica Antón Lois, de la asociación Amigos da Terra.

Playa de A Fontaíña

Hay muchas playas de Vigo que se llevan la fama, como Samil y O Vao o la de Rodas en Cíes. Pero muchas calas son un pequeño paraíso reservado solamente para quienes las conocen y valoran. A Fontaíña es una de ellas. Lugar predilecto de los que buscan tranquilidad, lejos de las aglomeraciones, es popularmente conocida como La Sirenita. Sus 280 metros de longitud resguardados de la brisa destacan por el agua limpia y la arena fina.

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