«Una vez entras en España, seguir las marcas es muy frustrante, acabas haciendo un recorrido más largo»


Con sus numerosos bártulos en el costado, Ernest Montaña y Daria Berendova caminan con visible prisa mientras suben la avenida de Castelao.

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«En una hora tenemos que estar en el hostal que hemos contratado para dormir esta noche», afirman. Comentan que han elegido esta opción porque (refiriéndose al centro de la ciudad) «en Vigo no hay albergues y vimos un anuncio de este en otro hostal de Baiona». Tampoco pudieron encontrar otra forma de pasar la noche anterior en el municipio baionense en un alojamiento para peregrinos. «Justo en la localidad no encontramos ninguno», señalan.

Ernest y Daria vienen desde Barcelona, aunque Berendova nació en Moscú, la capital de Rusia. Eligieron el Camino Portugués por la Costa por la sencilla razón de que le parecía el más asequible y no disponían de mucho tiempo para realizarlo.

Han hecho la ruta entera desde Oporto y no están nada satisfechos de cómo está organizado a partir del momento en el que cruzaron la frontera. «Portugal es mucho más pilgrim-friendly, teníamos marcas cada cien metros y aquí nos tenemos que buscar la vida como podemos», se lamenta Berendova, evidenciando que la mejora de señalización que ha emprendido la Xunta es muy necesaria.

Montaña explica por qué están molestos: «Aquí, seguir las marcas es bastante frustrante. Nos mandan muchas veces por caminos de montaña cuando nosotros queremos ir por la playa o dando muchas más vueltas de lo que pone en el Google Maps, que es lo que al final acabamos utilizando para desplazarnos en muchas ocasiones». Señalan que la situación se agrava con la entrada en la ciudad de Vigo: «No hemos encontrado ningún tipo de guía en todo lo que hemos andado hasta el momento».

Lo que más les ha llamado la atención es el gran tamaño del ayuntamiento. «¡Me da la impresión que hasta es más grande que Barcelona!, exclama el catalán Montaña bastante sorprendido. Con su móvil en la mano, dejaron el barco de la rotonda de Coia atrás, en dirección a donde dormirían esa noche. Les queda cada vez menos para llegar a su destino: Santiago de Compostela.

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«Una vez entras en España, seguir las marcas es muy frustrante, acabas haciendo un recorrido más largo»