Daños en el paseo del Lagares invisible

Los vecinos del Val do Fragoso piden la reparación de bancos y limpieza del cauce


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El paseo que acompaña al río Lagares hasta su desembocadura en Samil es una de las joyas ecológicas que atraviesan Vigo. Cientos de personas caminan a diario por la única de las tres sendas azules con las que fue galardonado el municipio y que cruza el corazón de la urbe. Sin embargo, hace años que esta arteria muestra síntomas de debilidad. Con el objetivo de mantenerla en plena forma, la asociación de vecinos Val do Fragoso presentó en el Concello un escrito reclamando la necesidad de acometer una serie de mejoras en el tramo más próximo al estadio de Balaídos. Las maderas de los bancos están astilladas, en el mejor de los casos, aunque algunos ya no tienen asiento en los que apoyarse; faltan varios metros de barandilla a lo largo del curso, y la maleza es tan espesa que muchas veces resulta imposible ver el agua. «Este paseo lo usa mucha gente mayor, que da dos pasos y necesita sentarse pero los bancos están rotos», denuncia el presidente de la agrupación vecinal, Manuel Guerra.

Todas las deficiencias de la ruta forman parte del informe que los vecinos presentaron al Concello en febrero. Pero seis meses después todavía no han recibido respuesta ni sus demandas han sido atendidas. «Nunca dicen nada, cuando no les interesa, silencio administrativo», critican los vecinos, que todavía siguen esperando una respuesta a la petición de limpieza de una parcela de 8.000 metros cuadrados en Espedrigada llena de maleza desde hace siete años.

En el tramo posterior al estadio de Balaídos, siguiendo el curso del río, hay alrededor de una decena de bancos y todos presentan algún tipo de defecto. Las maderas que dan forma a los asientos están rotas por los extremos dejando astillas al aire que pueden dañar a cualquiera que no tenga cuidado. Tal es su desgaste, que uno de ellos ya perdió todos los listones de madera y solo quedan los bloques de hormigón de su base y la barandilla metálica. El pasamanos que protege de eventuales caídas al río tampoco está en perfectas condiciones. En un paso subterráneo, desapareció una parte de la balaustrada dejando sin protección un desnivel de varios metros que conduce directamente al río.

Pero lo que más preocupa a los vecinos es la mala imagen que ofrece el río. Las zarzas, cañas, troncos y ramas caídas invaden la ribera del Lagares imposibilitando en buena parte del trayecto contemplar el agua. «Cuando vengan las lluvias, todo esto se acumula y provocará inundaciones», lamenta Manuel Guerra, quien opina que ahora que las aves ya han culminado su etapa de anidación y el nivel del agua está en sus niveles más bajos «sería el mejor momento para realizar una limpieza».

Otras viejas aspiraciones de los vecinos son la recuperación de los antiguos molinos, algunos de extraordinario interés arquitectónico, y poner fin al soterramiento del Lagares bajo la Grada de Río de Balaídos, aunque al no lograrlo con la reforma del estadio ya lo ven como una batalla perdida.

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