De la Universidad de Vigo a la NASA

José López Miralles colabora con la misión MMS, que estudia el plasma en la magnetosfera

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vigo / la voz

No es la primera vez que un vigués trabaja para la NASA. Pero el ingeniero José López Miralles puede presumir de ello con tan solo 23 años. Y ya está en condiciones de desmentir alguno de los mitos de las películas sobre la prestigiosa agencia espacial. Hace tres años, cuando estudiaba Ingeniería de la Energía en la Universidad de Vigo, ni se le pasaría por la cabeza. Algunos de sus amigos lo confunden con un astronauta. Pero su sueño no tiene nada que ver con salir del planeta. Fue el mundo de la física el que le encaminó hacia esta fascinante aventura.

López Miralles descubrió que su trabajo de fin de carrera guardaba relación con una de las misiones de la agencia espacial: la MMS, Magnetospheric Multiscale, que estudia el plasma en la magnetosfera. Aprovechó entonces la oportunidad y se puso en contacto con la investigadora Natalia Buzulukova, que le respondió en unos días y le invitó a colaborar.

Sus padres, acostumbrados a sus éxitos académicos, no mostraron gran asombro. Desde la infancia siempre le suscitó interés el mundo científico, aunque también le encantaba leer: «Nunca renegué de las letras, pero sí tenía claro que tenía que ser científico», aclara. Defiende incansablemente que sus logros se los debe más al esfuerzo y al sacrificio que al talento. Cuenta su secreto: «Si necesito cinco horas para sacar un diez, dedico el doble de tiempo al estudio». Se agradece a sí mismo el haber generado una gran capacidad de trabajo.

Fue realizando la carrera donde empezó a inclinarse por la física de partículas. Sus docentes favoritos resultaron ser el de matemáticas y el de física. Esta pasión lo llevó a visitar el Laboratorio Nacional de Fusión en Madrid, «su primer contacto con el mundo fuera de la universidad». El contacto le permitió diseñar una de las estructuras de un reactor de fusión nuclear que, según el estudiante, terminará de construirse dentro de cuarenta años. Con estos conocimientos finalizó su trabajo de fin de grado. A raíz de estas pesquisas, decidió contactar con la agencia espacial. Y ahora es un ingeniero que colabora con la NASA.

En Madrid descubrió vínculos entre su investigación y la misión MMS de la NASA. Este proyecto aborda la teoría de plasmas, que también se puede aplicar a los reactores de fusión nuclear. «La magnetosfera de la Tierra es el único lugar del espacio en el que se conoce un plasma de tales características», explica Miralles. Fue entonces como, a raíz de esas observaciones, se decidió a contactar con la agencia espacial. Ahora su trabajo de fin de máster, que presentará en septiembre, será útil para el grupo espacial.

En mayo recibió una invitación de la NASA para acercarse más a la misión. Se preparó así para su viaje a Estados Unidos. Hace tres semanas accedió en Maryland a uno de los edificios de la NASA. Allí vio la investigación de manera distinta. Le sorprendió la seguridad, que calificó de rigurosa. Le pidieron huellas dactilares de toda la mano, un proceso que duró aproximadamente media hora. Sin embargo, lo que más le asombró fueron los trabajadores. «En la NASA se trabaja de forma diferente. Alguien sale al pasillo, lanza una idea y al día siguiente ya existe un artículo que habla de ello. Hay una ambiente de trabajo peculiar», expone entre risas.

Ya piensa en el doctorado, que realizará con la Universidad de Valencia. Colaborará entonces con la ESA, la Agencia Espacial Europea, para estudiar el plasma en los discos de materia que se forman alrededor de los agujeros negros. Mientras tanto, todo lo que aprenderá en la NASA lo utilizará para sus nuevos estudios. Por el momento, todavía no sabe cómo será su futuro, prefiere vivir el día a día. Su tesis posibilitará la formalización de un contrato con la agencia internacional. «A partir de ahora voy a seguir trabajando con la NASA en el doctorado, algo que ya se hace en Estados Unidos y que es muy útil para mejorar», matiza.

«Ser ingeniero me permite conocer la física de forma diferente» 

Ya desde pequeño se sintió atraído por la ciencia a través de los minerales. Más tarde, le cautivó el cosmos. Contemplaba el cielo con gran admiración. «Una noche mi padre le dijo a mi abuela que la mayoría de las estrellas que se veían desde la Tierra ya no existían. Al enterarme de que tenía ante mis ojos el pasado de los astros, empecé a interesarme por ese campo», rememora así el inicio de este afecto.

Miralles admite aprovechar las oportunidades. «Y si no existen, las creo», concreta. Va dando grandes saltos. En la carrera se centró en la energía de fusión, que le llevó a estudiar el plasma en el máster. Y este trabajo le condujo a la exploración del plasma en los agujeros negros. Le resultan interesantes por su capacidad para acumular la materia a su alrededor. Los explica como «singularidades del espacio-tiempo» que se forman por el colapso gravitatorio de una estrella de neutrones.

Sus lecturas sobre el plasma le generaron nuevas preguntas que precisamente aborda la misión MMS. Desconoce cuando volverá a pisar suelo americano, pero prevé varios viajes durante la realización de su tesis. Lo hace con ilusión porque confía en aportar nuevos prismas. Los investigadores de la astrofísica teórica, su ámbito de estudio en la misión espacial, no responden a su perfil porque son físicos. «Mi mentalidad de ingeniero me permite conocer la física de forma diferente. Tengo un perfil exótico que en Estados Unidos suelen valorar muy bien».

Miralles no dispone de una meta concreta a largo plazo. Le gustaría publicar un artículo con la NASA. Su pretensión es vivir de la investigación. Cuando finalice el doctorado se enfrentará a una gran decisión: escoger una de sus puertas abiertas.

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