«Si los padres conociesen los recursos necesarios, se evitaría el 'bullying'»

Inma Araújo expone que sobreproteger a los niños puede convertirlos en acosadores


vigo / la voz

1.475 escolares sufrieron acoso el año pasado en España. Es lo que expone el último informe de Bullying sin fronteras. Un problema social que, según muestran diversos estudios, no deja de incrementarse. Sus efectos pueden ser devastadores. Es una circunstancia que puede incitar a que algunos estudiantes lleguen incluso a plantearse quitarse la vida.

Este acoso deriva de una desigualdad de poder recurrente. Así lo define Inma Araújo (Vigo, 1973), que trata el estigma desde hace casi dos décadas. Es psicóloga en el programa con adolescentes de la asociación Alborada y vicepresidenta de Amino Galicia. Guarda en su memoria una serie de experiencias enriquecedoras que le brindó su trabajo. Una de ellas es la de una víctima que actualmente colabora con charlas preventivas. «Lo más satisfactorio para mí es proporcionar las herramientas necesarias para evitar el acoso», destaca. También lleva marcados algunos casos difíciles todavía por resolver y mantiene la esperanza de que se solucionen en el futuro. Este tipo de situaciones pueden generar traumas que pueden durar toda una vida si no se tratan correctamente. «Lo que menos quiere un profesional es no ser capaz de ayudar a una víctima. Ver cómo una persona sigue sufriendo es duro», explica. Las víctimas que más le impactaron fueron las que presentaban daños psicológicos, fruto de humillaciones, aunque remarca que no es un componente excluyente.

La psicóloga recalca que esta problemática se puede prevenir. Para ello, la formación es un requisito esencial, al igual que la mejora de la educación en todos los ámbitos. «Si los padres y los niños aprendiesen los recursos necesarios, se podrían evitar un montón de casos», indica. Araújo percibe una falta de especialización en diversos ámbitos como el judicial, elsanitario o el social. «La formación ya debería venir desde las propias carreras. Ves temarios de Magisterio y no encuentras contenidos sobre maltrato a la infancia», denuncia.

El acoso siempre existió, aunque hoy es más visible porque se dispone de mayor información y recursos. Saltan las alarmas cuando «los papeles de víctima y acosador se mantienen en el tiempo». Aparecen entonces determinados síntomas. Entre ellos, trastornos de alimentación, ansiedad, ira y depresión. Se detecta con mayor facilidad en la preadolescencia porque a los afectados les cuesta más exponer su caso en las edades más tempranas. «Tenemos una cultura de guardar secretos. Si a los niños les enseñas que hay secretos buenos y malos, rompes el muro de poder contarlo», matiza Araújo.

Según la terapeuta, una vez conocido el caso de maltrato, es indispensable trabajar más en el contexto de la víctima que en ella misma porque puede perpetuar el daño. Al afectado se le enseña «a defenderse, a empoderarse y a solucionar conflictos».

La problemática es la misma pero hay un nuevo condicionante: la incidencia de las nuevas tecnologías. El acoso sale de las aulas para introducirse en las casas y en la ciudad: se torna en algo más persistente. Se hace público de forma fácil y «abarca todas las áreas de una vida». Hoy hay muchos más actores. «De todas formas, los daños que provoca el acoso pueden ser más o menos graves con o sin un móvil. Todo depende de muchos factores», concreta la terapeuta.

Las víctimas suelen ser «personas inseguras, cautas, tranquilas, tímidas y con una autoestima baja», sin el aprendizaje necesario para resolver el problema o buscar ayuda. Los acosadores responden a un perfil muy variable. «Detrás del agresor puede haber muchas explicaciones, pudo haber sido víctima de acoso o incluso de la sobreprotección, que es otro tipo de maltrato», describe. En ocasiones, el hecho de poner fin a la sobreprotección cesa el problema, pero la colaboración de la familia es algo vital: los límites son necesarios.

Los padres de las víctimas pueden reaccionar intentando «buscar culpables, tanto en sí mismos como en los demás, «en vez de buscar soluciones». Los de los agresores pueden llegar a ignorar el problema, sobre todo cuando ellos son la principal causa de su conducta.

Las instituciones educativas tienen un protocolo específico. A juicio de Araújo, es una herramienta sería más eficaz con una mayor formación. «Si los profesionales no poseen los conocimientos adecuados para saber cómo identificar la violencia escolar, no vale de nada», explica.

Talleres informativos. Amino prepara una charla sobre la prevención del abuso sexual infantil en septiembre.

De víctima a agresor. Una situación de violencia no gestionada puede convertir al agredido en agresor.

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