Gouelioù Etrekeltiek


Tiger pasa a veces por encima del ordenador y deja en la pantalla extraños mensajes. Como lo hace incluso mientras estoy yo escribiendo, sospecho que quiere corregirme. O aportar algo. Pero todavía no he encontrado un discurso coherente después de que sus zarpas visiten mi teclado. «Gouelioù Etrekeltiek An Oriant» podría ser uno de los textos de mi gata. Sin embargo, aunque parezca ininteligible, tiene sentido. Así se llama en bretón el Festival Intercéltico de Lorient, que acabo de visitar esta semana.

Uno podría sentirse extraño en un lugar cuyo nombre parece haber sido tecleado al azar por un gato. Pero ha sido todo lo contrario. He estado como en casa. Pocas veces he vivido una sensación de identidad tan grande como en el mayor evento de la cultura celta que se celebra en el mundo.

Sé que mueve a controversia la calificación de celtas de los antiguos pobladores de Galicia. Y que puede haber algo de mito romántico en ello. Pero es indudable que compartimos una cultura con estos pueblos con los que convivimos durante milenios. Porque el mar que va de Finisterre al Báltico fue nuestro Mediterráneo. Aunque la cultura del Mare Nostrum siempre haya tenido más mística. En la ría de Vigo comerciábamos con bretones y normandos, éramos asaltados por vikingos o recibíamos a media Europa por el Camino de Santiago. Si acaso, nos faltó un Homero que nos cantase.

El próximo año, Lorient dedicará su festival a Galicia. Una gran ocasión para volver. Y para sentirnos celtas de nuevo, en Gouelioù Etrekeltiek, que no volveré a confundir con una ocurrencia de mi gata.

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