Afianzan el subsuelo con hormigón para evitar que se hundan dos edificios de Coia

El Concello actúa en un socavón por el peligro que corrían los vecinos

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vigo / la voz

El Concello ha inyectado hormigón en el subsuelo de varios edificios de la calle Caldas de Reis para evitar el riesgo de hundimiento. A finales de julio afloró en la superficie un gran agujero situado junto a un registro de alcantarilla. Los técnicos de la empresa concesionaria de abastecimiento, Aqualia, que se personaron en el lugar, pudieron comprobar que bajo la superficie se encontraba una galería excavada por las filtraciones de agua procedentes de la red municipal. En unos tiempos en que el agua constituye un bien más preciado que nunca, el líquido elemento había horadando los cimientos.

La actuación municipal, inyectando hormigón armado, ha permitido reforzar el subsuelo donde se asientan los inmuebles, tres bloques de seis alturas con dos viviendas en cada planta. Es decir, 36 familias estaban directamente afectadas por el socavón. Pero en la zona subsisten otros desperfectos en las infraestructuras y los jardines. En la manzana hay un total de 16 bloques de viviendas en los que residen cientos de personas.

Uno de los portavoces vecinales, Xoán Bautista González, señaló que «llevamos cuatro años pidiendo que arreglen la zona y no ha sido hasta ahora, cuando salió en el periódico, cuando el Ayuntamiento ha actuado tapando el agujero echándole el hormigón para evitar que se agudice el peligro».

Pero lo que se ha arreglado es parte del problema de una zona del barrio que no ha sido humanizada aún, a diferencia de otras calles de Coia. Este conjunto de viviendas forma parte de un entramado más amplio en el que hay una calle, Caldas que es muy estrecha y con infraestructuras muy antiguas. Antes la falta de pistas deportivas, los críos que están ahora de vacaciones juegan al fútbol entre los edificio poniendo en peligro los cristales de las ventanas.

Los vecinos van a mantener una reunión en el próximo mes de septiembre para exigir que se pueden realizar un actuación más ambiciosa en esta área. Debido a su angostura los coches tienen que estacionar en las aceras. Los edificios se encuentran en varios niveles separados por zonas ajardinadas y enlosetadas. Las baldosas están viejas y aunque, de momento, no han aparecido más socavones hay otros lugres que presentan pequeños hundimientos que permiten adivinar que bajo ellos existen otras galerías escarbadas lentamente por el agua que se escapa de las juntas de las tuberías.

«La asociación de vecinos parece que no se preocupa mucho por lo que vamos a tener una reunión para pedir la renovación integral de eta zona», se queja Xoán Bautista González.

Alejandro Ares, marido de la presidenta de una de las comunidades de vecinos, se esfuerza en cargar dos garrafones de agua mientras va sorteando los desniveles a su paso. «Tropiezas con las losetas», señala.

Conchi Herbello, presidenta de la comunidad de otro de los edificios, lo refrenda. A la salida de su portal «hay una loseta levantada por las raíces de un árbol y constituye un peligro. Aquí vive una señora mayor que arrastra los pies y cualquier día se tropieza y cae por las escaleras».

Rubén Pérez, concejal de Marea de Vigo, señala que uno de los problemas que presentaba la zona es que el Concello no se hacía cargo de ellas aludiendo a que la titularidad de algunas zonas ajardinadas no estaba clara. N obstante el equipo de gobierno presidido por Lois Pérez Castrillo, asumió provisionalmente la recepción de zonas comunes por lo que los vecinos insisten en que el mantenimiento debe ser municipal.

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