Sesenta años de la muerte de un caballo

En 1958 Vigo llora la desventura de Fankenkoenig, ídolo como su jinete Goyoaga en el concurso hípico


Vigo / La Voz

H ace ahora sesenta años, Vigo lloraba por un caballo. Su nombre era Fankenkoenig y su jinete, todo un mito de la hípica: Francisco Goyoaga. Para entender la conmoción, hay que recordar el Concurso Hípico Internacional, que desde 1910 era el gran acontecimiento del verano vigués. Aquel año de 1958, hubo sentidos homenajes en el campo del Lagares, se movilizó un hospital para intentar salvar al equino y las crónicas periodísticas narraron el suceso como una tragedia general.

Paco Goyoaga era un ídolo en Vigo desde su primera participación en el certamen. Tras acumular campeonatos de España, había sido oro en el Campeonato del Mundo de París en 1953. Y bronce en Madrid, en 1954. Y plata en Amberes en 1956. Así que hace sesenta años estaba en la cumbre de su fama.

En 1958, el Concurso Hípico vuelve a disputarse en el campo del Lagares, donde el palco con seis butacas para todos los días cuesta 850 pesetas. Aunque no se trata de un torneo elitista, sino popular, al que acuden miles de vigueses que abarrotan las

gradas. De hecho, las entradas de general cuestan solo 5 pesetas. El certamen vive su época dorada e instituciones y colectivos se disputan el honor de sufragar trofeos a su nombre. El principal es la Copa Vigo, pero hay otros como el Casino de Vigo, la Copa ETEA o la de la Asociación de la Prensa.

Prueba de la categoría que ha alcanzado Vigo es que el jinete Alonso Martín renuncia a ir con la selección española a Ostende y Ámsterdam para competir en el Lagares. Pero el ídolo indiscutible de la afición es Goyoaga. Los niños se arremolinan cada tarde frente a él para pedirle autógrafos.

Alonso Martín no defrauda y ya gana la primera copa, la de Centro de Hijos de Vigo. Y Paco Goyoaga le da la réplica imponiéndose en la copa ETEA. Pero el drama llegará en el segundo día de certamen: Muere Fanhenkoenig, el mejor caballo de Goyoaga. Así lo cuenta un diario: «El deporte hípico español tiene que registrar hoy una lamentable pérdida. El caballo Fankenkoenig, propiedad de Don Francisco Goyoaga, murió ayer inopinadamente, y sin que hasta el momento se conozcan las causas que determinaron su muerte. Para determinarlas hoy le será practicada la autopsia».

El anuncio por megafonía conmueve al público, que prorrumpe en un sonoro aplauso ante un desolado Goyoaga.

El examen forense concluye que el equino pereció por una hemorragia interna. Tenía nueve años y había competido con Goyoaga en Berlín, Roma, Niza, París o Marsella.

«Asistido por los mejores veterinarios de la ciudad y, haciendo lo humanamente imposible por salvarle, a pesar de observarse una aparente recuperación falleció repentinamente a consecuencia al parecer de un colapso», explica el periodista.

Las condolencias de los vigueses son continuas y Goyoaga se muestra muy afectado, pero decide seguir compitiendo. Y ganando.

El madrileño conquistó dos días después la Copa Gobernador Militar con otro caballo: Toscanella. Y se le esperaba para el Gran Premio Vigo, que repartía 44.000 pesetas en premios y una hermosa copa de plata dos caballitos de mar a cada lado, a modo de asas. Era el trofeo mítico, el más esperado. Y no solo se repuso a la pérdida de Fankenkoenig. Y no solo ganó. Sino que además arrasó.

Primero, su mujer, Paula Elizalde, aclamada por la megafonía como «la mejor amazona de España», ganó la copa Domeq con Alpenjager. Luego, el propio Goyoaga ganó la Copa Vigo con Toscanella. Y, además, fue también segundo, con Sea Leopard.

No puede describirse la emoción del público en este Gran Premio Vigo. Tal vez aquel año de 1958 fue la cumbre de las emociones del Hípico. Una crónica periodística lo resumió en este texto: «Todo lo que se diga del ex campeón del mundo Francisco G. Goyoaga es poco. Más bien los hechos hablan por sí solos. Y en esta jornada probó su categoría de ‘as’ excepcional hasta el extremo que se ganó por entero el corazón de los niños, que al final le seguían como a un ídolo, de la misma forma que siguen a un Di Stéfano». Muchos vigueses de cierta edad recordarán a Goyoaga. Y algunos tampoco habrán olvidado la muerte de Fankenkoenig. Se cuenta que la cabeza disecada de este caballo todavía se exhibe en el salón de una casa particular de la ciudad. Pero tal vez esto solo sea una leyenda urbana. Pero la prueba, también, de la dimensión que llegó a alcanzar aquel Concurso Hípico de Vigo, con sus gradas, sus apuestas, sus casetas… para muchos aún sigue siendo sinónimo del verano.

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