Una isla de biodiversidad a un paso de Vigo

Casi una treintena de colectivos de todo tipo han creado SOS Castiñeiras para intentar recuperar este espacio

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Vigo / La Voz

Cotorredondo y lago Castiñeiras (en el límite entre Marín y Vilaboa, EP 0103, 42º 21’ 48’’ N?08º 40’ 28’’ O) son de los espacios de nuestro entorno más conocidos, por lo que resulta un reto contar sus secretos, y para eso empecemos por un poco de historia. Revisando fotos de principios del siglo pasado vemos que todos nuestros montes estaban completamente deforestados. En ese contexto los ingenieros forestales Areses y De la Sota (fue presidente de la Diputación) inician un proceso de «puesta en valor» de tanto espacio desaprovechado y comienza la reforestación de la provincia, que se extendería después a toda la península.

En Cotorredondo se plantó el primer árbol (un pino) de aquel proceso. A continuación, como reserva de agua para casos de incendios, la antigua presa de riego se desplaza y nace el lago Castiñeiras. Por influencia del centro de investigación forestal tan próximo se va creando en el entorno del lago una sucursal del arboreto de Lourizán. Una cosa llevó a la otra y poco a poco aquel lugar a medio camino de ser un poco de todo sin terminar de definirse acabó convertido en la mayor área recreativa de Galicia. Pero Cotorredondo y el lago Castiñeiras eran, y a pesar de todo siguen siendo, mucho más que la mayor churrasquería al aire libre de la comunidad. Resumiendo: en Cotorredondo nació para bien y para mal la historia y la cultura forestal contemporánea. Nuestra ruta parte de la principal referencia del parque, el lago Castiñeiras.

En los últimos tiempos las especies invasoras campan a sus anchas (cangrejo americano, tortuga de Florida, carpa roja, patos domésticos y cualquier especie que a alguien se le ocurra dejar allí). Aun así, en este caso el abandono del lago benefició el asentamiento de una notable población de anfibios, pero actualmente sufre constantes filtraciones en su muro de contención y solo necesita unas semanas sin lluvia para secarse.

Si a alguien le importasen las especies protegidas (por ejemplo a la dirección xeral de conservación da natureza, como su nombre indica) se organizaría un operativo de rescate para capturar dichos anfibios y trasladarlos apenas unos metros río arriba a nuestra siguiente parada. Nuestro camino nos lleva al antiguo cercado de los ciervos, en el que nos encontraremos un cartel que nos indica que estamos en el «parque biolóxico de Cotorredondo».

La idea de este lugar bautizado de forma tremenda era más sencilla: revertir su concepción de criadero cinegético que derivó en un seudozoológico y transformarse en una zona de refugio de flora y fauna en libertad. Pensada para que aquellas especies acosadas por la afluencia masiva de visitantes tuvieran un lugar seguro del que poder entrar y salir a voluntad con un pequeño vivero forestal y visitas restringidas. Para ello se plantaron zonas de zarzas (fundamentales para nidificar las aves) espacios con rocas y vegetación rupícola para los reptiles, y se restauraron las pequeñas presas en las que se mantenía un humedal independiente de la sequía del lago.

Actualmente, con la introducción de cabras enanas, poco queda de dicho proyecto. Por medio veremos una serie de microsistemas forestales en el que conviven más o menos armónicamente especies autóctonas y exóticas con una enorme variedad para su pequeña superficie. No olvidemos la necrópolis megalítica, presidida por la restaurada mámoa do Rei y la torre de incendios desde la que (si tienen suerte y está abierta) se pueden contemplar unas espectaculares vistas que abarcan prácticamente toda la provincia. Por eso dicha torre está ahí. Y el centro de recuperación de fauna que en breve se trasladará.

En medio de un océano de eucaliptos, Cotorredondo representa una isla de biodiversidad y por eso tanta flora y fauna se concentra aquí. Gestionar este espacio siempre fue un quebradero de cabeza pues en sus apenas 35 hectáreas confluyen dos concellos, cuatro comunidades de montes y cinco direcciones generales de tres consellerías diferentes.

La cosa se mantenía más o menos estable hasta que la Xunta abandonó el lugar a su suerte y empezó el desmadre para intentar ponerse de acuerdo. Tras un primer intento frustrado de recuperación a través de una fundación, acaba de constituirse una plataforma integrada por casi una treintena de colectivos de todo tipo (SOS Castiñeiras) que intenta recuperar este espacio de su abandono. Si el rumbo que traza dicha plataforma es el correcto, les deseamos toda la suerte que merece este lugar emblemático.

Un referente olvidado en la actualidad

El aula de naturaleza de Cotorredondo fue un referente durante sus dos décadas de funcionamiento. Allí se desarrollaron experiencias novedosas en temáticas (energías renovables, simbiosis naturaleza y patrimonio histórico, decrecimiento, custodia del territorio, accesibilidad e inclusión) y en destinatarios (desde 3 años hasta colectivos mayores, rutas para personas ciegas y con diversidad funcional, cursos de formación de profesorado, ecofeminismo). Allí se formaron profesionales en educación ambiental. Todo terminó con una simple frase: no hay presupuesto, se cierra.

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