La incapacidad para rotar libranzas en hostelería daña al sector y al turismo

El 90 por ciento de los empresarios del casco histórico deciden cerrar domingos y lunes dejando sin servicio zonas que en verano están llenas de visitantes


vigo / la voz

Si usted es turista y llega a Vigo un domingo, ha elegido un mal día para, por ejemplo, conocer ese «bullicioso Casco Vello plagado de bares y restaurantes», como pone en la guía que lleva en el bolsillo. Se encontrará con un barrio desangelado y buena parte de los establecimientos de hostelería cerrados. Si llega un lunes, le ocurrirá tres cuartos de lo mismo.

Según los análisis del sector turístico. Vigo es una ciudad en la que los visitantes pasan, de media, entre dos y tres días, así que si les coincide llegar justo en esas jornadas en las que el Casco Histórico de la urbe parece un set de The walking dead, ya saben que el dinoseto nunca cierra. Se puede hacer selfies, pero por ahora el matorral con forma de saurio no prepara pulpo á feira ni abre ostras con el alambre de su carcasa.

La sincronía con la que eligen su descanso los trabajadores de la hostelería viguesa la confirman, por ejemplo, el presidente de la Asociación de Hostelería de la Provincia de Pontevedra, César Ballesteros. El profesional apunta que es cierto que se da este escenario, pero también el contrario y lo dice con conocimiento de causa con ejemplos como Pura y Concha, el restaurante del Hotel Bahía que él mismo gestiona. «Nosotros, en verano, abrimos todos los días de la semana y en horario ininterrumpido», pero es consciente de que no todo el mundo puede hacerlo. El convenio regula un día y medio de descanso semanal del personal que se reparte en dos jornadas y debería ser continuo. «Ahí empiezan las dificultades porque si tienes un local pequeño y una plantilla ajustada, es más práctico cerrar, por ejemplo, domingo por la noche y lunes, que en teoría, es el de menos actividad».

Ítos Domínguez, que preside la Asociación Vigo Vello constata que su barrio es un erial. «Mucho más los domingos que los lunes. Es desolador», afirma. «Para comer, en la zona de la Colegiata solo abre uno y se hinchan a recibir gente. Llevamos unos años preocupados. Hasta nos lo comentó el alcalde, que si no nos podíamos poner de acuerdo para no cerrar todos a la vez. Es algo de lo que somos conscientes, pero no tiene fácil solución», admite.

Hasta hace tres o cuatro años, Vigo no era destino turístico y esa agenda hostelera importaba poco. Los residentes saben que domingo y lunes, en general en todo Vigo, no solo en el Casco Vello, la oferta es ínfima. «Menos mal que por lo menos lo advierten en el Facebook, porque yo me harté muchas veces de dar vueltas buscando un sitio», comenta Javier López sentado en la terraza del Don Gregorio.

Los más avispados deciden abrir el día en que ven que casi todos sus competidores cierran sus puertas, pero a veces se encuentran con la sorpresa de que tampoco tienen clientes porque ya se ha instalado la creencia de que no van a encontrar alternativa. «Fidelizar lleva tiempo y tiene un coste», advierte Ballesteros, que admite que es complicado meterse a regular ese tema porque para evitarse problemas, sobre todo en empresas pequeñas, los empleados prefieren la libranza dominical para conciliar vida familiar y laboral, lo cual es lógico desde ese punto de vista, pero no desde el de las que no son el sector y deciden salir a comer porque también es su día libre. «Evidentemente, se podría organizar mucho mejor, pero no es fácil. Desde el punto de vista asociativo se ha comentado alguna vez la idoneidad de poner en marcha una rotación pero necesita de una coordinación entre los locales que no se da. El diálogo para este tipo de cosas en el sector, sobre todo con el vecino, es bastante reducido», apunta.

De la fama de profesión esclava al «Cerrado por vacaciones» un mes entero, o más

La tendencia que en el Casco Vello es palpable, no es igual unos cuantos metros más hacia el mar. La asociación de comerciantes Zona Náutico, que aglutina a los del área de Montero Ríos, no sufre ese problema. Según Rubén Pérez, que la preside, la mayoría no cierra, si puede, ningún día. «El verano es temporada alta y los que se lo pueden permitir se las apañan para reforzar personal para no perder clientes cuando hay más demanda. Eso sí, cada uno se organiza su vida», apostilla.

En el sector hay otra tendencia que se afianza cada vez más. El «cerrado por vacaciones» que hasta hace unos años solo se veía en las grandes ciudades, es cada vez más común en Vigo. Los establecimientos, sobre todo tiendas de alimentación y hostelería que antes, como mucho, bajaban la persiana durante el puente del 15 de agosto enlazando con San Roque, ahora se van un mes o más.

César Ballesteros indica que se debe a que «era un sector poco profesionalizado, muy familiar, acostumbrado a sufrir, y si no facturas, te quedas más horas. Se vivía en el negocio». Muchas de esas empresas ya no cuentan con el respaldo familiar, con herederos que continúen por la misma senda. «Pagar empleados ya no compensa. Si haces cuentas, cuesta más tener abierto que cerrar. Ya no se puede competir con ese coste sin coste de toda la familia trabajando gratis», reconoce.

Además, los hosteleros ahorran de más maneras porque, por ejemplo, apagan las neveras y las facturas de electricidad descienden a niveles que les hacen muy felices.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Vigo

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

La incapacidad para rotar libranzas en hostelería daña al sector y al turismo