«Es un sueño vivir de jugar a videojuegos»

Miguel Gómez y Mario González son Bladecito e Imyurner0s, los mayores jugadores de Vigo


vigo / la voz

Basta un paseo por una escuela cualquiera para descubrir que muchos niños y niñas sueñan con ser gamers, streamers o youtubers. Para algunos, estas palabras suenan a chino; para otros, son una forma de vida.

Miguel Gómez es streamer, es decir, se graba en directo mientras usa videojuegos. Lo hace en la plataforma Twitch, donde lo ven de media 300 personas por minuto. Lleva desde el 2016 haciendo vídeos bajo el nombre de Bladecito y ahora tiene ya 42.916 seguidores.

Mario González fue jugador profesional de la League of Legends (LOL), una batalla por equipos en la que hay que destruir la base rival. Alterna su trabajo de enfermero en una residencia de ancianos con sus directos jugando al juego que lo hizo competir a nivel en Twitch. También compite de manera semiprofesional con un equipo de ESport (deportes virtuales) con otros cuatro jugadores de Vigo y uno de Santiago.

Se puede ganar dinero a través de Twitch de tres maneras: suscripciones, anuncios y donativos. Las suscripciones consisten en que los usuarios pagan para apoyar al creador de contenido que les guste; los precios van desde 5 dólares hasta 25 cada mes. Los streamers también pueden poner en sus directos pequeños anuncios, cobran en función del número de visualizaciones que tiene cada vídeo. Por último, los donativos consisten en el dinero que los usuarios les dan durante el directo a cambio de nada.

 Miguel Gómez comenzó a grabarse cuando estaba en el ciclo de informática. No tenía muchos seguidores pero lo hacía para divertirse. Ni siquiera sabía que se podía vivir jugando a videojuegos. El motivo que lo llevó a comenzar a grabarse fue una cuestión de orgullo herido: él estaba «en un foro del LOL y me veía mejor que el resto. Lo ponía por el foro y me decían que no presumiera, que no era verdad». Por eso creo a Bladecito, para «enseñarle a esa gente que realmente sabía jugar». Compartió ese canal por el foro y, poco a poco, «fueron admitiendo que jugaba mejor que la mayoría».

Jugar y trabajar

Desde ahí fue creciendo hasta que en el año 2016 tuvo que parar seis meses. Terminó su ciclo de informática y firmó un contrato de prácticas de medio año como técnico de Vodafone. Dejó de jugar porque «trabajaba con un ordenador y al volver a casa lo último que quería ver era un ordenador».

Cuando terminó en la teleco, sin otro trabajo, decidió dedicarse a los videojuegos plenamente. Se levantaba pronto para dejar «currículos en muchos sitios», cuando volvía a casa se grababa jugando y después por la noche lo volvía a hacer. Pasaba ocho horas delante del ordenador. Por esas fechas, sus padres no lo llegaban a entender del todo, le decían esa cantinela que escuchan muchos niños: «Deja de jugar a videojuegos y sal de casa».

La Universidad tiene un equipo de videojugadores

p. r. v.

Típica película de cine para adolescentes: un deportista guapo se enamora de una chica tímida. Pero no juega al baloncesto, ni al fútbol americano; no: juega a videojuegos para su universidad. Quién sabe, puede que este sea el argumento de una película en un futuro cercano.

Ya van tres años en los que las universidades españolas compiten en la liga nacional de videojuegos, juegan a los tres más famosos en el mundillo de los ESports (videojuegos para competir): League of Legends, Hearthstone y Clash Royale.

Thunders UVigo es el equipo de la Universidad viguesa. Este año han quedado entre los 8 mejores equipos de Hearthstone, un juego on-line de cartas coleccionables, de España.

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Ese año su esfuerzo dio sus frutos y llegaron los primeros ingresos. Ganaba entre 100 y 400 euros cada tres meses. También llegaron los primeros viajes pagados a convenciones y eventos de videojuegos por toda España e incluso fuera. «Mis padres vieron que yo podía vivir de ello, desde entonces siempre me apoyaron por completo, tuve mucha suerte con ellos», cuenta Miguel Gómez con orgullo. Aunque el momento en el que realmente se creyó que podía vivir de jugar fue cuando empezó a ganar entre 400 y 800 euros al mes, porque le llamaban marcas y patrocinadores.

Mario González tampoco empezó por dinero a grabarse jugando. Después de ver cómo lo hacían otros quiso probarlo porque le «parecía divertido esa forma de jugar». La primera vez que hizo un vídeo, «me gustó mucho y a la gente le encantó». Poco a poco sus seguidores fueron subiendo hasta los 3.035 aficionados que tiene hoy. La cifra es baja «para poder vivir de los videojuegos», reconoce, pero aspira a «poder llegar a vivir de jugar» en un futuro.

La vida de un profesional

La rutina diaria de Bladecito es siempre la misma. Se levanta tarde porque no le gusta madrugar. Hacia el mediodía siempre graba unas horas. La tarde la dedica a su vida privada y la noche la reserva a «jugar hasta que me entra el sueño», porque para él la noche es «el mejor momento para jugar». No elige los videojuegos en función de los gustos de sus seguidores, sino que juega «a lo que me apetece».

Ahora, sus streamings son de Fortnite, el juego que está arrasando en todo el mundo. Espera que en un futuro pueda participar en los torneos de este juego que organiza el mayor youtuber -una persona que vive de sus vídeos en la plataforma Youtube- de España, El Rubius, con los creadores de contenidos web más importante del mundo latino. El último, celebrado el mes de junio pasado, batió récords: 28 millones de visualizaciones en las primeras horas del torneo. Bladecito espera «poder llegar a participar en torneos así».

Una grieta al país de las maravillas

P. Rodríguez villar

El primer bar de videojuegos de Vigo se ha convertido en un lugar de reunión para los jugadores de toda la ciudad

Alicia está sentada en un árbol. Está aburrida. Piensa sobre el origen del aburrimiento y no lo entiende. Un conejo blanco pasa fugaz a su lado. Si Alicia no se equivoca, lleva puesto un chaleco y una chaqueta. No aguanta la curiosidad por conocer al conejo que viste como un hombre. Lo sigue con la mirada mientras salta dentro del tronco. Listo, no tiene escapatoria, piensa Alicia. Se acerca al tronco y no ve nada, se acerca más, mete la cabeza y todo está oscuro. Se mete dentro y se cae. Lo hace durante un buen rato y luego choca contra el suelo sin hacerse daño. Alicia llegó a un mundo sin aburrimiento, al de la maravillas, como lo llamó Lewis Carroll.

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La vida del streamer casi no tiene gastos. Hacienda los considera autónomos y les obliga a tributar «el 30 % de nuestros ingresos», dice Miguel Gómez. Por eso, explica Bladecito, hay muchos youtubers que se marchan a Andorra, ya que allí solo pagan «un 10 % a Hacienda». Reconoce que en sus planes no está mudarse al país de los Pirineos.

Los únicos viajes que tiene planeados son los que tiene pactados con las empresas. La semana que viene se va a Londres a un evento del juego de supervivencia, PlayerUnknown’s Battlegrounds, en el que llegó a competir de manera profesional.

El consejo que Bladecito les quiere dar a esos niños que sueñan con vivir jugando a videojuegos es que «tienen que ser constantes y disfrutar haciéndolo». Avisa que se tienen que olvidar de «empezar con la mentalidad de ganar dinero porque así no van a ningún lado». Cree que para destacar en este mundo es necesario tener una mezcla de «carisma y destreza».

Mario González ha creado junto a cuatro amigos de Vigo y uno de Santiago un equipo para competir en los torneos de League of Legends a nivel español. Después de jugar para los mejores equipos del país decidió retirarse un tiempo. Fue ahí cuando creo el equipo con estos amigos porque «tenían mas nivel que los otros equipos de Galicia». Así nació Olivanders, que toma su nombre del vendedor de varitas mágicas de Harry Potter.

No son profesionales porque no ganan dinero jugando y porque les faltan dos figuras esenciales dentro de la plantilla de un equipo de ESports, el entrenador y el psicólogo. El primero es el encargado de fijar una estrategia, mientras que el segundo trata de liberar la presión de los jugadores, mejorar la comunicación y ayudar a optimizar la relación entre los miembros. Mario González cree que ahora mismo un equipo profesional no podría sobrevivir en Vigo hasta que las grandes empresas se vayan metiendo, «sobre todo los equipos de fútbol, que será pronto».

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