Una grieta al país de las maravillas

El primer bar de videojuegos de Vigo se ha convertido en un lugar de reunión para los jugadores de toda la ciudad


vigo / la voz

Alicia está sentada en un árbol. Está aburrida. Piensa sobre el origen del aburrimiento y no lo entiende. Un conejo blanco pasa fugaz a su lado. Si Alicia no se equivoca, lleva puesto un chaleco y una chaqueta. No aguanta la curiosidad por conocer al conejo que viste como un hombre. Lo sigue con la mirada mientras salta dentro del tronco. Listo, no tiene escapatoria, piensa Alicia. Se acerca al tronco y no ve nada, se acerca más, mete la cabeza y todo está oscuro. Se mete dentro y se cae. Lo hace durante un buen rato y luego choca contra el suelo sin hacerse daño. Alicia llegó a un mundo sin aburrimiento, al de la maravillas, como lo llamó Lewis Carroll.

En La Grieta Bar Gaming, el primer bar de videojuegos de Vigo, no hay troncos ni conejos, solo pantallas y gente, mucha gente. Cuando entran por la puerta del pequeño local de la calle Tomás A. Alonso llegan a un pequeño mundo aparte del resto de Vigo, recuerda a ese famoso armario de Narnia. Pero con puerta de cristal, es lo que tiene la modernidad.

Son las ocho de la tarde de un día cualquiera de verano, y el local está lleno. Parece un bar cualquiera durante un Celta-Dépor. La gente grita, discute y todo, mientras bebe agua o cerveza, para gustos colores. Aunque con una diferencia: en La Grieta se grita con cada punto o baja conseguida jugando, se discute sobre qué Pokémon es más fuerte y se beben muchas más bebidas energéticas que en un bar normal. En la barra hay cinco adolescentes, cuatro chicos y una chica, la única del local. Álex Domínguez y Anxo Táboas debaten sobre el nuevo juego de Disney, Kingdom Hearts. Vienen a La Grieta desde hace tiempo porque aquí encuentran «gente que tiene nuestros gustos». David Rodríguez bromea con el dueño sobre lo serio que se pone con las entrevistas. A él La Grieta le cambió su ritmo de vida: ahora sale de casa «mucho más».

Es un lugar para desconectar y para vivir con otros la magia de los videojuegos, esos minutos en los que, si no piensas, puedes ser otra persona, desde el destructor del Olimpo hasta un simple fontanero vestido de rojo y azul. «¡Alejandro apúntame para ordenador!», grita un cliente desde la televisión. El dueño lo coloca mentalmente en la lista de espera de los ordenadores, codiciados por todos excepto en días de torneos importantes.

Alejandro Pérez apostó por este micromundo entre la realidad y la ficción cuando estaba en paro. Ahora sonríe viendo la pequeña familia que ha creado sin llevar chaleco ni chaqueta, solo con abrir la grieta a un pequeño país de las maravillas.

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