Tres siglos de los fuegos de Bouzas

Hay documentación sobre el espectáculo pirotécnico desde el siglo XIX y una tradición que se remonta al XVII

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Vigo / La Voz

Esta noche la ría de Vigo se asoma para disfrutar de los fuegos de Bouzas, una tradición cuya memoria se pierde en las brumas del tiempo. Porque el espectáculo pirotécnico está documentado desde mediados del siglo XIX y hay quien incluso sitúa su origen hace casi cuatrocientos años.

Como es evidente, aquí nadie descubrió la pólvora. Eso lo hicieron los chinos hacia el siglo IX. Su invención no evitó que fuesen invadidos por los mongoles, quienes trajeron luego el polvo explosivo hacia Occidente. Se cree que los árabes la introdujeron en Europa y por esa razón es tan fuerte la tradición pirotécnica en lugares como el Levante ibérico, donde la islamización fue muy intensa.

Por lo tanto en Galicia llegamos tarde a la pólvora, aunque no lo parezca cuando escuchas las bombas de palenque en las más de treinta mil aldeas del país. Si se reuniese en un solo presupuesto el dinero que Galicia funde en cohetes en las fiestas patronales, podríamos permitirnos una agencia como la NASA. Pero nuestro programa espacial es más minifundista.

En el siglo XV, ya hay en Valencia leyes para regular la pirotecnia, mientras que en Galicia no hay noticias de lo mismo. Sin embargo, las propias fiestas de Bouzas podrían tener su origen en otra modalidad de las fiestas con pólvora: la arcabucería, en la que se disparan armas con salvas. Esta variedad triunfa en las fiestas de moros y cristianos del Levante. Pero, según contaba el cronista Lalo Vázquez Gil, el origen de los fuegos boucenses fue algo similar, en el siglo XVII. Según esta hipótesis, en 1605 se festejó en la villa el nacimiento en Valladolid del primer hijo varón del rey Felipe III. En la fiesta estaba el obispo de Tui y sus arcabuceros comenzaron a disparar salvas de honor, mientras los vecinos quemaron troncos, ramas y alquitrán. Aquella fiesta del fuego podría ser el precedente más antiguo de los fuegos de Bouzas.

Sin embargo, la primera noticia precisa sobre el espectáculo es mucho más reciente. Aparece en 1861 y fue descubierta por el historiador Fernández Fandiño en su obra Bouzas, historia de la villa. En una crónica, se recoge que «se han celebrado las novenas con la mayor solemnidad, anunciándose la primera con un repique de campanas y un crecido número de fuegos artificiales que hacían salir de sus lugares a los habitantes».

Poco después de esta crónica, ya eran habituales los fuegos en las fiestas de toda la ría. Cuando Jules Verne visita Vigo en 1878, hay una verbena que incluye un espectáculo pirotécnico. Así lo cuenta un periódico: «La noche del sábado, el paseo del Campo de Granada estuvo nutrido como nunca y en él campeaba en mayoría el bello sexo, dándole realce y animación», dice el periodista de antes del movimiento MeToo. «A la luz de los cohetes de campamento, se veía el más caprichoso y adorable conjunto de cabezas humanas», continúa el cronista, que resume que «El fuego artificial estuvo bueno y fue de mucho gusto».

El diputado francés Edouard Raoul Duval, que acompaña a Verne, se admira en una carta de los hermosos fuegos de artificio de las fiestas de Vigo: «Por la noche, en el paseo hay música y fuegos artificiales (…) Encontramos de todo en la bahía de Vigo, incluso el esqueleto de una enorme ballena, muy bien iluminada por farolillos; hay una multitud tan grande que parece que estamos en una ciudad de 150.000 almas cuando en realidad son quince o dieciséis mil».

Curiosamente, una verbena con estas características ya no la podemos encontrar en el centro de Vigo, y sí pervive en la noble villa de Bouzas, que ha convertido sus fiestas en las de toda la ciudad.

Precisamente este año los fuegos de Bouzas rendirán homenaje a Jules Verne, en el 140 aniversario de aquella primera visita y en el sesquicentenario de la entrada del Nautilus en la ría de Vigo, en 20.000 leguas de viaje submarino.

Entre tanda y tanta de cohetes, se leerán textos escritos por el autor de Nantes. Y es que los fuegos de Bouzas son más que centenarios. Y esta noche, desde todos los balcones y miradores de la ría, seguiremos la tradición de contemplarlos.

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