Escenas de un desfile nazi en Vigo

La despedida de los soldados de la Legión Cóndor en mayo del año 1939 dejó estampas terribles y las imágenes del fotógrafo Hugo Jaeger

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Vigo

E l 26 de mayo de 1939, el ejército de Adolf Hitler hizo en Vigo una demostración internacional de fuerza con la despedida de la Legión Cóndor, la fuerza enviada por Alemania en apoyo a la insurrección del general Franco. Durante la Guerra Civil, aportaron su fuerza aérea a los sublevados, participando en abril de 1937 en el bombardeo de Guernica, la primera ocasión en la historia en que la aviación atacó a población civil.

El 23 de mayo, llegan a la ciudad olívica cinco trasatlánticos germanos para trasladar a las tropas. Se trata de los cruceros Robert Ley, Wilhel Gustloss, Der Deutsche, Sierra Córdoba y Stuttgart. Los dos últimos atracan en los muelles mientras que los otros tres fondean en medio de la ría. El Stuttgart desembarca material quirúrgico y medicamentos, regalo del Führer al Caudillo. También trae 600 toneladas de harina como obsequio al Auxilio Social.

La prensa del momento canta las grandezas de la flota de transporte del Reich: «Estos buques pertenecen a la Asociación del Frente del Trabajo, denominada La Fuerza por la Alegría, merced a la cual y mediante una módica cuota, pueden efectuar los obreros alemanes frecuentes viajes marítimos por todo el Continente, aprovechando las vacaciones». En apenas unos meses, serán las tropas de la Wehrmacht las que ‘viajarán’ por toda Europa, desde los Pirineos a los Urales.

En la noche del 23 de mayo sucesivos trenes comienzan a desembarcar en la estación de ferrocarril a las fuerzas nazis, comandadas por el Barón Richthofen, que era primo del Barón Rojo, el célebre piloto alemán de la I Guerra Mundial. Richthofen era, además, amigo personal del Mariscal del Reich, Hermann Goering. Mientras van llegando los más de seis mil soldados alemanas, repartidos en diez trenes, se suceden en Vigo los festejos, con homenajes a Franco y al general Antonio Aranda, al que se nombra hijo adoptivo de la ciudad.

El jueves 25 de mayo se celebra el acto principal de despedida de los escuadrones Cóndor, con un desfile por el centro de Vigo en el que marchan los seis mil soldados de la Wehrmacht y de la Luftaffe, desde la calle Urzaiz hasta el Paseo de Alfonso. «Al paso de los voluntarios alemanes por las calles viguesas ?relata una crónica local- el público les hacía objeto de grandes muestras de afecto, aplaudiéndoles con entusiasmo, victoreando repetidamente a Alemania y a su Caudillo Hitler».

Una parte del entusiasmo sería sincero, pues había en la ciudad una fuerte corriente de simpatía hacia Alemania en ese momento. Pero muchos ciudadanos salieron a la calle por miedo. Recordemos que, mientras se celebraba el desfile, en la cercana isla de San Simón había presos republicanos a quienes se «paseaba» y ejecutaba sin juicio, arrojando sus cadáveres a la ría. Además, no existía la opción a la discrepancia. De hecho, el alcalde Suárez Llanos publicaba esta nota: «Los vigueses, que tienen el honor de poder testimoniar por última vez la gratitud de España a la noble Nación Alemana, acudirán todos a despedirlos. Así lo espera vuestra alcalde. Saludo a Franco», rezaba el decreto municipal.

Miles de ciudadanos llenaron las calles y acudieron al puerto a despedir a las tropas nazis. Y el alcalde Suárez Llanos enviaba «afectuosos y fraternales saludos de Vigo al Führer». En justa correspondencia, el alcalde recibía de Von Richthofen un retrato de Adolf Hitler, enviado expresamente por Hermann Goering como regalo a la ciudad. No se conoce el paradero de esta obra, que suponemos que se convirtió en un objeto incómodo tras la derrota de Alemania en 1945.

Mientras tanto, los diarios no escatimaban elogios. Algunos redactores parecían entrar en trance: «bajo la suprema y providencial inteligencia del Caudillo Franco, salvó a España, a Europa y a la Civilización de la destrucción y de la muerte», afirma la prensa sobre el general Aranda. Cuando los legionarios Cóndor van embarcando, los vapores pesqueros de la ría salen a saludarlos, haciendo sonar sus bocinas.

En la Filmoteca de Alemania en Berlín se conserva metraje sobre esta despedida, así como de la colosal recepción de los soldados alemanes en Hamburgo. También hay imágenes de Pacheco, que conserva el Concello de Vigo. Y, sobre todo, algunas de las primeras fotografías en color tomadas en Galicia, que fueron hechas por Hugo Jaeger, fotógrafo personal de Adolf Hitler, que decidió enviarlo a Vigo para inmortalizar el momento.

Tras la pasión vivida en Vigo y los homenajes a Hitler, en apenas unos meses se desataría la Segunda Guerra Mundial. Dejando al mundo ante uno de los momentos culminantes de su capacidad para la barbarie.

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