En busca de las joyas botánicas de Vigo

Soledad Antón García
soledad antón VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Árboles singulares de Vigo
Belén Araújo

El parque de Castrelos, junto con el del castillo de Soutomaior, concentran el mayor número de árboles singulares de la comarca, que tiene 18, todos ellos plantados hace más de un siglo

25 jun 2018 . Actualizado a las 11:35 h.

Tamaño, edad, significación histórica o cultural, rareza... Son algunas de las características que se tienen en cuenta a la hora de adjudicar a un árbol la categoría de singular. En la comarca de Vigo son 18 las reliquias botánicas, 7 de ellas en la ciudad, que bien por su valor natural, científico, didáctico o paisajístico forman parte del catálogo de ejemplares merecedores de tal calificativo.

La Xunta de Galicia dio un importante paso en la protección de este patrimonio natural con la creación del citado catálogo hace algo más de once años (marzo del 2007), con el fin de garantizar su conservación.

Carmen Salinero, bióloga, responsable del servicio de fitopatología del centro Areeiro, y una de las más importantes autoridades en la materia, señala que dicha protección llega a tales límites que no solo incluye la prohibición de podas, sino de cualquier corte de ramas por mínimo que este sea. «Hasta para recoger muestras con el fin de conocer su estado es obligatorio pedir permiso», señala.

Entre los 7 árboles singulares con que cuenta Vigo, el olivo del paseo de Alfonso XII es, por su significado, el más representativo, hasta el punto de que forma parte del emblema heráldico de la ciudad. Con una edad estimada de 200 años, parece probado que procede de una rama que a principios del XIX Manuel Ángel Pereyra plantó en su jardín tras arrancársela al viejo olivo del atrio de la antigua Colegiata cuando esta fue demolida para construir la nueva. Antón Lois, ecologista, portavoz de Amigos da Terra, recuerda que eran precisamente las torres de la iglesia y el árbol lo primero que distinguían los marineros desde la ría, de ahí lo de ciudad del olivo.

Pero es el parque de Castrelos el que alberga más joyas verdes, cuatro en total, las mismas que otro escenario de la comarca, el jardín botánico del castillo de Soutomaior. Antón Lois pone el acento en el hecho de que si algo define a la mayoría de los ejemplares es su exotismo. «Salvo contadas excepciones, todos son de especies foráneas. Apenas hay tres o cuatro autóctonas», dice. Es el caso del olivo y del haya de unos 130 años de edad y más de 45 metros de altura y una copa de casi 25. El resto son originarias de Japón (camelias), Estados Unidos (tulipero, secuoya y tuya), Australia (eucaliptos), Malasia y Polinesia (casuanira), cordillera de Los Andes (araucaria)...

Cuestión no menos relevante, afirma Antón Lois, es que se trata de un patrimonio que aunque ahora crece en espacios públicos, nació en terrenos privados. De hecho, son los jardines de los pazos y castillos los que albergan el mayor número de árboles singulares.

Ninguno de los que figura en la nómina tiene menos de 100 años. Es la edad de la última incorporación, el ombú del IES O Castro. Se trata de uno de esos casos en los que se tuvo en cuenta su interés didáctico. Se descubrió cuando se inició la construcción del centro y terminó por condicionar el desarrollo de la obra, ya que se sacrificó parte del proyecto para conservar el majestuoso ejemplar. Sin embargo, la Xunta, que primero lo denegó, tardó seis años en reconocer su singularidad. «Solo el empeño de Xosé Ramón García, considerado uno de los mejores guías de plantas de la comunidad lo hizo posible», asegura Antón Lois. Es el primero de su especie en toda la provincia y uno de los tres de Galicia.

Cualidades más que especiales tiene también la araucaria araucana del jardín botánico de Soutomaior. Se estima que su plantación se remonta al último tercio del siglo XIX, época en que heredaron la propiedad los marqueses de Vega de Armijo. «Es una de las araucarias más antiguas de Europa», asegura Carmen Salinero.