A Pedra llora a su penúltima ostrera

Con la desaparición de María Seoane, su hermana Isabel se convierte en la única superviviente de las cinco trabajadoras

.

vigo / lA voz

Las ostreras de Vigo desaparecen y con ellas una parte de la historia de la ciudad. La última en irse ha sido María Seoane Amoedo (Arcade, 1932), quien falleció este fin de semana. María y su hermana Isabel eran las últimas supervivientes de aquel grupo de mujeres que hicieron de A Pedra todo un símbolo y en la que también estaban Hermitas (así, con hache), Isaura y Carmen. Unas fallecieron y otras lo dejaron antes por jubilación. La dureza de la profesión sin duda hizo mella.

María aguantó casi sesenta años al pie de la calle Pescadería (calle de las ostras). Nadie como ella conocía la estrategia para abrir una ostra. Hace meses sufrió una caída, se rompió una cadera y a partir de ahí surgieron complicaciones y su salud cayó en picado.

«Desde los doce años cogía ostras a mano con mis abuelos, igual que se coge ahora la almeja. Mi abuela ya las vendía en Vigo. Su vida estuvo ligada siempre a A Pedra, era tremendamente trabajadora», comenta su sobrino, José Alberto Rodríguez Seoane, casi como un hijo para María. No se cansa de elogiar la vida de su tía y la de su madre Isabel.

«Iba todo los días a Vigo, con frío y con lluvia, abría el paraguas y atendía igual, pero no dejaba de acudir. Al principio solo estaba el bar La Marina y, a raíz de ponerse ellas, se fueron abriendo más locales», añade el sobrino. María y el resto de las ostreras fueron auténticas pioneras de mujeres trabajadoras. «Ahora este tema está muy de moda, pero antes era infrahumano, no protestaban, iban como a un deber», apunta José Alberto Rodríguez.

Ese esfuerzo fue lo que llevó a José Manuel Tobío, vecino del Casco Vello, a solicitar al Gobierno la medalla de oro al mérito en el trabajo. Su tesón hizo que les fuera concedida en el 2013 y que lo compartieran con conocidos personajes como José Manuel Lara y Arturo Fernández. El acto de entrega del galardón en Madrid fue una de las últimas veces que se vio a María en público. A la capital española acudió con su hermana Isabel y recogieron el premio de manos de la entonces ministra de Trabajo, Fátima Báñez. A la hora de conceder la distinción, el Ministerio de Trabajo tuvo en cuenta el más de medio siglo que han estado las ostreras al pie del cañón contra viento y marea.

A Tobío le queda la pena de que no se haya cumplido otra de sus peticiones, la colocación de una placa en la calle de las ostras con los nombres de las mujeres que hicieron de ese lugar el mayor reclamo turístico de Vigo. Presiente que si se llega a cumplir algún día ya no quede ninguna de estas heroínas. A medida que han ido desapareciendo, los hombres las han relevado en los puestos hasta el punto de que en la actualidad solo queda Isabel. Hay días en que ni siquiera ella. Si por cualquier circunstancia falla, también la sustituye un ostrero. De momento piensa seguir hasta que el cuerpo aguante. Es su vida y tirará para adelante, como lo hizo su hermana. Igual que sus compañeras, María tenía la distinción de Viguesa Distinguida, que otorga el Concello. También recibieron la insignia de oro del Concello de Soutomaior, al que pertenece Arcade. Fue en el 2008 con motivo de la Festa da Ostra.

Votación
19 votos
Comentarios

A Pedra llora a su penúltima ostrera