Los narcos intensifican sus reuniones en grandes áreas comerciales de Vigo

Servicios, párkings y cafeterías son sus espacios preferidos para hablar con discreción


VIGO / LA VOZ

El narcotráfico es invisible, mudo. Es una industria millonaria que se mueve en la sombra y que se reinventa diariamente para que sus protagonistas no acaben entre rejas. Pero gestionar desde España un alijo de cocaína procedente de Colombia, Venezuela o Ecuador implica numerosas reuniones y contactos telefónicos al otro lado del Atlántico que sí dejan huella. Un rastro que, policialmente, se convierte en el mejor arsenal para desmontar a estas organizaciones criminales. Vigo, por su condición de mayor ciudad de Galicia, por disponer del único aeropuerto de la provincia de Pontevedra y por estar muy próxima a los puntos más calientes del narcotráfico en Galicia (la comarca arousana), se ha convertido en un lugar de referencia para los empresarios de la coca, que se citan regularmente en los centros comerciales de la ciudad para hablar camuflándose entre la ciudadanía.

La cafetería y el párking del centro comercial más obvio y transitado de la ciudad es un lugar especialmente vigilado. Lo cuentan abiertamente en la Policía Nacional, que ha dado cobertura a esos encuentros con agentes de paisano. La tendencia no es nueva, el mismo Sito Miñanco, antes de ser detenido en febrero, también fue retratado en numerosas reuniones en la cafetería de una gran superficie en Marbella. Pero en el caso de la ciudad olívica, el caso más ilustre fue el de Julio Peñaranda, «uno de los narcos más importantes de Colombia hasta su detención», según se hace constar en las diligencias de su arresto en el 2017. «Peñaranda también utilizaba los servicios para comunicarse por teléfono o con otras personas para garantizar que nadie los vea o escuche», añaden los investigadores en sus informes.

Explican en la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) que el diseño del edificio de un moderno y céntrico complejo comercial facilita sobremanera las reuniones. «Tiene varias plantas, el aparcamiento, las terrazas exteriores, el perímetro peatonalizado o negocios que dan vida al centro comercial, todo facilita las reuniones», exponen en la comisaría de Vigo antes de añadir: «Prefieren acudir en las horas de mayor afluencia, así pasan más desapercibidos. Aunque ellos no lo saben, al final actúan todos igual a la hora de tomar medidas de seguridad para evitarnos». A las vigilancias sobre el terreno hay que sumar las imágenes que recogen los sistemas de videovigilancia de cada superficie comercial de la ciudad. Hay un gran perímetro de vigilancia y muchas salidas.

En el caso de otro centro comercial en las afueras, añaden las mismas fuentes, «las personas que se citan en su aparcamiento utilizan las diferentes alturas que tiene el párking para tomar medidas de seguridad y descartar si alguien les está siguiendo». En otro de los más modernos y próximo al centro se han dado casos de hacer vigilancias de reuniones en las salas de cine mientras se proyecta alguna de las películas en cartelera. El aparcamiento del Instituto Ferial de Vigo (Ifevi) cumple las mismas características que las citadas áreas comerciales: recinto exterior y concurrido en numerosos días al año para caer en la invisibilidad.

La comarca de O Baixo Miño también es una zona estratégica. Conserva un movimiento soterrado y regular de encuentros para el transporte de mercancías ilegales. Antes eran productos inocuos para la salud, ahora es droga. En las proximidades de la frontera con Portugal hay algún lugar obvio para citarse. Así lo dice la experiencia de los agentes que investigan el narcotráfico. «En muchas ocasiones se trata de gallegos y portugueses, en otras son gente de la zona, de Tui, A Guarda, de la comarca en general. Pero sí es un punto de referencia para estas personas cuando tienen que verse cerca de la frontera. Incluso son numerosas también las veces que se desplazan personas de Vigo para reunirse ahí».

Paseos, playas y miradores

Ya sea en O Morrazo, o entre Vigo y A Guarda, se suceden las citas. Casi todas responden a un mismo perfil: reuniones improvisadas que no pocas veces se cierran en función de las condiciones meteorológicas del día. Algunas cafeterías de Playa América son un ejemplo, igual que el propio paseo. «Son dos personas hablando, paseando tranquilamente y controlando que -añade la Udyco- nadie esté lo suficientemente cerca para oír sus conversaciones. La realidad es que ni ellos mismos saben qué métodos tenemos para enterarnos».

«Aunque ellos no lo saben, a la hora de tomar medidas de seguridad casi todos actúan igual»

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