El padre de la unidad de reproducción asistida del Xeral se pasa a Fátima

La sección afronta el reto de absorber una demanda creciente con una lista de espera de un año y medio

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Vigo / la voz

En el año 2001 echó a andar en el viejo Hospital Xeral la unidad de reproducción asistida. Era la segunda que existía en la sanidad pública gallega y llegaba a Vigo una década después de que se estrenase en A Coruña. Al frente de aquella unidad estaba el ginecólogo Domingo Vázquez Lodeiro. Ahora que la unidad de reproducción asistida del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo está a punto de cumplir la mayoría de edad, el que se emancipa es su fundador. El médico ha sido fichado por el hospital privado Nuestra Señora de Fátima.

El ginecólogo ha pedido una excedencia voluntaria al Sergas y abandona su cargo de jefe de sección. La próxima semana se estrenará en la clínica del grupo Vithas, según confirma él mismo.

«El primer proyecto de montar una unidad de reproducción asistida en Vigo lo presenté en el año 1991. Aún lo tengo. Hasta el 2000 no conseguí que se pusiese en marcha. Ahora espero que le vaya muy bien, porque todo esto ha sido un algo muy personal», ratifica Domingo Vázquez Lodeiro, algo abrumado por dejar la sanidad pública después de tantos años. Su decisión es puramente personal.

La unidad se creó en el anexo II del Xeral, en la calle Pizarro, y allí sigue. Es de lo poco que no se movió con la apertura del Álvaro Cunqueiro, porque todavía se conservaba en buen estado e incluso se había ampliado. Cuando nació, era una necesidad social evidente, ya que la mitad de los ciclos que se hacían en la unidad que tenía el hospital Juan Canalejo, como se llamaba entonces, procedían de Vigo. La tercera unidad del Sergas, la de Santiago, no llegaría hasta el año 2013, y con su apertura absorbió a las pacientes del norte de la provincia. Vigo sigue siendo referencia para Ourense.

En torno a dos millares de bebés han llegado al mundo gracias a esa unidad, desde el primero, una niña que nació en octubre del 2001. La actividad ha sido creciente. «En el 2016 hicimos 386 punciones, que son más de las que hacen Santiago y A Coruña, además de medio millar de inseminaciones», dice Vázquez Lodeiro, que ya ha recogido los bártulos del Xeral y prepara su desembarco en Fátima. En la calle Pizarro lo ha sustituido otra ginecóloga.

Uno de los retos que mantiene la unidad pública es lidiar con una lista de espera enorme. Desde que una mujer se apunta hasta que consigue que la traten transcurre alrededor de un año y medio. La demanda es altísima. Al calor de esa necesidad social han nacido unidades privadas. En Vigo están las de la clínica Pintado (de 1990, la primera), la del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) y la de Fátima. En la pública no se hacen ciclos a mujeres que superan los 40, al contrario de lo que ocurre en la privada, donde las clínicas lo intentan hasta los 50. El problema es que la reserva ovárica desciende drásticamente desde los 35 y, sobre todo, desde los 38. También la calidad de los óvulos.

Vázquez Lodeiro explica que el proyecto original de la unidad de reproducción asistida lo integraban dos ginecólogos, una bióloga y dos enfermeras. Esos planes se han visto desbordados por la realidad. Actualmente la unidad está compuesta por una docena de personas de distintas disciplinas, aunque solo cuenta con un ginecólogo, de modo que será difícil reducir la lista de espera y, si no se mantiene un volumen de actividad alto, podría crecer, ya que la demanda es fuerte.

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