Culpados que buscan culpables

Viven en la calle, tienen un par de euros en el bolsillo y son rehenes del pasado: «Pero pacíficos, no todos somos iguales»


VIGO / LA VOZ

Imagine que se levantan cada mañana y solo ve, las 24 horas del día, caras de asco y desprecio. Plantéese eso los 365 días al año y empezará a entender qué pasa por la cabeza de un sintecho. «Muchos acaban enganchados a los tranquilizantes que compran en la calle para soportar tanto rechazo y miseria. A eso hay que añadir otras cosas», razona Deli, persona de mirada honesta que hace también madre o padre putativo de cada hombre o mujer que visita la caravana de Érguete (dentro del programa Sísifo) para recoger diferentes tipos de ayuda. Desde bocadillos, café o latas, a un «buenos días» acompañado de una sonrisa. «La marginalidad no puede resolverse marginando, son personas, muchas enfermas», razona Deli ante el malestar vecinal.

José Manuel no llega a los 40 años y lleva ya demasiado tiempo viviendo en la calle. «Aparco coches para buscarme la vida, por las noches duermo en una casa ocupa, somos cuatro. Tengo un hijo de 11 años, pero vive con su madre. Yo no tengo nada». También sabe que no son bienvenidos en el barrio: «Ni en este ni en otro. No gustamos. Lo que no puede ser es que paguemos justos por pecadores. Aquí, tomando el café que nos da Érguete, hay buen ambiente y gente de toda clase: alcohólicos, drogadictos, pero no se meten con nadie. Bastante tienen con no tener nada, ni afecto».

El olor a café atrae a varias decenas de sintecho. La mayoría no quiere contar su historia, ni salir en fotos. Algunos tuvieron una vida mejor y prefieren ocultar su presente. «El servicio que nosotros prestamos es la única muestra de humanidad que recibirán en todo el día. Puedo asegurar que lo primero que valoran es la sonrisa, el afecto, el respeto, el cariño, pero sobre todo el respeto, ya que ellos no tienen autoestima. Llegan en situaciones extremas, incluidos empresarios de éxito que se engancharon al caballo y lo perdieron, incluida la familia».

Rafael, de Córdoba, vive en Vigo desde hace años «por circunstancias de la vida». Tomando café, dice: «El resto del día me relaciono, comento algo con las personas que conozco y que no se meten con nadie. Mírame y seguro que puedes hacerte una idea sin mayor problema».

Nico Batoi quiere ser jugador profesional de ajedrez. Visita a Deli y su equipo más por el café y por la tertulia que por los bocadillos. Llegó a Vigo de su Rumanía natal para vivir cómo y dónde puede. «Soy divorciado, tengo dos niñas y les dejé la casa que tenía allí. Juego al ajedrez todo el día, llevo siempre el tablero y las fichas conmigo. A veces aparco coches hasta que me sale algo de lo que quiero, que es ser jugador profesional de ajedrez, no hago daño a nadie».

El compromiso de Deli en particular, y de Érguete en general, va mucho más allá de entregar bocadillos o café. «Los llevamos enfermos al hospital en nuestra furgoneta, algunos con sida o hepatitis. Ni tienen un móvil para que ser localizados para la próxima cita, ni tenemos todavía la plaza de aparcamiento, ¡o algo para estacionar!, en el Álvaro Cunqueiro, y eso que el gerente nos lo prometió. Así estamos, queriendo hacerles ver que pueden reincorporarse al mundo en medio de todo este rechazo social».

Cifran en 80 las personas que viven en una fábrica y un asilo abandonados en Beiramar

La calle Jacinto Benavente tiene grandes naves a ambos lados y de principio a fin. Algunas resisten al tiempo con actividad, otras en desuso y olvidadas hasta el punto de convertirse en guetos. Son los propios usuarios del servicio matutino de Érguete, Sísifo, los que indican, mientras señalan con el dedo, qué edificios dan cobijo a unas 80 personas que carecen de vivienda u otro lugar al que ir. Se trata, concretamente, de una fábrica y un asilo, ambos abandonados, en los que duermen 30 y 50 personas, respectivamente. «Eso sí que es el infierno. No hay agua, no hay nada, y la gente se mete ahí. Es un problema que resulta increíble que nadie resuelva. Lo mismo ocurre en el asilo, pero con más gente», expone otro vecino que reside desde hace meses un casa okupa.

En Érguete estiman que entre casas ocupadas y los dos edificios citados se concentra la mayoría de indigentes de la ciudad. Insisten en la importancia de tratarlos como persona para recuperarlos social y profesionalmente. Deli, coordinadora de Sísifo, expone sus conclusiones: «Es un gusto verlos llegar a la fundación. Dan los buenos días, se sientan, desayunan y leen la prensa. Ni una mala contestación, ni un mal gesto, nada. Todo lo contrario. Yo trabajo con seres humanos, no con sintecho, y eso es lo que falta. Lo dije en alguna ocasión, está muy bien humanizar las calles, pero a ver si humanizamos a las personas, que tampoco estaría mal. Por eso, cuando se escucha que en Vigo nadie duerme en el calle, eso evidencia que no pasea por Vigo lo suficiente. La realidad es otra muy diferente y mucho más triste».

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