Hitler nunca paseó por el Príncipe

Una investigación científica descarta la teoría de la conspiración de que el Führer huyó a América a través de Vigo

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Vigo

En abril de 1945, los alemanes dejaban abandonado en la estación de Linz un tren de mercancías cargado de oro. No fue un hecho casual en su acelerada retirada ante el avance soviético. Porque días después llegaba a la ciudad austríaca el Führer en persona, acompañado de su esposa, Eva Braun, y de algunos jerarcas nazis. Cuatro días más tarde, el 26 de abril, tomaba un nuevo avión con rumbo a Barcelona. De aquí, siguió camino por tierra hasta Vigo, donde se mantuvo oculto un tiempo hasta que pudo embarcar en un submarino U-boot, con el que llegó a la Patagonia argentina, donde residió por el resto e sus días, gracias al amparo del entonces ministro de guerra, y luego presidente, Juan Domingo Perón. Oficialmente, estaba muerto desde el 30 de abril de 1945, tras suicidarse en su búnker de Berlín. Pero el cadáver, en realidad, pertenecía a un doble. 

Tan rocambolesca historia, que incluiría al Führer paseando por la calle del Príncipe, aparece en un libro de investigación, El exilio de Hitler, publicado en 2010 por el periodista argentino Abel Basti. Y no es el único que ha fantaseado sobre la madre de todas las conspiraciones, con permiso de la misión Apolo XI y el delirio que afirma que fue un montaje. Porque la muerte de Hitler se ha discutido más que la huella del hombre en la Luna.

Pero Adolf Hitler no vivió refugiado en el monasterio de Samos. Ni huyó en submarino desde el puerto de Vigo. Tampoco aterrizó en una finca en los montes de Lugo. Aunque sobran teorías que lo aseguran. En la ficción, aparece en la genial novela Izan, o da saca de Xavier Quiroga (Xerais). Pero también en obras con pretensiones históricas como las del argentino Basti, la del peruano Eric Fratini, que habla de un vuelo secreto hasta Galicia; o la del británico Gerrard Williams, en su superventas Grey Wolf.

El Canal de Historia también ha trabajado lo suyo en difundir la patraña. En el año 2016 estrenó la serie documental Hunting Hitler, para la que desplazó un equipo de grabación a Vigo, que estuvo rodando en el embarcadero de mineral de Rande, en el puerto y en el cementerio de Pereiró, con las tumbas de los agentes nazis que allí están enterrados.

Sin embargo, por fin podemos olvidarnos de esta obsesión paranoica. Y certificar que Hitler nunca tomó ostras en A Pedra ni cenó chinchos en O Berbés. Murió donde dice la historia oficial, la única real: en su búnker de Berlín el 30 de abril de 1945 después tragarse una cápsula de cianuro y descerrajarse un tiro en la sien.

Un estudio revisado por pares en una revista académica acaba de tumbar las conspiraciones. Porque un equipo científico francés obtuvo permiso para examinar una mandíbula guardada en los archivos del servicio secreto ruso desde la década de 1940. El análisis publicado en European Journal of Internal Medicine sugiere que en este caso los rusos decían la verdad: Hitler se suicidó, los soldados de las SS quemaron su cuerpo, las tropas soviéticas encontraron los restos carbonizados y la mandíbula finalizó en Moscú.

El estudio titulado Los restos de Adolf Hitler: un análisis biomédico y una identificación definitiva relata como los investigadores franceses tuvieron acceso a la mandíbula en los archivos del FSB de Rusia, sucesor de la KGB , en marzo y julio de 2017.

El autor principal de la investigación, el profesor Philippe Charlier, habla de «una correspondencia anatómica y tecnológica perfecta». La conclusión fue corroborada por el análisis mediante microscopio electrónico de pequeñas muestras de los pocos dientes reales restantes de Hitler. En sus piezas postizas se hallaron manchas azules que pueden corresponder con una reacción química del cianuro.

Los investigadores franceses también descartaron un estudio de la Universidad de Connecticut , que en 2009 concluyó que la mandíbula era de una mujer y no de Hitler. Con aquella teoría equivocada, el History Channel hizo otra serie documental con el sensacional título Hitler’s Escape. También aparecía aquí Galicia como probable ruta para su huida hacia el santuario americano.

Además, la cadena de televisión se apoyó en unos 700 documentos desclasificados por el FBI en 2014. Que contenían información sobre la investigación secreta que hizo Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial para asegurarse de que Hitler estaba muerto. Que los documentos expresaban dudas fue suficiente para echar más paladas de fantasía a la teoría de la conspiración. El mismo director del FBI Edgar Hoover escribe en estos papeles: «Existe la posibilidad de que esté vivo».

Ahora, la nueva investigación echa por tierra todas las teorías. Hitler murió en su búnker de Berlín. Y, aunque en Vigo había una nutrida comunidad nazi durante la II Guerra Mundial, lo cierto es que su jefe supremo jamás estuvo de excursión por la ciudad. No, Hitler nunca paseó por la calle del Príncipe.

eduardorolland@hotmail.com

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