El pulpo podría crecer en Cíes

La zona de cría descubierta, sin embargo, no ha sido protegida


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Nuestra vida sigue pero ayer sucedió algo importante aunque ni nos dimos cuenta. Según el dato que anualmente brinda la New Economics Foundation, entidad de referencia sobre la sostenibilidad de los recursos mundiales, si tuviera que depender de sus recursos pesqueros propios el día 26 de mayo Europa los habría agotado. Equivaldría a decir que a partir de hoy y hasta que termine el año todo el pescado que consumiremos en Vigo, Galicia, España y Europa será capturado en aguas de otros continentes.

Dicho así, de manera global, es una cosa un tanto abstracta que quizás se comprenda mejor si lo aplicamos a una especie y un espacio más concreto y cercano. Vamos a centrarnos en una especie tan emblemática como el pulpo y un lugar tan conocido como las islas Cíes. Desde 1994, salvo alguna recuperación puntual, la tendencia general registra un constante descenso en las capturas de pulpo en las Rías Baixas. Uno de los factores de este descenso tiene que ver con el cambio climático y la reducción del afloramiento de nutrientes en las rías. El otro es la sobreexplotación.

Tardamos mucho en dar la señal de alarma entre otras cosas porque el pulpo seguía llegando a los mercados aunque más de un 75% (porcentaje que aumentó gradualmente) del pulpo que se decía «de la ría» o directamente no se decía de donde era, procedía de Marruecos, Mauritania y Guinea Bisáu por este orden. Esto se acabó. La renovación de los acuerdos pesqueros con estos países augura, en el mejor de los casos, una importante reducción de cuotas o lo que es lo mismo, el incremento de la presión sobre el pulpo autóctono que, como decíamos, tiene su población al límite del colapso. A medio plazo poco podemos hacer para revertir esta situación por la parte climática. Aunque empezásemos ahora mismo a tomar medidas drásticas contra el cambio climático, sus efectos tardarían décadas en empezar a notarse, eso, por supuesto, en el caso de que empezásemos ya a tomar medidas radicales, cosa que ni estamos haciendo ni figura en la agenda política como prioridad. En cambio hay medidas inmediatas que podríamos tomar que mitigarían el problema sensiblemente. El problema es que tampoco las estamos aplicando.

Pongamos un ejemplo concreto que tiene que ver con las queridas Cíes: Allí el proyecto Ecoparques liderado por Ángel Guerra, científico del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo descubrió una zona de cría absolutamente espectacular. Zona de cría, para entendernos, significa que desde allí los pulpos crecerán y colonizarán posteriormente el resto de la ría de Vigo y buena parte del resto. Se trata de una superficie marina equivalente a un par de campos de fútbol nada más, perfectamente localizada entre punta Escodelo y punta Ferreiro, en la cara noreste de la isla de Monteagudo. Allí cada señora pulpa pondrá individualmente cerca de medio millón de huevos, que parece mucho, pero apenas una docena llegarán a convertirse en adultos.

En circunstancias normales pensaríamos que a raíz de este importante descubrimiento dicha zona pasó a considerarse zona de reserva integral, y que dicha propuesta partió simultáneamente, por la cuenta que les tiene, del sector pesquero y las consellerías de Pesca y Medio Ambiente. Esto, decíamos, sería en circunstancias normales, pero hablamos del parque nacional en general y de las Cíes en particular.

Por supuesto dicha zona ni se protegió a raíz de los resultados del estudio ni figura años después como zona de reserva en el borrador del plan de uso y gestión. Si el propio Parque Nacional de las islas Atlánticas, el lugar con el (teórico) mayor rango de protección ambiental de Galicia hace caso omiso de sus propios datos científicos y se «olvida» de proteger una minúscula pero vital superficie marina en las Cíes para la supervivencia del pulpo y el sector pesquero no se lo demanda, pocas esperanzas tenemos sobre el futuro de la especie y de quienes viven de ella. Añadan a ello el furtivismo y la sobreexplotación del recurso por encima de sus límites de sostenibilidad y de las recomendaciones científicas y tenemos el panorama completo. Leíamos hace poco en estas páginas la noticia de que los altos precios del pulpo hacían que en los supermercados se etiquetasen con sistema antirrobo. El problema no es el precio, sino la extinción. La anécdota debería servirnos de advertencia: de seguir por este camino donde los veremos pronto no será en los mercados, sino en los museos.

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