La ría de Vigo se libra por ahora de la carabela portuguesa

Los responsables de la vigilancia en el Parque Nacional das Illas Atlánticas no tienen constancia de que se hayan visto


vigo / la voz

Numerosas playas de Levante, entre ellas algunas tan populares como las de Benidorm, se cierran estos días al baño por la presencia de ejemplares de carabela portuguesa, una especie muy similar a las medusas y altamente venenosa. En la ría de Vigo se han dejado ver en años anteriores. En concreto en la playa de Rodas de las islas Cíes, y hace más temporadas en arenales de O Morrazo. De momento, ni los expertos, ni los marineros, ni los propios usurarios de las playas han avistado ninguna.

«Como estamos con el tema de las basuras marinas, se hace un recorrido cada dos por tres por todas las islas y no se han visto. Siempre se hace el seguimiento en las playas. Pueden aparecer muertas o a la deriva, pero de momento no tenemos constancia de que haya. Aparecieron algún año muertas, pero vivas no», comenta el director conservador del Parque Nacional das Illas Atlánticas, José Antonio Fernández Bouzas.

La que sí suele aparecer mucho en la ría, incluido el parque nacional e incluso Samil, es la Velella, una medusa pequeñita azulada conocida también como vela de mar o vela púrpura. El hecho de que posea una vela que atrapa el viento le da propulsión y hace que se desplace kilómetros, según indica el responsable del parque nacional.

En opinión del biólogo e investigador del Instituto Español de Oceanografía de Vigo Julio Valeiras, hay un poco de mito en torno a la carabela portuguesa, aunque reconoce que es la más problemática. «Dicen que es mortal, pero no es tanto como se comenta. Alguna vez puede haberlo sido por un shock anafiláctico. Lo que sí es cierto es que es muy dolorosa, sobre todo, para para niños, ancianos y personas con alergia a los venenos. Entonces puede dar problemas.

Explica que no es una medusa como el resto, sino una colonia de organismos que flotan con una especie de bolsa o flotador transparente relleno de gas, que le sirve para moverse con el viento. La parte sumergida está formada por una serie de largos tentáculos que pueden llegar a los 50 metros.

«Cuando la ves, lo mejor es salir del agua, porque al ser tan largos te pueden alcanzar aunque estén distantes», indica Valeiras, quien advierte que es más común en mitad del océano.

En su opinión, siempre las ha habido, pero ahora se sabe más de su existencia porque hay más información y la gente está más sensibilizada. «Es cierto que últimamente con el cambio climático se registran anomalías oceanográficas y en el clima que pueden influir, cambios de temperatura, y al flotar, los vientos las van empujando y las acercan a la costa. De todas formas, dice, una vez que varan están muertas. Sin embargo, los tentáculos pueden seguir picando un tiempo al permanecer activo el veneno, por lo que recomienda no tocarlas.

A pesar de ser más peligrosa, la parte positiva de la carabela portuguesa es que, como flota, se ve con más facilidad, aunque en alguna ocasión el flotador puede estar deshinchado.

De momento no es muy común encontrarlas en la ría de Vigo, si bien es cierto que en los último años se ha dejado ver más. La que sí es más frecuente es la chrysaora hysoscella, de color blanco amarillento con bandas radiales en tono marrón. Aparece con frecuencia en la costa durante la época estival y produce una picadura dolorosa. De hecho, una de las tareas más frecuentes de los equipos de salvamento de las playas es atender este tipo de picaduras.

Meses de invierno

Mucha gente comenta que antes las carabelas portuguesas no llegaban a las costas españolas. En realidad es que lo habitual era que llegaran en épocas de más frío. La novedad es que cada vez se divisan más en la temporada de baño, de ahí que sean mucho más visibles.

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